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La VirgenMaria

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Notes & Transcripts

LA VIRGEN MARÍA

Una doctrina católica romana contras­tada con la enseñanza de la Biblia.

Prefacio:

Este tratado fue escrito originalmente en año 1949 en Torreón, Coah., México. Mi hermano en la fe, Pedro R. Rivas, un gran erudito, me ayudó en la compostura de él. Cuando se agotó la primera impresión, quedó fuera de circulación.

Ahora, después de 46 años, lo pone­mos en circulación de nuevo, y espero que sirva al lector sincero de información im­portante en su búsqueda de la verdad.

Bill H. Reeves

1995

Publicado por:

Braewick Press

8210 B Braewick

Houston, TX 777074

1. María, como está descrita en el
Nuevo Testamento

Las descripciones de María dadas en el Nuevo Testamento, se distinguen de la María de la Iglesia Católica Romana tanto como la realidad se distingue de la mitolo­gía, o como el Abraham verdadero difiere de los cuadros medievales que le represen­taron vestido como un rey, con un templo y su campanario en el fondo.

¿Cómo se presenta María en las Escri­turas? ¿Aceptaremos la evidencia de la Bi­blia, o el cuadro pintado por las teologías especulativas y la imaginación religiosa? Vamos al testimonio de las Sagradas Escri­turas.

La Revelación Divina ha escogido pa­sar por alto la historia del nacimiento y de la muerte de María, la madre de Jesús. Lo poco que de ella es registrado, se aprende en conexión con Cristo. Es llamada a veces “la madre de Jesús”, y Elisabet le llamó “la madre de mi Señor” y le llamó “bendita tú entre las mujeres.” Otros pasajes dicen “María tu mujer” y “muy favorecida.”

En las pocas escenas en que María tuvo parte en el ministerio de Cristo, ocupó la relación de cualquier otra madre a su hijo. En las bodas de Caná de Galilea, dijo Jesús a su madre, “¿Qué tengo contigo, mujer” (Juan 2:4), indicando así que su misión di­vina envolvió una obligación más alta que la de un hijo a su madre. Cuando fue avi­sado que su madre y sus hermanos estaban fuera, deseando hablarle, Cristo elevó las relaciones espirituales sobre las materiales, haciendo la pregunta: “¿Quién es mi ma­dre y quiénes son mis hermanos? Y exten­diendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos” (Ma­teo 12:46-49).

En otra ocasión una mujer dijo a Cris­to: “Bienaventurado el vientre que le tra­jo.” Cristo contestó, “Antes bienaventura­dos los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:27,28). ¿Podemos ne­gar que Cristo pusiera más énfasis en obe­decerle que en considerarle en su relación humana como hijo de María? Además, col­gado en la cruz, Cristo encargó a Juan que cuidara a su madre, diciendo: “Mujer, he ahí tu hijo”, y a Juan dice, “He ahí tu ma­dre” (Juan 19:26, 27).

De las narraciones del Evangelio no sabemos más que lo ya mencionado. Una sola vez en el resto del Nuevo Testamento encontramos su nombre, Hechos 1:14, “María la madre de Jesús.” Aunque no mencionada por su nombre, en Gálatas 4:4 se hace referencia de ella así: “Dios envió su Hijo, hecho de mujer.”

Si María fue digna de ser llamada “la madre de Dios”, es cosa extraña que ese título no fuera empleado por los apóstoles, o, si fue ella objeto digno de adoración, que los apóstoles, que hablaron tanto de la ado­ración y de la creación, no mencionaran nada acerca de la mediación de María ni de oraciones ofrecidas a ella. No hubo razón alguna por qué ellos omitieran los oficios que la Iglesia Romana ha aplicado a ella.

2. La María de la especulación y del romance

La mariolatría fue desarrollada defini­tivamente en el siglo cuarto. Su origen es oscuro. Los apóstoles no hicieron mención de ningún culto ofrecido a ella. Tampoco los autores “cristianos” que siguieron a los apóstoles, Clemente de Roma, Ignacio, Po­licarpo, y el autor de la Enseñanza de Los Doce, etcétera, dijeron nada acerca de la “hiperdulía” rendida a la llamada Virgen María. Sin embargo, la madre de Jesús fue transformada en “la madre de Dios”, y la criada del Señor en “La Reina de los cielos y la Abogada Todopoderosa de los peca­dores ante el trono de Dios.”

Algunos factores que constituyeron al desarrollo de esta doctrina son: 1) Los es­critores antiguos, como Jacinto Mártir e Ireneo, hicieron supuestas comparaciones entre la virgen Eva, la madre de todos los vivos, y la virgen María, la de todos los re­dimidos. Se reclamaba que por la obedien­cia de una virgen, fue anulada la desobe­diencia de una virgen fue anulada la des­obediencia de la otra. Tal enseñanza pre­senta una analogía bonita, pero en cuanto a ser enseñanza bíblica, no lo es. 2) Los “conversos” del paganismo, especialmente el diluvio de personas medio convertidas que entró en la Iglesia en los tiempos de Constantino (siglo 4), no dejaron entera­mente los nombres, los templos, y la ado­ración de divinidades femeninas. 3) La exaltación de María fue propagada aun más por los ascetas del desierto que, siendo célibes ellos mismos, fueron devotos ardientes de ella. 4) A estos factores debe ser añadida la estimación creciente de aquellos siglos puesta sobre la virginidad, cosa derivada, no de la dispensación mo­saica en la cual cada doncella anhelaba ser algún día la madre del Mesías, sino del as­cetismo mórbido del paganismo. La virgi­nidad adscrita a María engendró el trata­miento exagerado de la mujer en la caba­llería andante de la Edad Media; y la insti­tución de la caballería propagó la doctrina de la virginidad de María. La expresión, Nuestra Señora -notre dame--- representa esta devoción caballeresca. 5) Las discu­siones teológicas de los siglos IV y V, en favor de la divinidad y la persona de Cris­to, extendieron la virginidad de María aun más allá del nacimiento de Cristo, y exalta­ron los méritos de ella, para que fuera dig­na de ser la madre del glorioso Jesús. Escri­tores eclesiásticos formularon primeramen­te la doctrina de la virginidad perpetua, luego su libertad del pecado, y más tarde la concepción inmaculada. Todo esto fue enseñado por respeto a Cristo -propter honorem domini - como el Hijo de Dios, porque, como dijo Agustín, no se puede imaginar que Cristo tuviera una madre manchada de pecado. Entonces, bien po­demos interrogar, si María tuvo que ser concebida sin pecado y guardada de él, pa­ra ser la madre de Cristo, ¿por qué no en­señar que los padres de María nacieran igualmente, porque “no se puede imaginar que ‘La madre de Dios’ tuviera padres manchados de pecados verdaderos?” Y así, ad infinitum, pudiéramos seguir con tal lógica errónea: los padres de los padres, etc., de Cristo, todos nacieron sin pecado y fueron guardados para que no pecaran.

3. La María Del Catolicismo Romano Según el dogma romano:

María permanecía en una virginidad perpetua, era libre de transgresiones verdaderas y del pecado “original” es objeto justo de adoración su intercesión tiene efica­cia casi omnipotente se aparece en for­ma humana a los mortales y a las almas del “purgatorio.”

Dando consejo a las monjas en 1731, dijo Alfonso de Ligorio, “Orad siempre a la Madre María.” El amor de María, declaró él, es “la promesa segura del paraíso.” Cristo obedece sus mandatos y Dios escu­cha sus plegarias. Ella es la pacificadora entre Dios y el hombre. Es poderosa para salvar, y es la esperanza de los que están en el “purgatorio.” Cuando desciende al “purgatorio”, una hueste de ángeles le acompañan. Alfonso de Ligorio insistió en traducir falsamente Génesis 3:15, “ella te herirá en la cabeza”, en lugar de “ésta (la simiente de la mujer, o sea Cristo mismo) te herirá en la cabeza.” Así Alfonso robó de Cristo la prerrogativa de conquistar a Satanás, y la dio a María.

4. El Dogma de la Concepción
Inmaculada

La opinión de que María, desde su concepción, fue guardada del pecado, llegó a ser dogma de la Iglesia Romana, hecho por el papa Pío IX, el 3 de diciembre, 1854. En su carta encíclica que anuncio esta nue­va invención religiosa, el papa dijo: --- María es elevada ... y nuestra salvación está basada en la Virgen Santísima, ... así que si hubiera en nosotros esperanza, gra­cia, y salvación, tenemos que encontrarla solamente en ella.”

El Cardenal Gibbons declara que, aun­que este dogma no fue formulado hasta 1854, se halla implícito en las Escrituras y ha recibido virtualmente la aprobación pía de los fieles desde los días más antiguos de la iglesia.” Para decir que en las Escrituras se implica este dogma, se necesita una imaginación viva. La declaración de que este dogma ha sido recibido por “los fie­les” desde el principio es una representa­ción falsa de los hechos claros. Los “pa­dres de la iglesia” no dicen nada tocante a esta doctrina. Fue rechazada por Jerónimo y Agustín. Anselmo, el “padre de la Esco­lástica,” y Buenaventura, el “Doctor seráfi­co”, negaron que María viviese sin pecado. Aun Tomás Aquino rechazó esta doctrina.

Contra estos teólogos, estimados por la Iglesia Católica, el Cardenal Gibbons ha dicho que “la iglesia entera ha creído la doctrina, pero no hay testimonio para ella en las Escrituras.” Entonces, ¿por qué afir­mar lo que las Escrituras niegan? “Por cuanto todos pecaron,” declaran las Escri­turas (Romanos 3:23). El único exento es Cristo mismo -- “El cual no hizo pecado” (1 Pedro 2:22).

5. María como abogada y mediadora
celestial

En tiempos más recientes, María ha sido llamada por el Papa León XIII la reina inmaculada de los cielos y nuestra propi­ciadora para con Dios -inmaculata caelo­rum regina as conciliatrix apud Deum - y por el Catecismo de Pío X, nuestra aboga­da. Más oraciones se dirigen a ella que a Dios Padre. La eficacia de sus oraciones es declarada ser tan cierta por el Catecismo Tridentino que es cosa perversa dudarlo. Ella desvía la ira de Dios y consigue sus bendiciones tanto para esta vida mortal como para la venidera, según el catecismo.

Alfonso de Ligorio describió dos esca­leras que alguien había visto, una roja que conducía a Cristo, y la otra blanca a María. Los que subían la roja se cayeron al suelo; pero los que subían por la blanca llegaron con felicidad. Este autor de libros de de­voción recomendaba muchas veces tales peticiones como estas: “oh madre de Dios, en ti espero; tú tienes que salvarme que no

caiga en pecado; 0h Reina del paraíso, que te sientas más cerca a Dios, en ti he puesto toda mi esperanza; en tus manos pongo mi salvación.”

León XIII le alabó como “la vencedora gloriosa sobre todos los herejes.” Pío X terminó su bula pontificia famosa -- pas­cendi gregis -- con estas palabras: “Que la virgen inmaculada, la destructora de todas las herejías, esté con vosotros por las ora­ciones y el socorro de ella.”

Para el beneficio de los protestantes, la doctrina oficial declara que las oraciones no son dirigidas a María como si ella pu­diera de sí misma socorrer y ayudar, sino que son dirigidas a ella pidiendo su inter­cesión delante de Dios. Sea lo que sea la doctrina oficial, la práctica es otra cosa. “Nuestra salvación está en las manos de ella”, afirman autores romanos. Pero si es- to no fuera verdad, sino que ella sólo inter­cediera por los cristianos, aun eso sería una violación de la Palabra de Dios que nos en­seña que hay solamente “un mediador en­tre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5).

6. La Asunción de la María

La última fase en la exaltación de Ma­ría es la doctrina de la asunción del cuerpo de María, sin haber visto la corrupción, la cual es una opinión pía aceptada extensa­mente en la Iglesia Católica. Aunque no ha sido levantada hasta la dignidad de un dogma, una fiesta anual se celebra en honor de la asunción.

Buenaventura aceptó esa doctrina que se originó en el siglo cuarto o quinto. To­más Aquino la propagó, pero dijo que la Iglesia lo toleraba. Benedicto XIV pronun­ció la asunción de María ser una opinión pía y probable. León XIII no dejó duda de que la aceptó, hablando de la “Virgen Ma­ría arrebatada en los cielos.” En la ausencia de prueba bíblica, se presenta el argumento común de que “el cuerpo de la madre de Cristo y la esposa del Espíritu Santo no pudo permitirse ser presa de la vil corrupción.” Lo que Lutero dijo del papado, ha de ser dicho de la llamada asunción de María: Las Escritura no saben nada de ella.
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La Virgen María, según la presentación romana, es una ficción eclesiástica que ha crecido con los siglos hasta ser hecha un dogma de la Iglesia Católica por la decla­ración arbitraria de Pío IX, de que ella na­ció sin pecado y vivió así. La virtud casi omnipotente de ella es calculada para obs­curecer la obra de expiación de Cristo y la suficiencia plena de su intercesión a la diestra de Dios. Los pecadores no necesi­tan a María para alcanzar a Dios porque “abogado tenemos para con el Padre a Je­sucristo el justo” (1 Jn 2:1). En la imagi­nación y entendimiento popular de la gen­te de países bajo sujeción papal, María ocupa virtualmente el lugar de una diosa, y el resultado natural parece ser inevita­blemente que, por la clemencia graciosa asociada con la mujer y la maternidad, se­rían perdonados los hábitos malos que son condenados por las enseñanzas de Cristo. La maravilla es que sean hechas peticiones a otro mientras Cristo dice, “Venid a mí todos los que estáis trabajadlos y cargados, que yo os haré descansar.” (Mateo 11:28).

LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA
CATÓLICA, Y LA DE LA BIBLIA

Para hacer un contraste claro entre la verdad y el error, citaremos del libro, “Las Glorias de María”, por Alfonso de Ligorio, uno de los escritores más grandes de la Iglesia Católica. Este libro es aprobado por el Cardenal Gibbons, Arzobispo que fuera de Baltimore, Md., EE.UU. Inmediatamen­te en seguida de una cita de dicho libro se encontrará un pasaje de la palabra de Dios.

La Iglesia Católica mantiene que no amo­nesta que sea leída la Biblia por la gente común para que no se abuse de ella. El lec­tor puede juzgar quién ha abusado de la Biblia, los miembros de la Iglesia Católica, o sus doctores y líderes espirituales. Considérense las citas siguientes:

“Y ella es hecha verdaderamente una mediadora entre los pecadores y Dios.” “Los pecadores reciben perdón por María sola.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesu­cristo hombre.” (1 Timoteo 2:5).

“María es nuestra vida.” “María, al ob­tener esta gracia para los pecadores por su intercesión, así los restaura a la vida.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7:25).

“Se cae y se pierde él que no tiene re­curso a María.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, si­no por mí.” (Juan 14:6).

1. Es honrada más María que Cristo mismo

“Seremos atendidos más rápidamente ... si recurrimos a María e invocamos su santo nombre, que si invocáramos el nom­bre de Jesús nuestro Salvador.” (Las Glo­rias de María)

Respuesta bíblica:

“En el nombre de Jesucristo ... No hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 3:6; 4:12) “Sobre ... todo nombre.” (Efesios 1:21).

“-La santa iglesia manda que haya una adoración peculiar a María.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“El Padre tales adoradores busca que le adoran.” (Juan 4:23).

“Muchas cosas ... son pedidas de Dios y no son dadas; de María son pedidas y deben ser dadas” porque “ella ... es aun la Reina del Infierno, y la Soberana de los demonios.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Teniendo un gran Pontífice, Jesús el hijo de Dios ... lleguémonos pues confia­damente al trono de la gracia, para alcan­zar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:14-16).

2. María es la puerta a los cielos en lugar de Jesucristo

“María es llamada la puerta de los cie­los porque nadie puede entrar en ese Reino bendito sin pasar por ella.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Yo soy la puerta,” dice Cristo; “el que por mi entrare, será salvo.” (Juan 10:9).

“La vía de salvación no es abierta a nadie sino por María. Nuestra salvación está en las manos de María ... él que es protegido por María será salvo; él que no lo es, será perdido.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Yo soy el camino... nadie viene al Pa­dre, sino por mí.” “Y en ningún otro hay salud.” “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Juan 14:6; Hechos 4:12; Lucas 19:10).

 

4. A María ha sido dada la potestad que pertenece sólo a Cristo

“Toda potestad Te es dada en los cielos y en la tierra,” de manera que “mandados por María, todos obedecen, aun Dios ... y así que ... Dios ha puesto la iglesia comple­ta ... bajo el dominio de María.” (Las Glo­rias de María)

Respuesta bíblica:

“Jesús les habló, diciendo: Toda potes­tad me es dada en el cielo y en la tierra.” “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla.” “Para que en todo tenga el primado.” (Mateo 28:18; Filipenses 2:10; Colosenses 1:18).

“Oh la misericordia maravillosa de nuestro Dios que ... nos ha dado a su pro- pia madre ... para ser nuestra abogada.” Y ella “es también la abogada de toda la raza humana ... porque ella puede hacer lo que le guste con Dios.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Hijitos míos estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Pa­dre, a Jesucristo el justo; Y él es la propicia­ción por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. “ (1 Jn 2:1,2).

5. María es la pacificadora, en lugar de Cristo

“María es la pacificadora entre los pe­cadores y Dios.” María dice, “He sido ele­gida por el Señor para ser la pacificadora, entre los pecadores y Dios.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Porque él (Jesús) es nuestra paz”... “haciendo paz.” “Y por él reconciliar todas las cosas a sí, pacificando por la sangre de su cruz.” (Efesios 2:14,15; Colosenses 1:20).

“A menudo recibimos más pronto lo que pedimos por invocar el nombre de Maria, que por invocar el nombre de Je­sús,” porque “ella es nuestra Esperanza, nuestro Consejo nuestro Refugio, nuestro Socorro.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis.” “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si de­mandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (Juan 16:24;. 1 Jn 5:14).

3.    A María es dado el honor que sólo pertenece a Cristo

“María ... es ese trono de gracia al cual el apóstol Pablo, en su epístola a los He­breos, nos exhorta volar con confianza.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el hijo de Dios ... lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericor­dia, y hallar gracia para el oportuno soco­rro.” (Hebreos 4:14-16). Si la frase, “Jesús el hijo de Dios,” significa la virgen, María, entonces las palabras no sirven para nada.

“La Trinidad entera, oh María, te dio un nombre ... sobre todo nombre, que en tu nombre se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los en la tierra, y de los que debajo de la tierra.” (Las Glorias de María)

Respuesta bíblica:

“Por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo, y dio le un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra.” (Filipenses 2:9,10). Otra vez podemos ver cómo Al­fonso de Ligorio torció las Escrituras para propagar sus falsas doctrinas de la virgen María. Pablo dice distintamente que en el nombre de Jesús se dobla toda rodilla. Dice Alfonso que en el nombre de María ha de ser hecho. ¿A quién aceptamos? ¿al apóstol inspirado de Dios, o al hombre que torció las Escrituras “para perdición de sí mis­mo?” (2 Pedro 3:16).

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PUNTOS SUMARIOS

Desde la página primera de las Escri­turas, hasta la última, de Génesis hasta Apocalipsis, se nos enseña que sólo Dios es el objeto de nuestra adoración, y que Jesús es el único mediador. Escrito está: “Al Se­ñor tu Dios adorarás y a él solo servirás” (Mateo 4:10).

Los ángeles administraban a Jesús (ver. [[11|Bible:Mateo 4:11]]), pero él nunca pidió ayuda de ellos. Siempre sus oraciones fueron dirigidas al Padre. Nos ha enseñado a decir, “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9). Dice Cristo, “Y cuando oras ... ora a tu Pa­dre” (ver. 6). La oración de Esteban al ser muerto, no fue dirigida a María como si ella tuviera “en sus manos nuestra salva­ción,” sino que hizo petición al Señor Jesús, diciendo, “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59). Cuando Juan se inclinó a adorar a un ángel, se le mandó adorar so­lamente a Dios. Dijo el ángel: “Adora a Dios” (Apocalipsis 19:10; 22:9).

La adoración de María es una doctrina completamente falsa. Si María puede oír y contestar las peticiones de sus adoradores por todas partes de] mundo, entonces ella posee los atributos de Dios: la omnipoten­cia, la omnisciencia, y la omnipresencia di­vinas. Así se atribuye a la criatura las ca­racterísticas del Creador, y como conse­cuencia, no hay diferencia entre el Creador y la criatura. ¡Qué blasfemia! “Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo a las criaturas antes que al Criador” (Romanos 1:25).

Querido lector, Jesús te ama. El sólo ha derramado su sangre por ti para que tengas remisión de los pecados. Por él, y por ningún otro, puedes ser salvo. No te engañes; Dios no puede ser burlado (Gála­tas 6:7). No permitas que las invenciones de hombres supersticiosos y astutos te ro­ben la vida eterna, prometida en Cristo, quien es “la Vida” (Juan 14:6).

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Nota:

Cuando esta obra fue escrita en el año 1949, la llamada doctrina de La Asunción de la Virgen María no había llegado a ser dogma. Este sucedió en el año 1950. Cito del Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, “la proclamación del dogma de la Asun­ción de la Bienaventurada Virgen María por el Papa Pío XII en 1950 ...”

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Citas bíblicas de la antigua versión de Valera que precedía a la revisada de 1960.

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