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LA COMPASIÓN DEL SEÑOR JESÚS

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39. LA COMPASIÓN DEL SEÑOR JESÚS

«Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas, porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» ().
El pueblo en ese tiempo estaba sumido en la más profunda ignorancia con respecto a la religión verdadera; los que debían enseñarle eran ineptos que se contentaban con abrumarle con ceremonias y supersticiones, y no sólo no tenían amor para los pobres sino que los menospreciaban. El Señor «tuvo compasión» de ellos; y nosotros, ¿qué haremos? Santiago nos dice: «Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados».

1. Compasión es el movimiento del alma que nos hace sensibles al mal que padece alguna persona: es una combinación de tristeza, simpatía, y amor. Es más que lástima. Lástima es una conmiseración hacia lo inferior; compasión es simpatía hacia la humanidad. Personifiquemos la Lástima y la Compasión. Lástima oye el grito desesperado, «¡un hombre ha caído en el mar!» y se reclina sobre la baranda del barco, asustada, sin hacer ningún esfuerzo para salvar al que se está hundiendo. Compasión se quita el saco y se lanza dentro del mar para salvar al hombre que se está ahogando. Lástima ve a un borracho brutal ultrajando a una mujer indefensa y siente tristeza sin decir nada; Compasión coge al ebrio del cuello y lo entrega a la policía. Lástima dice al necesitado: «Id en paz, calentaos y hartaos;» Compasión da de comer al que tiene hambre, da de beber al sediento, recoge al extranjero, cubre al desnudo, visita al enfermo y al prisionero. Lástima canta con entusiasmo: «yo quiero cada día trabajar … en la viña del Señor». Esto hace mientras está en el templo, pero fuera de él es otra cosa. Compasión va en pos de los perdidos y les habla del amor de Dios, y se remonta en alas de fe y esperanza hasta el trono de la gracia de Dios orando por ellos para que salgan de las tinieblas y vengan a la luz resplandeciente de Cristo Jesús. Lástima se conmueve superficialmente, Compasión es la simpatía profunda de un alma que comprende cuál es la «anchura y la largura y la profundidad y la altura», del amor de Dios, y conoce «el amor de Cristo que sobrepuja a todo entendimiento».

a) En el Antiguo Testamento la palabra compasión se menciona con mucha frecuencia. En leemos que la hija de Faraón tuvo compasión del niño Moisés.

b) David en su aflicción dijo a sus siervos: «Viviendo aun el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quien sabe si Dios tendrá compasión de mí, por manera que viva el niño?»

c) Job, describiendo su miseria a sus amigos, dijo: «Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mi; porque la mano de Jehová me ha tocado» (). En , dice el v. : «con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová». El capitán de la nave cuando halló a Jonás durmiendo, le dijo: «¿Qué tienes dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos» (). Y en el Nuevo Testamento las páginas están perfumadas con la palabra compasión expresada verbalmente y en acción.

2. La compasión era lo dinámico del ministerio del Señor Jesucristo: enseñaba, predicaba y sanaba …

a) Enseñaba con autoridad y no como los escribas: en el sermón del monte tenemos al Maestro por excelencia.

b) Predicaba en Nazaret, diciendo: «El espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados; para predicar el año agradable del Señor».

c) Sanaba a los cojos, a los sordos, a los ciegos, a los paralíticos, los leprosos eran limpiados, los muertos eran resucitados: tenía compasión de las multitudes hambrientas y con dos peces y cinco panes alimentó a cinco mil personas. Tuvo compasión de la ingrata Jerusalén y lloró sobre ella. Tenía compasión de las almas esparcidas como ovejas sin pastor. La compasión fue la fortaleza de Cristo en el Getsemaní. Su sudor era como gotas de sangre. Y la compasión a las almas lo sostuvo para ir a la cruz. La compasión fue su sostén en la cruz. Tuvo compasión aun de sus enemigos y oró por ellos.

3. El mundo necesitado de compasión: el mundo en los días de Jesucristo no estaba sin lugares de reuniones religiosas. En Jerusalén había 460 sinagogas, pero no había compasión. Había también directores religiosos, los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés (). En esos días las gentes no estaban sin tradiciones: había en ese tiempo 614 mandamientos y tradiciones. Cuando el doctor de la ley hizo la pregunta al Señor: «¿Cuál es el más grande mandamiento en la ley?» no se refería a los diez mandamientos, sino a los 614.

4. La compasión es el manantial de la empresa misionera: «A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos». En la actualidad hay millones de gentes sumidas en el paganismo y en la superstición, lejos del camino que conduce al Cielo; sin Dios y sin esperanza; descarriados como ovejas sin pastor; hundidos en el fango del pecado. Y qué pocos en verdad son los obreros. La compasión es indispensable para la oración efectiva. «Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies». «Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega» ().

Vila, S. (2001). 1000 bosquejos para predicadores (pp. 21–22). Viladecavalls (Barcelona) España: Editorial CLIE.
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