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El Proyecto de la Familia: Reino de Dios

Relaciones en la Familia   •  Sermon  •  Submitted
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Reflexionar acerca del Proyecto de la Familia que es el reino de Dios.

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HABLEMOS DE LA VIDA

Todas las familias tienen un plan de lo que desean alcanzar juntos. Para algunas familias lo importante es la educación, el trabajo, la posición social, etc. Todas las familias se mueven de acuerdo a un plan. Respondamos a las siguientes preguntas:
¿Cuál es el plan o proyecto que tiene mi familia para mí?
¿Esta alineado ese plan al proyecto de Dios?
¿Qué es lo que espera de nosotros como familia Dios?

ESCUCHEMOS LA PALBRA DE DIOS

Ciertamente muchas familias creen en Jesús y quieren honradamente seguirlo, colaborando para construir el Reino de su Padre Dios. Intentamos en este capítulo esclarecer la relación existente entre la construcción del Reino y la familia.
Ciertamente muchas familias creen en Jesús y quieren honradamente seguirlo, colaborando para construir el Reino de su Padre Dios. Intentamos en este capítulo esclarecer la relación existente entre la construcción del Reino y la familia.
Seguir el ejemplo de la "Familia Cristiana" es hacer todo lo contrario de lo que hace ese tipo de familia que sólo piensa en su propio interés, sin preocuparse por los sufrimientos de los otros: la aspiración suprema de ésta es no complicarse la vida, pues su horizonte es vivir lo mejor que se pueda, sin importar cómo.
Seguir el ejemplo de la "Sagrada Familia" es hacer todo lo contrario de lo que hace ese tipo de familia que sólo piensa en su propio interés, sin preocuparse por los sufrimientos de los otros: la aspiración suprema de ésta es no complicarse la vida, pues su horizonte es vivir lo mejor que se pueda, sin importar cómo.
Mateo
Mateo 8.20 TLA
20 Jesús le contestó: —Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero yo, el Hijo del hombre, no tengo un lugar donde descansar.
A Jesús, en cambio, su familia nunca le encerró en sí mismo. Es más, la conciencia de su misión le impulsó a dejar su propia casa. Y a partir de entonces viaja casi continuamente, sin establecerse en ninguno de los sitios a los que llega. "Este Hombre no tiene ni dónde descansar la cabeza" (,). En Cafarnaún la gente le insistía "para que no se fuera de su pueblo. Pero él les dijo: Debo anunciar también en otras ciudades la Buena Nueva del Reino de Dios, porque para eso fui enviado" (,42-43).
A Jesús, en cambio, su familia nunca le encerró en sí mismo. Es más, la conciencia de su misión le impulsó a dejar su propia casa. Y a partir de entonces viaja casi continuamente, sin establecerse en ninguno de los sitios a los que llega. "Este Hombre no tiene ni dónde descansar la cabeza" (,).
Lucas 4.42–43 TLA
42 Al amanecer, Jesús salió de la ciudad y fue a un lugar solitario. Sin embargo, la gente lo buscaba y le pedía que no se fuera del pueblo. 43 Pero Jesús les dijo: «Dios me ha enviado a anunciar a todos las buenas noticias de su reino. Por eso debo ir a otros poblados.»
Lucas
En Cafarnaún la gente le insistía "para que no se fuera de su pueblo. Pero él les dijo: Debo anunciar también en otras ciudades la Buena Nueva del Reino de Dios, porque para eso fui enviado" (,42-43).
Marcos 2.14 TLA
14 Luego, mientras caminaban, Jesús vio a Mateo hijo de Alfeo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo: «Sígueme.» Mateo se levantó enseguida y lo siguió.
En Cafarnaún la gente le insistía "para que no se fuera de su pueblo. Pero él les dijo: Debo anunciar también en otras ciudades la Buena Nueva del Reino de Dios, porque para eso fui enviado" (,42-43).
Mateo 19.29 TLA
29 Y todos los que, por seguirme, hayan dejado a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos o a sus hermanas, a su padre o a su madre, su casa o un terreno, recibirán cien veces más de lo que dejaron, y tendrán además vida eterna.
Cuando Jesús llama a sus apóstoles, éstos dejan su oficio y su familia para seguirle (,). "Todo el que deja su casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por amor de mi nombre recibirá cien veces lo que dejó y tendrá por herencia la vida eterna" (,29).
Cuando Jesús llama a sus apóstoles, éstos dejan su oficio y su familia para seguirle (,). "Todo el que deja su casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por amor de mi nombre recibirá cien veces lo que dejó y tendrá por herencia la vida eterna" (,29).
Cuando Jesús llama a sus apóstoles, éstos dejan su oficio y su familia para seguirle (,). "Todo el que deja su casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por amor de mi nombre recibirá cien veces lo que dejó y tendrá por herencia la vida eterna" (,29).
No todos están llamados a dejar la propia familia, pero sí lo están a mantenerse abiertos a los problemas de los demás. Jesús nos enseña que no debemos limitar nuestras preocupaciones al pequeño mundo de la familia.
Lucas 11.40–42 TLA
40 ¡Tontos! Dios hizo las cosas de afuera y también las de adentro. 41 La mejor forma de estar completamente limpios es compartir lo que uno tiene con los pobres. 42 »¡Qué mal les va a ir! Ustedes se preocupan por dar a Dios, como ofrenda, la décima parte de las legumbres, de la menta y de la ruda que cosechan en sus terrenos. Pero no lo aman ni son justos con los demás. Deben dar a Dios la décima parte de todo, pero sin dejar de amarlo y sin dejar de ser justos.
No todos están llamados a dejar la propia familia, pero sí lo están a mantenerse abiertos a los problemas de los demás. Jesús nos enseña que no debemos limitar nuestras preocupaciones al pequeño mundo de la familia.
-42
La verdadera familia cristiana enseña a vivir en profundidad el amor mutuo, pero rompiendo los muros en que instintivamente tiende a encerrarse ese amor. Será tanto más cristiana la familia cuanto más vaya dejando de ser exclusiva, cuanto más vaya queriendo como verdaderos hermanos a los que no lo son. A los prójimos hay que hacerlos cada vez más próximos; mirándolos a ellos hay que ver a Jesús.
Juan 19.26 TLA
26 Cuando Jesús vio a su madre junto al discípulo preferido, le dijo a ella: «Madre, ahí tienes a tu hijo.»
La dedicación de Jesús al Reino de Dios no quiere decir que descuidó los deberes para con su madre. Tenemos un indicio claro de que Jesús se preocupó de la situación de ella cuando en la cruz, poco antes de morir, "al ver a su madre y junto a ella a su discípulo más querido, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo" (,26).
La dedicación de Jesús al Reino de Dios no quiere decir que descuidó los deberes para con su madre. Tenemos un indicio claro de que Jesús se preocupó de la situación de ella cuando en la cruz, poco antes de morir, "al ver a su madre y junto a ella a su discípulo más querido, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo" (,26).
El hecho de que se insista en el servicio de la familia a la comunidad no quiere decir que la comunidad sea una alternativa a la familia. Porque la familia desempeña funciones y tareas que no pueden ser desempeñadas por ningún otro grupo humano. Los cuidados y atenciones que recibe el niño, primero de la madre, y más tarde también del padre, no pueden ser sustituidos por nadie.
Hemos visto que el Evangelio y la familia no siempre coinciden . Y no sólo no coinciden, sino que, incluso, son dos realidades que corren el peligro de enfrentarse.
Hemos visto que el Evangelio y la familia no siempre coinciden . Y no sólo no coinciden, sino que, incluso, son dos realidades que corren el peligro de enfrentarse.
Mateo 12.46-
Mateo 12.46–50 TLA
46 Mientras Jesús seguía hablando con la gente, su madre y sus hermanos llegaron a donde él estaba y lo esperaron afuera, pues querían hablar con él. 47 Entonces alguien le dijo a Jesús: —Tu madre y tus hermanos están afuera, y quieren hablar contigo. 48 Pero él le preguntó: —¿Quiénes son en verdad mi madre y mis hermanos? 49 Jesús señaló entonces a todos sus discípulos y les dijo: 50 —Estos son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que obedece los mandamientos de mi Padre que está en el cielo, es en verdad mi madre, mi hermano y mi hermana.
Una cosa resulta clara en este pasaje, a primera vista un tanto extraño: Jesús se siente más vinculado a su comunidad de discípulos que a su familia humana: antepone la comunidad a la familia.
Es que Jesús viene a establecer un nuevo orden de relaciones humanas, basadas precisamente en que Dios es el Padre de todos y, por consiguiente, todos los hombres somos hermanos. De esta manera, la familia pasa a segundo término en las intenciones y preocupaciones de Jesús. El centro es la relación con Dios como Padre y la relación con todos los hombres como hermanos. Así se comprende la significación tan honda que tienen aquellas palabras que puso Juan en el prólogo de su Evangelio:
Juan 11.
Juan 1.11–13 TLA
11 La Palabra vino a vivir a este mundo, pero su pueblo no la aceptó. 12 Pero aquellos que la aceptaron y creyeron en ella, llegaron a ser hijos de Dios. 13 Son hijos de Dios por voluntad divina, no por voluntad humana.
No es ya la familia, ni el parentesco humano, lo que cuenta en el proyecto de Jesús, sino la nueva gran familia de los "que mantienen la adhesión a su persona", con lo que son "capaces de hacerse hijos de Dios".
11⁄4 - Jesús exige a sus seguidores una libertad total con relación a su propia familia. De la misma manera con que Jesús exige a los discípulos vivir libres con relación al dinero, al poder y al prestigio, igualmente exige también a sus seguidores una libertad real con relación a todo lo que crea dependencias y ataduras basadas en los lazos humanos que brotan del afecto familiar. Por eso, Jesús no acepta ni la despedida de los parientes, ni aun siquiera el entierro del propio padre (, 59-62). Por eso también, Jesús no reconoce más familia que la comunidad de sus seguidores y ni siquiera acepta los elogios que se hacen a su madre (, 46-50).
11⁄4 - Jesús exige a sus seguidores una libertad total con relación a su propia familia. De la misma manera con que Jesús exige a los discípulos vivir libres con relación al dinero, al poder y al prestigio, igualmente exige también a sus seguidores una libertad real con relación a todo lo que crea dependencias y ataduras basadas en los lazos humanos que brotan del afecto familiar. Por eso, Jesús no acepta ni la despedida de los parientes, ni aun siquiera el entierro del propio padre (, 59-62). Por eso también, Jesús no reconoce más familia que la comunidad de sus seguidores y ni siquiera acepta los elogios que se hacen a su madre (, 46-50).
21⁄4 - La libertad para trabajar por el Reino lleva consigo, inevitablemente, enfrentamientos, conflictos, odios y rencores, que a veces pueden llegar a causar la misma muerte. Por eso Jesús habla de la división y las espadas que él ha venido a introducir en el seno de la familia (, 34-37). Jesús anuncia el odio que va a nacer entre padres e hijos (,26; 21, 16-18). Y les dice a los suyos que todo el mundo les va a odiar por causa de él. Por consiguiente, está claro que el Evangelio no presenta la unidad familiar como un valor supremo. Hay algo que está por encima del amor entre padres e hijos y hermanos de la misma sangre.
31⁄4 - Estos conflictos, odios y rencores tienen su explicación en una cosa: el que quiera seguir a Jesús, tiene que renegar de sí mismo y cargar con su cruz (,38; 16,24; ,34; 10,32; ,; ,26; 13,36-37; 21,19). Es decir, el que quiera ser creyente de verdad, tiene que renunciar al deseo de acaparar, a la pasión por dominar y mandar, y a la pretensión por sobresalir y brillar. Pero no sólo eso. El que quiera ser creyente de verdad, tiene que aceptar el ser tenido por un delincuente al que hay que ejecutar (eso es "cargar con la cruz" ). Y la experiencia nos enseña que lo que casi toda familia fomenta es que sus miembros tengan mucho, que suban todo lo que puedan en la vida y que brillen lo más posible.
Y no es que Jesús pretenda que los creyentes sean despreciados u odiados. Es que él sabe perfectamente que el modelo de sociedad en que vivimos está basado sobre los pilares del dinero, del poder y del prestigio. Y el que se enfrenta a esos pilares, como lo hizo Jesús, corre la misma suerte que él corrió. He ahí el secreto y la explicación del conflicto cristiano entre el Evangelio y la familia.

RESPONDAMOS A LA VIDA

1. ¿En qué medida mi familia está abierta a los problemas de los demás? ¿O estamos encerrados en nosotros mismos? Seamos sinceros al contestar.
2. ¿Qué hacemos como familia para ayudar a los demás? No se trata de ayudas meramente personales, sino de la familia como tal.
3. Conversemos sobre la contribución que hacemos como familia en la construcción del Reino de Dios.
4. ¿Nos sentimos llamados a la santidad como matrimonio y como familia? ¿Qué podemos hacer para que la vocación a la santidad sea en nosotros cada vez más una realidad?
4. ¿Es Jesús el centro de nuestro matrimonio y nuestra familia? ¿Qué debemos hacer?
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