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Discípulos, no admiradores

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No son los simpatizantes de Jesús los que van al cielo, sino sus discípulos.

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Introducción

Imagina que quieres concurrir a un evento público, un concierto, un evento deportivo, una exposición. El lugar está abarrotado de gente, las entradas se agotaron, pero alguien te ofrece una entrada extra que tiene y tú se la compras. ¡Qué decepción recibirías si al llegar a la puerta descubres que la entrada es falsa! “Disculpe, esta entrada no sirve”, son las palabras que no quisieras escuchar.
Te aseguro que la entrada a un concierto puede ser el menor de tus problemas.
Lo que te quiero asegurar es que “Disculpe, esta entrada no sirve” es lo que no quieres escuchar a la entrada del cielo.
Necesitamos asegurarnos de estar en el camino correcto, y eso tiene que ver con nuestro diario caminar con el Señor.

1. Una cuestión de fruto

Jesús enseña el Sermón del Monte, y lo culmina con unas enseñanzas muy reveladoras.
Mateo 7.15–20 RVR60
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.
Mateo 7.15–20 NVI
»Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán.
Los falsos profetas existen, y Jesús advierte en cuanto a ellos. Son como lobos cubiertos con pieles de ovejas. ¿Cómo distinguirlos? No es por su discurso sino por su resultado, por su fruto.
Así Jesús introduce la importancia del fruto en la vida de una persona. Es una buena medida a la hora de evaluar a los demás, ya sean pastores, maestros o líderes, pero también es una buena manera de evaluarse uno mismo.
Más que nada al considerar lo que el Señor sigue diciendo.

2. No alcanza con decir las palabras correctas

Mateo 7.21–23 RVR60
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
Mateo 7.21–23 NVI
»No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”
Estas palabras son muy importantes. Hay personas que llegan a pensar que si tienen las ideas correctas o si dicen las palabras correctas ya están bien, van al cielo. No es tan fácil.
No alcanza con “decir” Señor. La relación con el señorío de Jesús implica obediencia. Si le llamas “Señor” pero no estás viviendo bajo su autoridad, estás engañándote a ti mismo.
No es cuestión del despliegue de “apariencia de piedad” (profetizar, echar fuera demonios, hacer milagros en el nombre de Jesús, y fíjate que está hablando de manifestaciones poderosas y llamativas), sino que los que van al cielo son los que hacen la voluntad del Padre que está en los cielos.
No son los simpatizantes de Jesús sino sus discípulos los que van al cielo.
¿Lo quieres más claro?

3. Edifica bien tu casa espiritual.

Mateo 7.24–27 RVR60
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
Mateo 7.24–27 NVI
»Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa. Ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.»
¿Sobre qué estás edificando tu vida? Tú eres el edificador de la historia. ¿Edificas tu casa sobre la roca o en la arena? La tormenta vendrá, y entonces, ¿tu casa va a permanecer o a ser una ruina?
Para edificar la casa sobre la roca debes oír las palabras de Jesús y hacerlas, ponerlas en práctica.
¿Lo estás haciendo?
¿Estás viviendo en la voluntad de Dios o en la tuya?

Conclusión

Lucas 9.23–24 RVR60
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.
Lucas 9.23–24 NVI
Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará.
No te conformes con ser un simpatizante de Jesús. Comprométete a ser su discípulo y síguelo dondequiera que vaya. Obedécele y hónrale.
Da fruto de tu relación con el Señor.
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