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Sermón sin título (12)

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Después pasa Calvino a hablarnos de los concilios y su autoridad. Él dice que reverencia los concilios antiguos. Pero la palabra es suficiente para probar su doctrina y destruir al papado, pero es necesario los concilios antiguos pueden hacer ambas cosas.
Cristo está en medio de aquellos que se reúnen en su nombre, pero los que no tienen cuenta la palabra de Dios no están congregados en el nombre Cristo. Por lo tanto, Cristo no esta en medio de aquellos que inventan nuevas doctrinas.
Ojalá todos guardasen el orden que san Agustín propone en el libro tercero contra Maximino. Para cerrar la boca a este hereje que argumentaba con decretos de concilios, le dice: “Ni yo para perjudicarte debo argüirle con el concilio de Nicea, ni tú a mí con el de Rímini. Ni yo estoy sujeto a la autoridad de éste, ni tú a la del otro, Que el asunto se dispute con conocimiento de causa, mediante razones y por la autoridad de la Escritura, común a ambas partes.”1 Entonces los concilios tendrían la majestad que deben tener; la Escritura ocuparía el lugar supremo, que debe ocupar; y nada habría que no se sometiese a esta regla.
Cada concilio de ser examinado con la palabra de Dios para determinar si tiene autoridad o no, ya que los hombres se equivocan. Calvino nos cuenta que la iglesia católica abandono este principio e hizo un montón de leyes extra bíblicas y muchas ceremonias con las cuales pusieron una carga pesada sobre el pueblo.
Pero en estas observancias se ha de evitar siempre que se crean necesarias para la salvación, y de esta manera se obligue a las conciencias a guardarlas; que se haga consistir en ellas el culto divino, como si fueran la verdadera religión.
En la iglesia se pueden hacer leyes, pero se debe aclarar que no son necesarias para la salvación sino solo para que haya orden y honestidad.
Con honestidad se refiere cosas como se ore de rodillas y descubiertos; que no se administren los sacramentos del Señor con irreverencia sino con dignidad.
Para Calvino el orden era simplemente que hubiera horas establecidas para los servicios de oración, santa cena y predicación de la palabra, que se canten salmos y que las mujeres no prediquen. Que haya disciplina, ayunos, excomunión.
Calvino sigue insistiendo en la necesidad de que en la iglesia haya un orden espiritual, este orden debe ser diferente al orden civil. Él dice que la iglesia necesita orden y gobernantes, así como una ciudad los necesita para preservar el orden.
Cristo le dio a la iglesia el poder de las llaves en Mateo 16, 19. Este poder es la predicación del evangelio, el poder no reside en el hombre sino en la palabra. Este poder es para perdonar y retener pecados, pero también es para disciplinar a los impenitentes. Esta autoridad de disciplinar residía en varios ancianos.
El poder civil y el poder eclesiástico deben estar divididos, cada uno tiene una función distinta. Calvino nos cuenta como los sacerdotes católicos dejaron la predicación de la palabra por dedicarse al poder civil. Calvino muestra con la palabra que eso es incorrecto, también, como es su costumbre, hecha mano de testimonios de la iglesia antigua para probar su punto.
Aunque no se deben mezclar los poderes si es deber de los reyes y príncipes piadosos mantener la religión con leyes, edictos y juicios. Además, según las palabras de Calvino, los gobernantes si pueden mandar ciertas cosas a los pastores.
Calvino sigue insistiendo en la necesidad de una disciplina eclesiástica para que la iglesia funcione bien, existe la disciplina común a la que todos deben estar sujetos y existe la disciplina del clero. La disciplina común incluye primeramente admoniciones privadas, después amonestaciones publicas y si no hay arrepentimiento viene la excomunión.
El propósito de la disciplina es triple: 1) que los que viven impíamente no sean contados entre los santos para no traer vergüenza a Cristo, para no profanar la santa cena al dársela a impíos 2) para que los santos no lleguen a ser impíos al estar en contacto con los malos 3) para traer arrepentimiento a los pecadores. Nadie esta exento de la disciplina, pero esta disciplina deber ser con amor y misericordia.
Después pasa a hablarnos del ayuno, existen tres propósitos del ayuno 1) para domina y someter la carne 2) para estar en mejor condición para orar y meditar e cosas santas 3) para humillarnos delante del Señor. El ayuno debe ser publico y privado. En este ayuno se deben observar ciertas reglas 1) es un ayuno del corazón 2) no es meritorio 3) tampoco es digno de alabanza.
Después pasa a hablarnos y a refutar la doctrina del celibato, dice que es contraía a la escritura y a la doctrina de la iglesia antigua.
Después pasa a hablarnos de los votos, hay votos legítimos y votos ilegítimos. Para determinar cuales son legítimos y cuales no debemos tomar en cuenta a quien se hace el voto, quienes somos los que lo hacemos y cual es el fin del voto.
V. Sus sacramentos
Después pasa Calvino a hablarnos de los sacramentos dice que un sacramento es una señal externa con la que el Señor sella en nuestra conciencia las promesas de su buena voluntad para con nosotros, a fin de sostener las flaquezas de nuestra fe, y de que atestigüemos por nuestra parte, delante de Él, de los ángeles y de los hombres, la piedad y reverencia que le profesamos. Nos dice que nuca hay un sacramento sin que lo preceda la palabra, la palabra unida a la señal hace un sacramento. Prosigue diciéndonos que los sacramentos confirman y sellan las promesas de Dios, así la uso Pablo al referirse al sacramento de la circuncisión de Abram. Nos dice que los sacramentos son textos que tienen como función confirmarnos la palabra y las promesas.
EL sacramento en si no es nada, pero fortalecen nuestra por el poder del Espíritu Santo. Son eficaces cuando Dios actúa en ellos. Aduce que no son simplemente un signo simbólico. Pero dice tampoco debemos ir tan lejos y decir que confieren justificación y gracia como hacen los sofistas. Se debe distinguir entre el sacramento y la realidad sacramental. Calvino nos dice Jesucristo es la materia o sustancia de los sacramentos, ya que están fundados sobre él. Concluye diciendo que los sacramentos tienen la misma función de la palabra, a saber, ofrecernos y presentarnos a Jesucristo y, en él los tesoros de su gracia celestial.
Nos dice que el término sacramento cubre por lo general todas las señales que Dios ha establecido y dado a los hombres para que estén seguros de la verdad de sus promesas.
Nos dice que los sacramentos de los judíos tenían el mismo fin que los nuestros, a saber, dirigir y conducir hace Cristo.
Nosotros tenemos solamente dos sacramentos, el bautismo y la santa cena. El bautismo nos da testimonio de que somos purificados y lavados, y la cena, de que somos rescatados. El agua representa la purificación y la sangre satisfacción. Estos sacramentos ofrecen un testimonio mas claro y evidente, son mas elevados y mejores en poder, que los del AT.
Ahora pasa a hablarnos de cada sacramento en particular. Nos dice que el bautismo es la marca de nuestra pertenencia al cristianismo y la señal mediante la cual somos recibidos en la asamblea de la iglesia. Y el insiste en que el bautismo nos lo dio Dios para para servir a nuestra fe en él y, después para servir a nuestra confesión ante los hombres.
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