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10 El Espíritu Santo En la Convicción y Conversion

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Notes & Transcripts

El Espíritu Santo En la Convicción

y Conversión

 

Toda conversión a Cristo que ha ocurrido desde el comienzo de la iglesia del Señor, en el primer Pentecostés después de Su resurrección de la muerte, hasta esta hora actual ha sido empezada, llevada a cabo, y consumada como un resultado de la operación del Espíritu Santo sobre el corazón del pecador.  Hay un acuerdo casi universal entre los estudiantes de la Biblia sobre este punto.  Este tratado, por tanto, no se ocupa a sí mismo con el hecho de la operación del Espíritu Santo en este campo, sino más bien con la manera de su operación.

La superstición y el misticismo han cubierto nuestro tema con incertidumbre y confusión hasta el punto de hacerlo incomprensible para la mente promedio.  Muchos suponen que la enseñanza de la Biblia relativa a este tema es confusa, recóndita, y ambigua.  Tal no es el caso.  La enseñanza Bíblica sobre el tema es exactamente tan clara como lo es en cualquier otro tema que esté relacionado con la salvación del alma.  El problema es que los hombres se han empeñado en hacer misterioso y difícil eso que es lúcido y fácil.  Ninguna dificultad será encontrada por cualquier estudiante en la determinación de la verdad sobre el tema si está deseando dejar que la palabra de Dios hable y escuchar y aceptar lo que ella dice.

 

La Proposición Declarada

Alguien ha dicho, «Una proposición bien declarada es medio argumento.»  Esto es particularmente verdad en el trato con la obra del Espíritu Santo en cualquier campo.  El lector guarda en mente constantemente un hecho ya declarado; es decir, que nuestro estudio tiene que ver, no con el hecho de la operación del Espíritu Santo en la convicción y conversión, sino con la manera de su operación.  La pregunta es:  ¿En la convicción y conversión del pecador a Cristo, cómo ejercita el Espíritu Santo su influencia sobre el corazón?  ¿Opera directa o indirectamente?  ¿Opera inmediatamente (sin medios) o intermediatamente (a través de medios)?  La Biblia enseña que, en la convicción y conversión del pecador a Cristo, el Espíritu Santo opera sobre el corazón del pecador a través de la agencia del Espíritu-revelado y el Espíritu-inspirado de la Palabra de Dios-a través de la agencia de la Verdad Divina, en consecuencia, que la operación del Espíritu Santo en este campo es indirecta e intermedia.  Para el establecimiento, desarrollo y aplicación de esta proposición, este tratado está reverentemente dedicado.  Nuestro llamado por la prueba, será la palabra de Dios así revelada en la Biblia - el Antiguo y Nuevo Testamento.

 

La Práctica y Dogma Denominacional

La práctica y dogma denominacional grandemente ha obscurecido la verdad con respecto a la manera de la operación del Espíritu Santo en la convicción y conversión.  La teoría Calvinista de la «depravación total heredada» ha sido la ocasión de mucha de la falsa doctrina y práctica en este campo.  Es argumentado que:  «En la conversión y santificación hay una influencia del Espíritu en adición a eso de la Palabra, y distinta a eso—una influencia, sin la cual los argumentos y motivos del evangelio nunca convertirían y santificarían a uno de la arruinada raza de Adán.» .... «¿Por qué, entonces, será preguntado, es necesario que haya una influencia del Espíritu, en adición a eso de la Palabra, y distinto a ella?  La necesidad surge simplemente de la depravación del corazón humano.» .... «los hombres son pecadores - profundamente depravados.  En consecuencia, la necesidad de la especial influencia divina, en adición a, y distinta a la palabra» (N. L. Rice en el Debate Campbell-Rice, Pág. 628,630).  «....el hombre es tan depravado que no es capaz sin el directo poder habilitador del Espíritu Santo para obedecer al evangelio del Hijo de Dios» (J.B. Moody, Misionero Bautista, en el Debate en Nashville).  «Nuestros primeros Padres por este pecado, cayeron de su justicia original y comunión con Dios, y nosotros en ellos, por lo cual la muerte vino sobre todos; todos volviéndose muertos en el Pecado, y completamente manchados, en todas las facultades, y partes del alma, y cuerpo....Desde esta corrupción original, por tanto estamos completamente indispuestos, incapacitados, y hechos opuestos a todo lo bueno, y completamente inclinados a todo lo malo, obramos todas las actuales transgresiones» (London Confession-Baptist, Cap. VI, Parte 2,4).  «Yo, por nacimiento natural, entonces soy demasiado malvado para vivir, demasiado pecador para morir, y demasiado vil para encontrarme con Dios.....La Depravación Total Heredada significa que el hombre en su misma entereza es malo.  El heredó esta naturaleza de Adán a través de la raza humana - Rom. 5:12.  Consecuentemente, él es entera e inherentemente concebido en maldad.  Quiero decir categóricamente que el hombre es malo, en mente, cuerpo y espíritu.  Sí, un pecador por naturaleza .... Delante de Dios, yo por naturaleza soy depravado y sucio.  Lo mejor nuestro es odioso y ofensivo para la nariz de El hasta que la vida es cambiada por una nueva naturaleza que es impartida.»  (Albert Garner, Missionary Baptist, in The Royal Birth A Life of Liberty, Pág. 8-9).

La doctrina de la depravación total heredada es una creación de la sabiduría falible de los teólogos, porque no está enseñada en ninguna parte en la Biblia.  Cada pasaje de la Escritura usado por tales maestros para sostener la doctrina es torturada y pervertida.  Un niño nace en un mundo desordenado, un mundo de tentación y pecado.  Sin embargo, en su esencia natural, es tan inocente como lo fue Adán cuando cayó de la mano formativa de Dios.  Todo niño hereda de Adán una naturaleza carnal caracterizada por la misma fortaleza y debilidad que caracterizó su naturaleza carnal.  Adán y Eva, sobre la base de la información suplida en el Registro Divino, pecaron en su primera tentación.  Cualquier cosa que hizo que la primera pareja pecara de esta manera es eso en la naturaleza humana que hace que los hombres estén dispuestos a pecar hoy día.  Adán no fue creado con una «naturaleza depravada.»  Dios pronunció al hombre como una creación «buena» (Gén. 1:31).  Desde que el pecado de Adán y Eva no procedió de una naturaleza totalmente depravada, ¿por qué debiera ser pensado que los pecados de los hombres proceden de los tales?  Jesús reconoció el hecho de la naturaleza incorruptible y la inocencia práctica del hombre ante la «verdadera transgresión» cuando dijo a Sus discípulos, «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios» (Luc. 18:16).

En vista de que el pecador no es hereditariamente totalmente depravado, no existe verdadera base para el concepto de la operación directa, inmediata y milagrosa del Espíritu Santo sobre el corazón del pecador en la convicción y conversión.  Algunos han dicho, «La necesidad es la madre de la invención.»  La necesidad, creada por la falsa teoría de la depravación total heredada, dio al nacimiento por igual el falso concepto de la operación directa e inmediata del Espíritu Santo sobre el corazón del pecador en la convicción y conversión.  Tampoco es verdad, en consecuencia que todos caen conjuntamente.

 

El Espíritu Santo Opera a Través de la Verdad Divina

El período del Antiguo Testamento.  En el período regulado por el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo ejerció su influencia sobre los hombres al hacerlos volver de Satanás y el pecado a Dios y la justicia a través de las palabras de los inspirados de Dios.  Lo tal, es claramente declarado con referencia a David - «El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua» (2 Sam. 23:2).  El escritor Hebreo en los tiempos del Nuevo Testamento atribuye la declaración hecha por David (Salmos 95:7-10) al Espíritu Santo - «Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:  Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto.....» (Heb. 3:7-11).  Pedro, el apóstol de Cristo, dijo: «Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús» (Hch. 1:16).  Nehemías, el profeta de la historia del Antiguo Testamento, dijo:  «Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas....» (Nehemías 9:30).  Pedro, además testificó con respecto a los profetas del Antiguo Testamento, diciendo:  «Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.  Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos» (1 Ped. 1:9-11).  «Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Ped. 1:21).  Estos pasajes serán suficientes para probar que Dios, en el período del Antiguo Testamento, ejercitó Su influencia sobre los hombres por medio del Espíritu Santo a través de las palabras de los profetas inspirados.

En el período del Nuevo Testamento.  Las Escrituras acertadamente muestran que Dios ejerce su influencia salvadora sobre los hombres en el período del Nuevo Testamento, por medio del Espíritu Santo a través de las palabras de los apóstoles y profetas inspirados.  Note unas pocas declaraciones generales de este hecho:  «Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a los santos apóstoles y profetas por el Espíritu» (Efe. 3:1-5).  Juan, escribiendo a las siete iglesias en Asia, dijo:  «El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias» (Apoc. 3:6).  Sin embargo, aquellas cosas que Juan escribió eran las cosas que él «ha visto, y las que son, y las que han de ser después de estas» (Apoc. 1:19).  Juan escribió, pero esto fue el Espíritu Santo hablando.  Pedro dijo que él y los otros «....predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo....» (1 Ped. 1:12), y Pablo enseñó que «el evangelio es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree...» (Rom. 1:16).  Ciertamente, estos pasajes indican que la influencia salvadora de Dios fue ejercitada sobre los hombres a través del Espíritu Santo por medio de las palabras del Espíritu que guió a los apóstoles y profetas del período del Nuevo Testamento.

 

La Palabra y el Espíritu

Además corroborativo de esta verdad está el hecho de que en el Nuevo Testamento, cualquier cosa que es atribuida al Espíritu Santo en la convicción y conversión del pecador es también atribuida a la palabra de Dios, al evangelio de Cristo.  Basados en este hecho, lo cual será demostrado con las Escrituras apropiadas, está el siguiente argumento:

(1) Premisa Mayor:  Todas las veces que el resultado de una dada acción es atribuida a una persona y a un instrumento, es evidente que la acción fue ejecutada por la persona con, o a través de, el instrumento.

(2) Premisa Menor:  Todas las veces que es dicho lo que el Espíritu Santo hace relativo a la convicción y conversión de los pecadores, esto es también atribuido a la palabra de Dios, el evangelio de Cristo.

(3) Conclusión:  Por tanto, en la convicción y conversión de los pecadores, el Espíritu Santo ejercita su influencia con, a través de, por medio de la palabra de Dios, el evangelio de Cristo.

El argumento de arriba es conocido como un silogismo.  Hay únicamente tres formas en que un silogismo puede ser exitosamente derribado.     (1) Si la premisa mayor puede ser demostrada que es falsa, el silogismo no prueba nada.  (2) Si la premisa menor puede ser demostrada que es falsa, el silogismo no prueba nada.  (3) Si puede ser demostrado que la conclusión no es lógicamente deducible de la premisa, el silogismo es inservible.

La premisa mayor de nuestro silogismo es incuestionablemente cierta, en efecto, como se declaró, es evidente.  Unas pocas ilustraciones simples servirán para establecer este hecho.  Si es dicho, «Juan cortó el árbol de manzanas,» y «el hacha cortó el árbol de manzanas,» la conclusión inescapable es que Juan cortó el árbol de manzanas con el hacha.  O, si afirmamos que María Smith mató la serpiente y que el azadón mató la serpiente, la conclusión inescapable es que María Smith mató la serpiente con el azadón.

La premisa menor de nuestro silogismo es abundantemente sostenida por la palabra de Dios.  El diagrama a continuación será suficiente para establecer este hecho.

En la columna de la izquierda, bajo la palabra, «ESPIRITU» son encontradas las Escrituras que atribuyen la «ACCION», que es encontrada en la columna de la mitad, al Espíritu Santo.  En la columna de la derecha, y directamente en línea paralela al asunto en las otras dos columnas, es encontrada la misma «ACCION» atribuida a la «Palabra de Dios.»  Retamos al lector a encontrar alguna acción relativa a la convicción y conversión de los pecadores que este, en la palabra de Dios, atribuida al Espíritu Santo que no esté también, por la Palabra de Dios, atribuida a la palabra de Dios.

Habiendo establecido nuestra premisa mayor y menor, un novato con lógica puede ver que nuestra conclusión es imparcial y lógicamente deducible de eso.  En las palabras de otro, «Si no, ¿por qué no?»

 

Un Ejemplo Inspirado

La verdad expresada en el argumento y pasajes de la Escritura citadas es confirmado por un ejemplo inspirado de la operación del Espíritu Santo sobre los corazones de los pecadores en su convicción y conversión.

Antes de Jesús dejar el mundo, prometió a sus apóstoles (Sus embajadores,- 2 Cor. 5:18-20) el Espíritu Santo para guiarlos a toda la verdad y para darles poder para obrar milagros por los cuales la verdad de esta manera revelada sería confirmada como la voluntad del Cielo.  «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Juan 14:26).  «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad....» (Juan 16:13).  «Y estas señales seguirán a los que creen:  En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán....y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían» (Marcos 16:17-18,20).   

Los apóstoles fueron instruidos por el Señor a esperar por la venida del Espíritu Santo antes de que empezaran a predicar en el nombre de Jesús.  «Y les dijo:  Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.  Y vosotros sois testigos de estas cosas.  He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto» (Luc. 24:46-49).  «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hech. 1:8).

Los apóstoles, después de la resurrección de Jesús y Su subsecuente ascensión a la gloria, esperaron en Jerusalén por la promesa de la venida del Espíritu Santo y del poder.  «Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios» (Luc. 24:53).  En Pentecostés, siguiendo a la ascensión de Jesús, el Espíritu Santo vino como se prometió, invistiendo a los apóstoles con «poder desde lo alto.»  «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.  Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen» (Hech. 2:1-4).

La mayoría de las personas se maravillaron en cuanto a esta manifestación del poder Divino, pero ciertos irreverentes se burlaban diciendo:  «Están llenos de mosto» (Hech. 2:5-13).  Pedro se colocó en pie y adecuadamente defendió a los apóstoles contra esta acusación (Hech. 2:14-21).  Luego, procedió a predicar el primer sermón del evangelio jamás predicado bajo la gran comisión y el primer arrepentimiento y perdón de los pecados fue predicado en el nombre de Jesucristo (Hech. 2:22-40).

Jesús previamente había prometido que cuando el Espíritu Santo viniera «convencería al mundo de pecado» (Juan 16:8).  El Espíritu Santo vino acorde a la promesa.  Pedro, inspirado por el Espíritu, predicó a Jesucristo como el Hijo de Dios, crucificado, muerto, sepultado, resucitado nuevamente, que ascendió, que fue glorificado y coronado, concluyendo con la declaración, «Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo» (Hech. 2:36).

Ahora, observe los resultados del sermón:  «Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:  Varones hermanos, ¿qué haremos?» (Hech. 2:37).  Ser «compungido» de corazón es estar convencido de pecado.  Precisamente, ¿cómo fue llevado a cabo esto?  Note lo que el registro dice, «Al oír esto.»  ¿Cuándo oyeron qué?  Cuando oyeron las palabras inspiradas del Espíritu del Apóstol Pedro, por supuesto.  En consecuencia, Lucas, el historiador inspirado, atribuye la convicción de estas personas a la palabra de Dios hablada por el apóstol inspirado, pero Jesús había dicho que el Espíritu «convencería al mundo de pecado.»  Concluimos, por tanto, que el Espíritu Santo convenció a los pecadores en el día de Pentecostés a través de la instrumentalidad de la palabra de Dios.

La consumación de este asunto fue lo que Pedro dijo a estos hombres ansiosos e inquiridores,  quienes creyeron confiadamente en que habían crucificado al Señor de la Gloria, «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hech. 2:38).  El registro luego nos informa que, «Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas, « y que ellos «alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo.  Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos» (Hech. 2:41,47).  Aquí está un ejemplo inspirado de la convicción y conversión de los pecadores.  Los hombres escucharon el evangelio de Jesucristo.  Por medio del evangelio ellos fueron convencidos de sus pecados y hechos creyentes en Jesucristo como el Hijo de Dios.  En obediencia al mandamiento del evangelio, se arrepintieron de sus pecados y fueron bautizados para el perdón de los pecados.  Al hacerlo así, fueron salvos de sus pecados y fueron, por el Señor, añadidos a la iglesia.  A la luz de este caso de convicción y conversión del Nuevo Testamento, somos forzados a la conclusión de que el Espíritu Santo ejercita su influencia en este campo a través de la palabra de Dios.

 

Objeciones a la Teoría de la Operación Directa

No sabemos de una mejor forma de hacer valer la verdad previamente enseñada en este tratado que la de exponer algunas objeciones Bíblicas muy válidas a la teoría de la operación directa del Espíritu Santo en la convicción y conversión del pecador.

(1) Esta es contraria a la doctrina Bíblica de la responsabilidad humana en el asunto de la salvación, convicción y conversión.  La Biblia enseña que el hombre va a ser tenido responsable y juzgado por las obras hechas en el cuerpo, que el estándar del juicio será la palabra de Dios, y que su destino eterno será determinado de tal modo (Juan 12:28; Rom. 14:12;- 2 Cor. 5:10;- Apoc. 20:12).  La teoría de la operación directa condiciona la fe, obediencia y consecuente salvación del hombre a un acto de Dios (la implantación de una nueva naturaleza por una operación directa, inmediata del Espíritu Santo) antes que a las «obras» del hombre.  De esta manera hace a Dios responsable por toda alma perdida que será desterrada eternamente en el juicio.

(2) La ausencia de cualquier evidencia de que un sólo gentil jamás ha sido salvo, nacido de nuevo, hecho Cristiano, a quien el evangelio de Cristo nunca le ha sido predicado.  Cuando, en los tiempos del Antiguo Testamento, Dios deseó traer a los Gentiles Ninivitas al arrepentimiento, les envió un predicador, Jonás, quien les predicó la palabra de Dios y se volvieron de la maldad, de esta manera llevando a cabo su salvación de la destrucción (Mat. 12:41).  Los proponentes de la teoría de la operación directa  enseñan que los bebés, muriendo en la infancia, son regenerados y preparados para el cielo por una operación directa del Espíritu Santo.  ¿Dios no tiene mucho interés en un gentil no regenerado como lo tiene en un bebé nacido para los padres creyentes, o en un bebé nacido en una región donde el evangelio es desconocido? (2 Ped. 3:9;- 1 Tim. 2:3-4).  Si es así, ¿por qué los gentiles jamás han sido regenerados aparte de oír el evangelio de Cristo?

(3) La influencia Espiritual directa nunca ha cambiado el carácter del hombre.  Hay numerosos ejemplos de la operación directa del Espíritu Santo sobre los hombres en la Biblia, pero nunca tal operación directa y milagrosa, cambió el carácter del individuo.  En Egipto Faraón soñó un sueño que era de Dios (Gén. 41), pero él no cambió su carácter.  Balaam profetizó bajo el impulso del Espíritu de Dios (Núm. 24:2), pero esto no cambió su carácter.  El amó el premio de la maldad (2 Ped. 2:15) y le enseñó a Israel a pecar (Núm. 31:16; Apoc. 2:14).  El Espíritu del Señor hizo que el rey Saúl profetizara, pero él continuó buscando la vida de David, el ungido de Dios (1 Sam. 19:18-24).  Reto al lector a que encuentre un sólo ejemplo Bíblico del carácter de un hombre siendo cambiado por una operación directa del Espíritu Santo.

(4) El poder directo de Dios es irresistible (Núm. 22-24;- 1 Sam. 19:18-24).  No hay ejemplo Bíblico en el que un hombre jamás exitosamente resistiera al poder directo de Dios, o al Espíritu Santo.  Si el hombre pudiera exitosamente resistir el poder directo de Dios, sería más poderoso que Dios.  Si, por tanto, el Espíritu Santo operó directamente en la convicción y conversión de toda persona en quien operó sería un «nuevo nacimiento.»  En vista de que Dios no hace acepción de personas (Hch. 10:34), el Espíritu Santo operará sobre el corazón de todo pecador y habrá una salvación universal.  Pero Jesús enseñó que no habrá salvación universal (Mat. 25:46).  En consecuencia, la teoría de la operación directa es falsa.

(5) Si la teoría de la operación directa es cierta, el Diablo es más poderoso que Dios.  Todos los seres racionales actúan por motivos.  El Diablo sedujo a los primeros padres del hombre por medio de colocar ante ellos un motivo para pecar.  Ellos fueron por este motivo inducidos a pecar, de esta manera separándosen a sí mismos de Dios.  Si Dios no puede colocar ante el hombre los motivos para hacer Su voluntad y de esta manera inclinar al hombre a la justicia y traerlo de regreso al pacto de relación con él mismo, el Diablo es más poderoso que Dios.  Además, si la teoría de la operación directa es verdad, el error es más poderoso que la verdad.  Adán y Eva escucharon la mentira de Satanás, la creyeron, la obedecieron, y se perdieron.  Si el pecador no puede escuchar la verdad de Dios, creerla, obedecerla, y ser salvo, entonces la mentira es más poderosa que la verdad.  Jesús dijo, «Y conoceréis la verdad, y las verdad os hará libres» (Juan 8:32).

(6) La teoría de la operación directa niega la auto-suficiencia de la palabra de Dios.  La Biblia enseña que la palabra de Dios tiene el poder para salvar (Rom. 1:16;- 1 Cor. 1:18; Sant. 1:21), reconciliar (2 Cor. 5:18-20), dar vida (Juan 6:63; Sal. 119:50,93), convertir (Sal. 19:7), limpiar el alma (Juan 15:3; Hch. 15:9; Rom. 10:17), es la semilla de la nueva vida en Cristo (1 Ped. 1:22-25;- 1 Cor. 4:15; Sant. 1:18), santifica (Juan 17:17), y condenará o justificará en el último día (Juan 12:48).  La teoría de la operación directa antagoniza cada uno de estos pasajes y muchos más como ellos.  Esta es, por tanto, falsa.

 

Conclusión

Dios ama al pecador (Juan 3:16).  Envió a Su Hijo a morir como sacrificio por el pecado del hombre (Juan 3:16; Rom. 5:8;- 1 Juan 4:10).  Cristo murió por nuestros pecados, derramando Su sangre para que el hombre pudiera ser justificado (Rom. 3:25-26).  Después de Su resurrección, ascensión, y coronación, Cristo envió al Espíritu Santo para consumar la obra de redención por medio de guiar a los apóstoles a toda la verdad y capacitarlos para obrar milagros por los cuales la palabra fue confirmada (Juan 14:26; 16:7-13; Marcos 16:15-20).  Los pecadores, oyendo el evangelio, creyendo, arrepintiéndosen, y siendo bautizados fueron salvos de sus pecados y añadidos a la iglesia (Hch. 2:22-47).  Ninguna persona en la dispensación apostólica jamás ha recibido una operación directa del Espíritu Santo para hacerlo cristiano, hijo de Dios.  Si los hombres hoy día creyeran el mismo evangelio como lo hicieron los hombres en los días del Nuevo Testamento, se arrepintieran de sus pecados, y se bautizaran en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados como lo hicieron los hombres en la dispensación apostólica, obtendrían los mismos beneficios.  Serían salvos de sus pecados y añadidos por el Señor a la iglesia.  Viviendo fielmente en el servicio de Cristo, serían coronados con la vida y ese mundo eterno (Apoc. 2:10).  El necio es ciertamente el que espera por alguna operación misteriosa, milagrosa, del Espíritu Santo, «mejor sentirlo que decirlo» (lo cual no está mandado por Dios y de lo cual no hay ejemplo Bíblico) y pasa por alto la obediencia al evangelio del Hijo de Dios (2 Tes. 1:6-10).

(El material en este tratado ha sido recogido de muchas fuentes.  Ningún reclamo de originalidad es hecho por su autor, excepto por la originalidad del modo de expresión en el tratado.  Sería imposible dar crédito a toda fuente de la cual, la ayuda ha sido recibida.  Especial reconocimiento es debido por la ayuda recibida de Sound Doctrine, Vol. IV por C.R. Nichol y R.L. Whiteside).

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