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El desafío del fruto

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Debemos proponernos ser buena tierra en la que la Palabra de Dios de fruto abundante.

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Introducción:

¿Qué es lo más poderoso que existe?
Parece una de esas preguntas de la Escuela Bíblica de Vacaciones que tiene una de las pocas respuestas clave: Dios (o Jesús).
Conocemos cosas poderosas: un terremoto, el viento, el mar cuando está agitado. Podemos considerar que el sol es poderoso, o una bomba atómica. Los cristianos siempre estaremos de acuerdo que no existe poder comparable con el de Dios. Y tenemos pasajes bíblicos que lo confirman.
Lucas 1.37 RVR60
porque nada hay imposible para Dios.
Lucas 1.37 NVI
Porque para Dios no hay nada imposible.
Jeremías 32.27 RVR60
He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?
Jeremías 32.27 NVI
«Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí?
Entonces, antes la pregunta de “¿Qué es lo más poderoso que existe?” hacemos bien en responder que es Dios.
La grandeza y el poder de Dios son asombrosos. Superan ampliamente lo que somos capaces de percibir o siquiera imaginar. La propia Palabra nos confirma que no existen límites para lo que Dios puede hacer. Justamente uno de los atributos de Dios es que es “Omnipotente”, que lo puede todo.
Cuando David escribió el Salmo 8 se sentía abrumado por la grandeza de Dios, y entonces se preguntó:
Salmo 8.4 RVR60
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?
Salmo 8.4 NVI
me pregunto: «¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?»
Los científicos están cada vez más asombrados por el tamaño del universo, y nos hacen sentir cada vez más insignificantes en la comparación.
Video: “209 segundos...”
¿Te das cuenta de lo grande que es Dios? ¡Dios creó todo!
Recuerda:
Génesis 1.1–3 RVR60
En el principio creó Dios los cielos y la tierra.Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
Génesis 1.1–3 NVI
Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: «¡Que exista la luz!» Y la luz llegó a existir.
¿Podrá sorprender a Dios algo de lo que vivimos?
Siendo que nuestro Dios es así de grande, tendría que maravillarnos el hecho de que nosotros nos acercamos a Él, que tratamos con Él, ¡siendo que somos menos que polvo comparados con Él! Cuando oras, a ese Dios oras.
¿Puedes imaginar aquel momento de la creación, cuando en medio del infinito silencio se escuchó la voz de Dios diciendo “¡Sea la luz!”? Debe haber sido impresionante, realmente.
Ahora, al meditar en esta realidad, ¿considerarías que exista algo capaz de detener el poder de la Palabra de Dios?
Vuelve a pensarlo mientras meditamos en este pasaje:
Mateo 13.1–9 RVR60
Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.El que tiene oídos para oír, oiga.
Mateo 13.1–9 NVI
Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó junto al lago. Era tal la multitud que se reunió para verlo que él tuvo que subir a una barca donde se sentó mientras toda la gente estaba de pie en la orilla. Y les dijo en parábolas muchas cosas como éstas: Un sembrador salió a sembrar. Mientras iba esparciendo la semilla, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esa semilla brotó pronto porque la tierra no era profunda; pero cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y, por no tener raíz, se secaron. Otra parte de la semilla cayó entre espinos que, al crecer, la ahogaron. Pero las otras semillas cayeron en buen terreno, en el que se dio una cosecha que rindió treinta, sesenta y hasta cien veces más de lo que se había sembrado. El que tenga oídos, que oiga.»
Considera también este pasaje:
Isaías 55.10–11 RVR60
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
Isaías 55.10–11 NVI
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.
Dios, siendo tan grande y poderoso, tomó la decisión de que los seres humanos fuéramos libres, que pudiéramos decidir por nosotros mismos, que tuviéramos libre albedrío.
Es por eso que no nos impone su Palabra, sino que nos la revela y nos permite decidir qué hacer con ella. Todos los días nos exponemos a la Palabra de Dios: la leemos, la escuchamos, viene a nuestra memoria, aparece en nuestras conversaciones.
¿Qué resultado está dejando la Palabra en tu vida? ¿Está dejando algún resultado?
¿Qué puede impedir que la Palabra de fruto en tu vida?
Consideremos la interpretación de la parábola de Jesús:
Mateo 13.18–23 RVR60
Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Mateo 13.18–23 NVI
»Escuchen lo que significa la parábola del sembrador: Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón. Ésta es la semilla sembrada junto al camino. El que recibió la semilla que cayó en terreno pedregoso es el que oye la palabra e inmediatamente la recibe con alegría; pero como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella. El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que ésta no llega a dar fruto. Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Éste sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al ciento por uno.

El camino - El maligno

El enemigo espiritual de nuestras almas puede arrebatar la Palabra y lograr que quede infructífera, pero no lo puede hacer sin nuestro consentimiento. Eso sucede cuando nuestro corazón se endurece y queda “como junto al camino”. Jesús aclara que esto sucede en especial “cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende”.
¿Entiendes ahora la importancia que tiene la meditación en la Palabra? Necesitas recibirla, pensar en ella, analizarla, profundizar en su significado, ¡llegar a entenderla! ¡No te conformes con leer sin dejar que la Palabra revolucione tu corazón por su significado!

Pedregales - Problemas o persecución

La Palabra te va a producir problemas. No es algo que piensas con frecuencia, ¿verdad? Lo que sucede es que cuando comprendes la Palabra de Dios y la aplicas a tu vida, se va a generar una reacción opuesta de parte del mundo y el ambiente espiritual contrario, y pueden surgir las dificultades.
Jesús describe la situación de esta persona como alguien que entiende lo que Dios le dice y que al principio eso le llena de alegría. Pero luego, cuando la aplicación de la Palabra le provoca dificultades, se desanima, se deja atropellar por el mundo, y abandona el cumplimiento de la Palabra.
Atesora a Palabra y aférrate a ella, aunque al cumplirla y obedecerla encuentres oposición. Dios está para defenderte y lo hará, y tienes que confiar. Allí es donde entra en juego tu fe. Pero sigue adelante a pesar de la oposición.
El desafío consiste en “quitar las piedras” de la vida, esas que podrían ser nuestros ídolos, que importarían tanto como para desobedecer a Dios con tal de no perderlas. ¿Qué piedras hay en tu vida? ¿Quieres dejar que el Espíritu Santo te las muestre?

Espinos - Preocupaciones o ambiciones

¿Podría que ser que nuestras preocupaciones impidieran un fruto abundante de la Palabra? Es lo que dice la enseñanza de Jesús. Considera en cuantas ocasiones se nos enseña en la Palabra que debemos desprendernos de las preocupaciones. No nos hacen bien, nos enferman, nos pueden desviar de la voluntad de Dios. La preocupación puede venir representando nuestra cuota de desconfianza en la provisión, el cuidado, la gracia o la fidelidad de Dios.
¿Y las ambiciones? ¿Te das cuenta de que Jesús está enseñando que las riquezas (o el afán por ellas) nos podrían engañar? No solamente nos podrían engañar sino que podrían constituirse en un tropiezo para que la Palabra de fruto abundante en nuestras vidas. Si la Palabra te enseña que no mientas y tú consideras que perderías dinero por decir la verdad, te podrías sentir tentado a hacer la Palabra a un lado con tal de no perder. Y en ese caso, no estarías demostrando confianza en la Palabra.

Conclusión: Sé buena tierra

El desafío que nos presenta el Maestro es bien claro: seamos buena tierra. Seamos aquellos que son alcanzados por la poderosísima Palabra de Dios y somos revolucionados por ella, confiando en Dios por encima de todo, pase lo que pase cuando obedezcamos.
Haz como los amigos de Daniel, que confiaron en Dios y se expusieron a ser lanzados al horno de fuego, dando fruto abundante de la Palabra.
Confía. Dios sabe lo que está haciendo.
Ablanda el terreno junto al camino, quita las piedras y arranca los espinos.
Sé buena tierra.
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