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Dios envió a su Hijo: para justificarnos

Dios envió a su Hijo  •  Sermon  •  Submitted
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1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu

1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu

¿Cuales son los beneficios que obtenemos de nuestra unión con Cristo?

NO MÁS CONDENACIÓN

En el versículo 1 encontramos el primer beneficio que obtenemos de nuestra unión con Cristo: somos libres de condenación.
En los versículos 24 y 25 del capítulo anterior, el apóstol levanta un clamor pidiendo libertad cuando dice ‘¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?’ para después de agradecer a Dios por Jesús, proceder al reconocimiento de que el pecado sigue presente en él. Pareciera una nota triste, pues sin santidad nadie verá al Señor (). Todo aquel que peca es culpable delante de Dios. Cada uno de nosotros nace en condenación, es decir, siendo culpable delante de Dios. Pablo concluye e capitulo 7 reconociendo su pecaminosidad y, por tanto, su culpabilidad.
¿Culpable de qué? De rebelión contra Dios. El pecado es transgresión de la ley de Dios y, por tanto, rebelión contra él. Escuchen como lo expresa el
¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas.” (, RVR60)
Todo hombre se ha levantando en guerra contra Dios, rebelándose a Su señorío. Despreciamos su autoridad, control y presencia. Las gentes se amotinan contra Jehová y su Ungido. Es una rebelión contra Dios y contra Cristo. En esta rebelión las gentes pretenden romper las ligaduras y las cuerdas de Dios. Ellos no soportan la ley de Dios, la ven como una camisa de fuerza que los priva de hacer su propia voluntad. Les es molesto tener que servir a Dios y obedecer Su Ley, así que confabulan para quitarlo del trono. Esto es una rebelión cósmica de la que todo hombre participa.
Sin embargo Dios no dejará sin castigo a los que se amotinan.
Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás.” (, RVR60)
Levantado a Su Hijo como Rey y Juez le promete que le dará todo el mundo como su heredad. Además le promete el poder y la autoridad para acabar con sus enemigos. Las palabras son duras y contundentes: los quebrantarás… los desmenuzarás.
Por naturaleza nacemos como transgresores a la ley de Dios y culpables de rebelión ante Él. Es por eso que merecemos una sentencia condenatoria y el castigo de la misma.
Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (, RVR60)
por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” (, RVR60)
por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” (, RVR60)
Porque la paga del pecado es muerte (, RVR60)
Horrenda cosa es estar bajo condena divina. Si nos aterra la sola idea de ser declarados culpables delante de algún tribunal humano ¡cuanto más debería aterrarnos ser declarados culpables delante del tribunal del Dios eterno! Con Él no hay sobornos ni injusticia. Dios no dará por inocente al culpable, y nuestro pecado nos hace culpables y dignos de condenación eterna.
Pero que hermosas palabras son las de Pablo en el verso 1: Ahora pues ninguna -habéis oído bien, hermanos- ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús ¡Ninguna condenación! Siendo culpables en nosotros mismos, somos completamente libres toda culpa en Jesús. La sentencia que nos había sido dictada con un enorme ‘CULPABLE’ ha sido removida porque Dios nos mira en Jesús y dice ‘NO, él es perdonado y libre de todo cargo’. ¿Por qué Dios nos perdona y nos libra de la condena? Porque estamos en Cristo. Es en virtud de nuestra unión con Cristo que somos libres de condenación. Veamos como lo expresa el mismo Pablo en

13Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él,b perdonándoos todos los pecados, 14anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,c

Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz
Había una libreta de actas donde estaban registrados todos y cada uno de nuestros pecados, no faltaba ni el más pequeño, el acta rebosaba de todas nuestras malas obras. Pecado tras pecado la lista aumentaba la condena que merecemos, pero Dios tomó tú acta y la mía, y juntamente con Cristo la clavó en la cruz. Esa acta que nos condenaba ya no existe para los que estamos en Cristo Jesús ¡Somos libres de condenación! ¡Gloria sea al Dios que nos perdonó!
Hermano, cuando Satanás susurra a tu oído y te dice ‘eres culpable, serás condenado’, recuerda estás palabras: ‘ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús’ y las que Pablo también expresará en el verso 33 ‘¿quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que los justifica’
¿Significa esto que, como ya no hay condenación podemos pecar sin preocuparnos? En ninguna manera. Veamos como describe el Apóstol a los que han sido libertados de condenación: ‘son los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu’. No se ganaron el perdón por andar en el Espíritu, sino que el ser libres de condenación los mueve y capacita para andar en el Espíritu, es decir, en santidad.
Lo que nos lleva al segundo beneficio que recibimos de nuestra unión con Cristo: somos libres del pecado y de la muerte

LIBRES DE LA LEY DEL PECADO Y LA MUERTE

Normalmente cuando pensamos en que Dios nos ha libertado pensamos en el INFIERNO. Muchos, de hecho, se acercan a Dios solo por miedo al infierno (lo cual no es necesariamente malo, pero no debe ser la motivación principal). En épocas pasadas el tenor de la predicación era meramente una salvación del infierno. Sin embargo, muchas veces se olvida hacer énfasis en que, antes de la libertad del infierno, la libertad que recibimos en Jesús es libertad del PECADO. Entender esto nos ayudará a luchar con mayor vehemencia contra el pecado que nos asedia.
Pablo llama al poder del pecado ‘LA LEY DEL PECADO’. Lo llama así porque, en la persona no regenerada, el pecado tiene tal influencia y poder que tal persona no puede hacer otra cosa más que pecar. Esto es lo que en la teología reformada llamamos la depravación total del hombre o la corrupción radical del hombre. Esta doctrina enseña que, el hombre desde su caída queda incapacitado para hacer el bien, todas sus obras -sus pensamientos, palabra y acciones- han sido manchadas por el pecado, de tal manera que es incapaz de hacer aquello que agrade a Dios, ni siquiera por un instante.
Veamos algunos textos que enseñan esto:
Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.” (, RVR60)
Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.” (, RVR60)
Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.” (, RVR60)
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¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (, RVR60)
El hombre por naturaleza es esclavo del pecado. El pecado que mora en él se enseñorea de su vida, de tal manera que todo lo que hace es lo que el pecado le dicta: pecar. Pero cuando somos unidos a Cristo por la fe, el Espíritu Santo rompe las cadenas del pecado en nuestras vidas. El Espíritu Santo quita del trono de nuestras vidas al pecado y pone a Jesús nuestro Señor.
El Cristiano no solamente es puesto en una nueva situación legal delante de Dios al ser declarado sin culpa, sino que también es puesto en una nueva situación forense, pues ha paso de muerte a vida, por lo que ahora puede apartarse del pecado que antes lo gobernaba.
Amados, entender esto nos ayudará en la lucha contra el pecado que nos asedia. Muchas veces, cuando pecamos nos vemos aun como esclavos del pecado y pensamos ‘¿que puedo hacer, solo soy un pobre pecador?’, negándonos así a luchar contra el pecado. Pero en vez de pensar así deberíamos pensar, soy libre del poder del pecado, puedo vencer este pecado en Cristo Jesús. No importa que tan poderoso parezca en tu vida el pecado con el que luchas, pero recuerda esto, fuere cual fuere, en Cristo ha sido vencido y puedes vencer. Lucha contra tu pecado, hermano, que Cristo te ha liberado de él.
Ahora bien, siendo libres del pecado, en consecuencia somos libres de la muerte:
La muerte ESPIRITUAL es revertida y ahora tenemos
La muerte FÍSICA es vencida, porque aunque muramos, viviremos eternamente con Cristo y,
La muerte ETERNA (que es el infierno) es eliminada porque ahora somo del reino de los cielos.
Qué enormes beneficios tenemos en Jesús, somos libres de condenación y libres de la ley del pecado y de la muerte. Ahora nos preguntaremos ¿cómo es que somos libres de la condenación, de la muerte y del pecado?

¿cómo es que somos libres de la condenación, de la muerte y del pecado?

JUSTIFICADOS EN JESÚS

El cristiano tiene seguridad de ser libre de la condenación y libre de la ley del pecado y de la muerte. Sin embargo él no tiene esta seguridad por sí mismo. De hecho, todo lo que encuentra en sí mismo lo aleja de dicha libertad. Pablo dice que para la ley era imposible darnos salvación, no porque la ley sea mala, sino porque nosotros somos débiles e incapaces de cumplir. Por la ley es imposible que el hombre pueda alcanzar libertad de la condenación, por el contrario, su culpa aumenta. Por la ley es imposible que el hombre sea libertado del pecado y de la muerte.
Entonces ¿cómo es que el creyente tiene tal seguridad de libertad? Por lo que Dios ha hecho por él. Dice el apóstol que lo que era imposible para la ley -darnos salvación y libertad- ‘Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu’
Lo primero que es de resaltar, nosotros eramos débiles para cumplir la ley así que Dios envió a su Hijo. El Padre eterno envió a su unigénito Hijo, ¿y quién es este Hijo? La segunda persona de la trinidad. Aquél que fue enviado por Dios es Dios mismo. Aunque es imposible que alcancemos a entender el glorioso misterio de la Trinidad (Un solo Dios que subsiste en tres personas), sabemos que el Hijo es Dios junto con el Padre y con Espíritu Santo. Es igual en gloria y majestad que el Padre, no es menos Dios que él. Dios envió a su Hijo. Pero no lo envió en semejanza suya, revestido de toda su gloria y majestad sino que lo envío en semejanza de carne de pecado, es decir, como verdadero hombre. Que humillante para Dios hacerse igual a los hombres. Qué humillante para el Creador hacerse semejante a la criatura. Qué humillante para el Eterno someterse al tiempo ¡Qué humillación! Y así fue como Dios envió a su Hijo, en una condición humillante y para ser humillado.
Ahora bien, está frase -en semejanza de carne de pecado - no quiere decir que Jesús haya nacido con una naturaleza pecaminosa. y nos enseñan que Jesús se hizo semejante a nosotros pero sin pecado. Entonces, cuando Pablo dice en este verso que Dios envió a su Hijo en semejanza de carne sin pecado no está diciendo que Jesús tuvo pecado en su naturaleza humana, sino que está haciendo referencia a que Jesús se identificó con el pecador.
Lo segundo que es de resaltar es que es en la carne de Cristo donde el pecado es condenado. Cristo Jesús tomó sobre sus carne nuestros pecados. Nuestra vida de pecado le fue imputada. Nuestro pecado fue sobre él, ‘Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros’ (). Nuestra condena fue sobre él. ¿Por qué somos libres de condenación? Porque Cristo pago la condena por nosotros. Tomó nuestro pecado, lo cargó sobre sus hombros y sufrió el castigo por ellos. Somos justificados por la muerte de Cristo.
Lo tercero que quiero resaltar es que también la justicia de Cristo nos es imputada a nosotros. Dice Pablo que Dios envió a su Hijo para condenar el pecado en la carne, ‘para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros’. Es decir, que aquello que no podíamos hacer por nuestra debilidad en la carne -cumplir la ley- Cristo, en la carne lo ha hecho por nosotros. Él nunca pecó. En su acta de pecados no se encuentra ni uno solo, porque en ningún solo instante de su vida transgredió la ley de Dios. Una acta completamente limpia. La acta de Jesús dice ‘CUMPLIÓ PERFECTAMENTE LA LEY’.
Y, así como nuestro pecados fueron imputados a Cristo, así también, por la fe su justicia -es decir, su perfecta vida de obediencia- nos es imputada a nosotros. En Cristo Jesús tu acta dice que la ley ha sido cumplida y el pecado y la muerte ya no se enseñorean sobre ti. ¿Cómo es que somos libres del pecado y de la muerte? porque la vida de perfecta justicia de Jesús nos es imputada por el Padre por medio de su Espíritu, de tal manera que la vida de Cristo es nuestra. Somos justificados por la vida de Jesús.

Conclusión

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