EL SECRETO DEL CONTENTAMIENTO BÍBLICO

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INTRODUCCIÓN

Uno de los más famoso cuento árabe que pertenece a los relatos de “Las mil y una noches”, y que Disney inmortalizó en una película animada es conocido cuento de “Aladino y la lámpara maravillosa”. En esta historia, que tanto a pequeños y grandes ha enganchado, se relata la historia de un joven pobre en el Medio Oriente que encuentra una lámpara mágica, al frotarla, todos sabemos lo que ocurrió, de ella salió un genio que estaba obligado a servir a la persona que tenía la lámpara. Con la ayuda de este genio, Aladino se convirtió en un hombre rico, poderoso y se casó con la bella princesa.
Sé que hay mucho más para contar en la historia de Aladino, pero quiero enfocarme en lo que todos llamamos un final feliz, esa idea de final feliz no solo en cuento de Aladino, sino también en nuestros días generalmente suele tener esos mismos elementos, ser rico, poderoso y casarse con la bella princesa.
De ahí que a muchos de nosotros, en forma de chiste, nos hayan preguntando en algún punto de nuestra vida, ¿qué pediría si tuvieras tres deseos?
Esta es una pregunta bastante interesante, si tuvieras la oportunidad de pedir cualquier cosa que quisieras y nadie te juzgara por eso, si ahora mismo tuvieras delante de ti la lámpara mágica y pudieras obtener cualquier cosa que desees, ¿qué pedirías?
Algunos ya se están escandalizando, y se preguntan qué le pasa al pastor, pero esta pregunta no está tan alejada de la manera en la que muchos creyentes ven a Dios. Tendemos a ver a Dios como aquel a quien tengo que obedecer para que me pueda dar todo lo que deseo. De hecho, uno de los textos bíblicos más sacados de contexto es el Salmo 37:4 “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.”
Tendemos a pensar que, Dios me dará todo lo que deseo si tan solo yo oro con suficiente pasión.
En estos días escuchaba a un mal llamado apóstol, uno de estos falsos profetas y lobos engañadores, que hablaba sobre cómo usar la guerra espiritual para llegar a los nuevos niveles financieros que el cielo tiene para el pueblo de Dios. Tanto la pregunta de los deseos de Aladino, como las enseñanzas de estos falsos maestros apelan al mismo punto, la avaricia que se encuentra en enraizada en el corazón del ser humano.
Todas estas historias de fantasía, o estos mensajes de prosperidad, lo que hacen es alimentar el deseo de poseer más, ganar más, tener más, y después de alimentarlo fantesear con la posibilidad de obtener todo aquello que queremos.
Es precisamente este deseo avaro el que el autor de Hebreos va a abordar en nuestro pasaje de hoy. Para quienes no han seguido la serie, nos encontramos en Hebreos 13:5-6, el capítulo 13 de Hebreos está lleno de aplicaciones prácticas que el autor comienza a enseñar después de haber explicado la supremacía de Cristo, su sacerdocio y el nuevo pacto, los cuales son recibidos por medio de la fe. Y es a la luz de esa fe y de esa confianza de que Cristo es mejor, y de que el Nuevo Pacto tiene mejores promesas, que el autor basa la parte práctica de su carta.
Por esta razón, no podemos desconectar estos imperativos de la carrera de la fe en la que estamos y de la que nos habala Hebreos 12. La razón para esto, es porque los cristianos vivimos en una lucha constante contra nuestro pecado, vivmos en una carrera cuesta arriba en contra de los deseos de nuestra carner. Hebreos 12:1 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,” .
En esta carrera, hay ciertas cosas que nos obstaculizan, que nos hacen correr más lento, que nos distraen, que no necesariamente son pecado, pero que tampoco convienen. Y por si fuera poco, además de las distracciones, tenemos el pecado que nos asedia, esto quiere decir que el pecado está al asecho sigilosamente esperando, de manera sutil para intentar llevarnos a la esclavitud de la que Cristo ya nos hizo libres. La manifestación del pecado en la vida del creyente puede ser de manera escandalosa en un pecado claramente visible, pero también de manera sutil e imperceptible. Una de estas maneras, es la avaricia y falta de contentamiento. Esto estos pecados son los que el autor de Hebreos va a abordar el día de hoy.
Así que te invito a que abras tu Biblia, y leas conmigo nuestro pasaje de hoy.
Oración
Lectura: Hebreos 13:1-6.

I. MIS DESEOS, MI RELACIÓN CON LO MATERIAL Y MI DIOS

Una de las cosas que vemos en este pasaje, es que la lucha del creyente contra el pecado debe ser evidente. Debe notarse que los cristianos estamos en la carrera de la fe de una manera visible, porque la carrera de la fe va en una dirección completamente opuesta a la dirección en la que este mundo corre.
Creo que el apóstol Pedro lo describió bastante bien en 1 Pedro 4:4 “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución...”.
Proverbios 1:15-16 “Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas, Porque sus pies corren hacia el mal, Y van presurosos a derramar sangre.”
Así también, muchos otros pasajes describen cómo la dirección en la que el mundo corre es opuesta a la dirección en la que va la carrera de la fe. Los hombres en este mundo corren desenfrenada y apresuradamente a satisfacer todo deseo que hay en sus corazones. Sus pies están a la orden del día para ir en pos de cada anhelo pecaminoso, cada deseo, cada intención del corazón. No importan cuán pecaminoca sea, la carrera que este mundo corre es en pos de expresar la maldad que hay en sus corazones.
Pero, no debe ser así en la vida del creyente. Debe ser evidente que corremos en una dirección completamente opuesta a la de este mundo. Este mundo corre y tiene un solo destino en mente, los pecadores corren para satisfacer su deseos. El creyente corre para resistir hasta llegar a la Ciudad Celestial.
El final de nuestra carrera no es satisfacer nuestro deseo, sino resistir en nuestra lucha contra el pecado creyendo que la mayor satisfacción se encuentra en la eternidad, en la Ciudad de Dios, que se nos describe en Hebreos 11:9-16.
De modo que ésta es una carrera que tiene como destino la Ciudad Celestial, y que nos recuerda que solo estamos de paso y que solo somos pergrinos en este mundo.
Ahora bien, todo esto es necesario tenerlo en cuenta, porque cuando nos preguntamos cómo se debe evidenciar esto en la vida del creyente, cuando nos preguntamos, ¿cuál es la evidencia de que el creyente está corriendo en una dirección opuesta a la del mundo? El autor de Hebreos responde con el capítulo 13 hablando de la manera en cómo nos relacionamos con otros.
Es aquí como vemos, que la superioridad de Cristo y del nuevo pacto producen en el creyente un estilo de vida superior también. Especialmente, en la manera en cómo nos relacionamos:
En primer lugar, con los demás. El amor, la hospitalidad, la sensibilidad que debemos mostrar a los de afuera, y a los que están sufriendo. El cristiano, a diferencia del mundo, debe mostrar amor y misericordia para con aquellos que están situación de necesidad (v.1-3).
En segundo lugar, en la manera en cómo nos relacionamos con aquella persona con la que tenemos mayor intimidad. El foco cambia en el siguiente versículo y dejamos de mirar hacia afuera y comenzamos a mirar hacia adentro del hogar. El cristiano muestra que corre en un dirección diferente al mundo porque vive el matrimonio de una manera diferente al mundo.
En tercer lugar, y ése será nuestro enfoque de hoy, vamos a una relación con nuestros deseos, nuestras posesiones y en última instancia, con Dios. En la mira ya no están los forasteros ni los oprimidos, ni tampoco está mi cónyuge, a quien miro ahora es a mi propio corazón y mi actitud hacia Dios.

II. UNA VIDA VERDADERAMENTE LIBRE

El versículo inicia diciendo “sean vuestras costumbres”, la Biblia de las Américas dice “sea vuestro carácter sin avaricia”. Creo que una buena manera de resumirlo sería, “sea vuestra manera de vivir...”, o “sea vuetras vida sin avaricia...”. Una vida libre de avaricia es lo que el creyente está llamado a vivir.
No sé si usted ha escuchado de esta nueva tendencia de escuelas de trading, que prometen enseñar a los jóvenes cómo operar en mercados financieros para que puedan enriquecerse rápidamente, sin esfuerzo y vivir con libertad. La libertad que ofrecen es la libertad de tener que estar trabajando 40 horas en un trabajo poco gratificante y que además paga poco. Para estas personas, el trabajo es sinónimo de opresión.
Muchos son los jóvenes, incluso menores de edad, que han dejado los estudios porque quieren tener una vida libre de deudas, libre y ser dueños de su propio tiempo, libres para ser su propio jefe, libres para viajar y disfrutar de la vida verdaderamente, y para lograr eso, se apuntan a academias de trading que les ofrecen riqueza rápida y una vida llena de lujos. Un reportaje reciente demostró que estas escuelas son más unas sectas que escuelas. A los jóvenes se les presiona para que vivan una vida llena de apariencias de lujo, de viajes, de coches costosos, de mansiones y un sinfín de excesos que solo demuestran la avaricia y el deseo de encontrar la felicidad en las posesiones materiales.
Uno de estos chicos llegó a alquilar un ferrari de lujo por un día para hacerse fotos y dar la apariencia de éxito que esta susodicha academia exige a quienes forman parte de ella.
De modo que, prometiéndoles libertad, lo que realmente los hizo fue esclavos de la avaricia.
La libertad a la que el creyente está llamado, no es una libertad financiera como el mundo la entiende, no es una libertad de nuestro tiempo como el mundo la entiende, no es la libertad de ser nuestro propio jefe como el mundo la entiende. Ojo, no estoy hablando de evangelio de la prosperidad, esto no es una secta religiosa, estoy hablando de una supuesta escuela de negocios que capta jóvenes en España y alrededor del mundo, y comienza a enseñarles que el estilo de vida tradicional de tener un trabajo digno, ganar lo suficiente como para vivir es malo, y que solo aquellos que tengan la valentía de emprender, de arriesgarse y de tomar el mando de su vida serán los exitosos que podrán pasar el resto de su vida viajando y disfrutando al máximo la vida.
Estas personas, de hecho, satanizan el trabajo, y aumentan el deseo de tener más con menor esfuerzo.
Pero la verdadera libertad no es ni financiera ni de tiempo, tampoco es una libertad de autoridad. El creyente no debe perseguir estas cosas, sino que por el contrario, la libertad a la que estamos llamados es a la libertad del pecado, en específico, según este psaje, libertad de la avaricia.
La libertad del deseo es a lo que estamos llamados. El mundo ve la libertad como la capacidad de satisfacer cualquier deseo sin restricciones, ésa es la libertad para el mundo. Pero la verdadera libertad, la libertad que ofrece la Biblia es la libertad del deseo pecaminoso mismo.
De modo que, el creyente no debe procurar con afán satisfacer sus propios deseos sino vivir libre de ellos. Hablo de los deseos pecaminosos, evidentemente. Si usted desea evangelizar a alguien, ese es un deseo bueno que debe perseguir. Hablamos de los deseos pecaminosos, de los deseos que me llevan a buscar la satisfacción en cualquier otro lugar que no sea Cristo. En otras palabras, el cristiano no vive para lograr el sueño americano, muchos ya no ven el sueño americano sino el sueño cristiano y vienen a Dios con el objetivo de satisfacer su avaricia en vez de ser librados de ella.
De modo que, el autor nos dice que a medida que corremos la carrera de la fe, debemos ser libres de la avaricia, y debemos ser libres para estar contentos. Amados, a veces no estamos conscientes de que se necesita más libertad para estar contentos con la situación en la que estamos, que para comprar algo. Libre no es aquel que tiene la capacidad de comprar lo que quiere o vivir donde quiere o hacer con su tiempo lo que quiere, libre es aquel que veraderamente tiene contentamiento en su vida cualquiera sea su situación, porque es libre de las circunstancias, y no esclavo de ellas.

III. ENTENDIENDO LA AVARICIA Y EL CONTENTAMIENTO

Ahora bien, si queremos vivir una vida libre de la avaricia, y una vida libre llena de contentamiento, debemos entender a qué se refieren estos dos conceptos que están estrechamente relacionados.
En primer lugar, la avaricia no significa conformismo. Los cristianos debemos ser sin avaricio y con contentamiento, que no se traduce en pasotismo y conformismo. Por el contrario, el cristiano debe estar lleno de ambiciones y deseos de mejorar su estatus en este mundo siempre que le sea posible.
El apóstol Pablo en 1 Corintios 7:20-22 “¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más.” Si Dios te llamó en cierta circunstancia, y puedes cambiarla, hazlo. No hay razón para estar sufriendo por gusto o para estar pasando austeridad por gusto. Es bíblico querer mejorar la situación y poder vivir de la manera más estable y cómoda posible.
El cristiano no está llamado a vivr una vida de pobreza 2 Tesalonicenses 3:10 “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.” Es decir, no debemos confundir un estilo de vida austero con la espiritualidad cristiana.
El cristiano puede tener ambiciones profesionales, deseos de superación profesional y personal, ser mejor y más productivo, tener una vida lo más cómoda y estable posible, proveer lo suficiente para su familia, e incluso querer disfrutar de las cosas buenas Dios nos ha dado en la creación, como paisajes hermosos en viajes a diferentes destinos. Esto no es pecado.
Esto no es avaricia.
Avaricia: La avaricia se puede definir rápidamente como el amor al dinero. El amor a las posesiones materiales. No es el dinero en sí, no son las posesiones materiales en sí, sino el amor a estas cosas. O bien podríamos decir, la adoración al dinero y a las posesiones.
Un sinónimo para esta palabra es la codicia. El cristiana debe ser libre de la codicia.
Es interesante que el autor justo después de hablar del matrimonio se refiere a la avaricia en relación a los bienes materiales. En la mentalidad hebrea estas cosas iban de la mano. Éste fue el mandamiento dado por Dios en la ley, Éxodo 20:17 “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.” La codicia está estrechamente relacionada con las relaciones sexuales, pero también con las posesiones materiales.
La avaricia, pues, es el amor descontrolado e interminable al dinero y las posesiones que domina la vida de una persona.
Cuando este deseo no puede ser satisfecho, entonces, lo que produce es una falta de contentamiento, lo que produce es frustración, queja, envidia e ira. El efecto que la avaricia o la codicia tienen en la vida del ser humano son desastrozos.
El tener que perseguir constantemente la satisfacción en el dinero y las posesiones nos lleva a una vida de ansiedad increíble. En 1929 durante la gran depresión muchos fueron los que se suicidaron al ver como se desplomaba la economía por la que habían trabajado incansablemente. Usted pensará que eso es cosa del pasado, 1929 fue hace mucho tiempo ya, pero no es así, en 2015 una nueva ola de suicidios aterrorizó a Wall Street al ver que ante la debacle económica el ser humano no tiene otra esperanza.
Las personas trabajan incansablemente para alcanzar un nivel de vida, que cuando se ve afectado, entonces deja sin esperanza al ser humano. Algunos incluso sacrifican a sus propias familias, dejan de pasar tiempo, dejan de participar en momentos importantes de la vida de familia, de sus hijos por acumular posesiones y mantener cierto nivel de vida.
La avaricia o codicia, entonces, es el amor interminable y descontrolado al dinero y las posesiones que domina la vida de una persona.
Pero el amor al que el creyente está llamado es primeramente a amar a Dios y a las personas, no al dinero. Aquello que amas será aquello a lo dedicarás tu vida. Por eso el Señor Jesucristo dijo que nadie puder servir a dos señores, en Lucas 16:13 “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
No podemos correr la carrera de la fe si nos domina el amor al dinero y las posesiones. Debemos ser libres del amor al dinero y las posesiones, debemos ser libres de la avaricia.
Ahora bien, como es habitual en la vida cristiana, no solo se nos manda a huir de algo sino a perseguir algo también. Cuando hablamos de despojarnos del peso que nos obstaculiza en la carrera y del pecado, se nos manda a poner la mirada en Jesús. Cuando se nos manda a despojarnos del viejo hombre, se nos manda a vestirnos del nuevo. Siempre hay algo mejor que perseguir en lugar del deseo pecaminoso, y en este caso no hay excepción.
El contentamiento: De modo que el creyente no solo debe ser libre de la avaricia o de la codicia, sino que al mismo tiempo debe procurar llenarse de contentamiento.
El contentamiento tiene que ver con la satisfacción y el gozo plenos en medio de cualquier situación. La mejor definición de contentamiento en mi opinión la ha dado el apóstol Pablo en Filipenses 4:10-13 “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Este es uno de los versículos más sacados de contextos en la cultura evangélica. Pablo no está enseñando que es un campeón que puede lograrlo todo, sino más bien, que es una persona atribulada y afligida pero contenta en Cristo.
Por eso el contentamiento está tan conectado con la codicia, porque cuando codiciamos algo y no lo obtenemos pecamos aún más al tener envidia, celos, ira, frustración, queja e incluso ingratitud. En vez de agradecer a Dios y a alabarlo por cómo sostiene mi vida, peco y soy ingrato, airado y frustrado demandando que Dios me de lo que deseo.
Pero no debe ser así en la vida del creyente. El cristiano debe aprender el contentamiento, porque el contentamiento nos permite aceptar la situación en la que estamos como proveniente de Dios, y eso nos da confianza.
Ahora bien, la codicia como hemos comentado no solo se aplica al dinero, aunque el autor de Hebreos la está aplicando tanto al deseo sexual como al dinero, podemos ver que en nuestros días también hay deseos que cuando no son satisfechos producen en nosotros falta de contentamiento. Amado hermano, por favor, no se sienta aludido, todos luchamos con esto de alguna u otra manera. Así que mencionaré algunas de las situaciones que tienen a producir en nosotros falta de contentamiento:
Una enfermedad crónica, bien sea propia o de algún familiar que nos impide tener una vida normal.
Un estado de salud quebrantado en general.
La infertilidad, que nos niega la posibilidad de tener hijos jamás.
La enfermedad de un hijo, que produce en nosotros una gran ansiedad.
Los problemas con la pareja que parecen ser interminables. Puede que nuestro cónyuge no haga lo que debe ser o no viva su vida de la manera que deba vivirla. Esto puede producir falta de contentamiento también.
La soltería. El ver como el tiempo pasa y seguimos solos.
Un trabajo que no satisface, o un trabajo que no es el soñado, que paga solo lo suficiente y que es agotador.
Una situación económica nacional que no nos permite vivir como nos gustaría.
Los problemas en general que se presentan de vez en cuando y se llevan los ahorros.
La falta de empleo.
La falta de oportunidades en general, por ejemplo: La oportunidad de aprender, de estudiar, la oportunidad de conducir. Hace poco hablaba con una persona muy cercana y me decía, me molesta que mi papá nunca me enseñara a conducir, porque ahora de mayor tengo que aprender y pagar dinero. La falta de oportunidad, o las oportunidades que nunca tuvimos también pueden producir falta de contentamiento.
A veces no nos damos cuenta de cuán descontestos estamos por estas situaciones, ahora bien, sé muchos de nosotros estamos en alguna de estas situaciones, y debemos hacer todo lo que podamos para mejorar esas situaciones. Solo porque estoy en un empleo que no es el soñado, no quiere decir que debo quedarme ahí, debo buscar otros empleos. Pero, déjame que te pregunte, ¿Qué pasará con tu vida si ese empleo soñado nunca llega? ¿Qué pasa si ese hijo nunca llega? ¿Qué pasa si la salud nunca mejora? ¿Qué pasa si en mi vida de pareja tendré que soportar siempre el pecado de mi conyuge? ¿Qué pasa si nunca conozco a alguien con quien pueda casarme? ¿Qué pasa si la situación económica en el país nunca mejora, y entonces, no puedo ni ahorrar?
¿Cómo respondo a eso? ¿Domina mi vida esa situación? ¿Vivo frustrado, quejumbroso, molesto con Dios por esa situación? ¿Vivo desgastándome por esa situación?
Quiero abrirle mi corazón, en mi caso lucho con el descontento por el ministerio. Muchos saben que el deseo de mi corazón es dedicarmen a tiempo completo al pastorado, ayer justo comentaba con un hermana con el que estamos rindiendo cuentas juntos cómo lucho con la falta de contentamiento por este tema. Muchas veces he sentido la frustración e incluso celos de ver otros pastores en España que tiene la oportunidad de servir al Señor a tiempo completo.
A veces me quejo de España, porque no es como Estados Unidos dónde las iglesias pagan a sus pastores.
Si se da cuenta, mi deseo no es malo en sí mismo. Desear servir al Señor a tiempo completo no es un deseo malo en absoluto, de hecho es un gran deseo, pero el problema no es aquello que deseo sino cómo reacciono cuando aquello que deseo no lo puedo obtener.
Hermanos, ¿qué pasa si el Señor tieme para mí el nunca dedicarme a su obra a tiempo completo? ¿Qué pasa si el Señor me ha llamado como pastor bivocacional por el resto de mi vida? ¿Cómo voy a reaccionar?
¿Cómo reaccionas tú ante la no satisfacción de tu deseo? El contentamiento nos lleva a aceptar las situaciones en las que estamos como soberanadamente diseñadas por Dios para nuestro bien y para su gloria. Pero la avaricia y la codicia jamás nos permitirán ver las situaciones con estos lentes.
La avaricia y la codicia nos llevará a querer satisfacer el deseo a cualquier precio. Sin importar lo que tenga que sacrificar.
Como hemos dicho, entonces, la avaricia es el amor al dinero, es ese amor descontrolado e interminable por el dinero que domina la vida de una persona. El contentamiento nos llevará a aceptar la situación presente.

IV. VIVIENDO CONTENTAMENTE

Llegado este punto, entonces, debemos deternos un momento y prepararnos para correr la carrera de la fe de manera que alcancemos el galardón como dice Pablo en 1 Corintios 9.
¿Cómo podemos vivir con contentamiento?
Aumenta tu confianza en el Señor y sus promesas (Hebreos 13:5b): Fíjense que la razón para estar contentos hoy es el hecho de que Dios ha prometido que no nos desamparará ni nos dejará. El recordar las promesas de Dios, el meditar en las cosas que Dios nos ha dado en la Biblia, el recordar quién es nuestro Dios y cómo Él ha sido fiel a través de los años, debe darnos confianza y contentamiento. Dios nos va a proveer de todo lo que necesitamos, ahora bien, esa provisión no necesariamente se va a ver cómo tu quieres que se vea, puede que Dios temporalmente te provea no por medio de un trabajo, sino por medio de la caridad de otros. Quizás no te guste, quizás no lo entiendas, pero si Dios te provee por medio de otros, Él tiene un propósito en ello. De nuevo, esto no significa que debemos ser conformistas o vividores, debemos ser diligentes y procurar una situación mejor, pero debemos confiar en Dios, recordar sus promesas y reconocer que Él es nuestro ayudador.
Aprender contentamiento (Filipenses 4:11): El contentamiento no es algo que viene automáticamente, de hecho, por defecto venimos con una falta de contentamiento de fábrica. Nacemos y ya estamos descontentos, lo primero que hacemos es llorar en vez de agradecer que hemos nacido. Lo primero que hacemos es quejarnos en vez de agradecer. El apóstol Pablo dijo en Filipenses 4:11 que ha aprendido a contentarse cualquiera que sea su situación. Si quiero tener contentamiento en cualquier situación, entonces debo ser bastante intencional. No sucederá de la noche a la mañana, sino que deberé aprender de manera intencional a tener contentamiento. Esto nos lleva al primer punto, para aprender contentamiento debo confiar más en Dios y sus promesas.
Tener una perspectiva correcta acerca de la vida (Lucas 12:15): Hablando acerca de la avaricia, el Señor Jesús enseñó a sus discipulos que la vida no se trata de acumular cosas. Lucas 12:15 “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” La vida no se trata de acumular posesiones en esta vida, sino por el contrario acumular tesoros en el cielo, que significa valorar mucho más la eternidad que las riquezas temporales de este mundo. Debo tener una perspectiva bíblica de la vida, cuál es el propósito de mi vida, para qué estoy corriendo.
Evalúa tus reacciones constamente (Santiago 4:2-3): ¿Usted quiere saber si está luchando con la falta de contentamiento? Preste atención a cómo reaccionamos cuando no tenemos lo que deseamos, ¿estoy dispuesto a pecar para conseguir aquello que quiere? Santiago 4:2-3 “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” Incluso cuando estás en momentos de angustia o estrés, ¿dónde buscas alivio? Algunas personas cuando pasan por momentos de ansiedad responden yéndose de compras, porque el comprar les da cierto sentido de satisfacción que les ayuda a lidiar con la ansiedad de la vida, somos compradores compulsivos para satisfacer el deseo que hay en nosotros.
Hablando de la oración, número 5.
Ore para que Dios le de contentamiento hoy (Hebreos 13:5a): El contentamiento es la aceptación de la situación presente sin importar lo que traiga el futuro. El contentamiento es para hoy, no para mañana. El contentamiento no pone su mirada en una mejora de las circunstancias presentes, sino en la eternidad. El versículo 15 dice contentos con lo que tenéis hoy. A veces oramos con afán para que Dios cambie la situación: “Dios dame trabajo, Dios dame salud, Dios dame una esposa, Dios dame un hijo, Dios dame la oportunidad de estudiar, Dios dame la nacionalidad española, Dios dame la oportunidad de dedicarme al ministerio a tiempo completo”. Y no digo que no se deba orar por eso, pero debemos orar con mayor afán para que Dios nos enseñe contentamiento con la situación actual, porque Dios la situación presente no ha cogido a Dios por sorpresa, Él la está permitiendo por alguna razón, oremos para que Dios nos enseñe contentamiento más que por un cambio de circunstancias.
Persigue la piedad y no las riquezas (1 Timoteo 6:6-10): “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.”
Hermanos, ¿cómo estamos viviendo en este mundo? ¿En qué dirección estamos corriendo? ¿Van nuestros pies apresuradamente a satisfacer cada deseo o corremos dirección opuesta a este mundo, libres de la avaricia y llenos de contentamiento sabiendo que nuestros Dios es nuestros ayudador?
Oremos.
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