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Pascua

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Notes & Transcripts

Pascua: una fiesta, varias celebraciones

Néstor O. Míguez

El origen: celebrar la renovación de la vida

La fiesta que llamamos “Pascua” es una de las más antiguas de las que aún hoy se celebran en el mundo. Su origen más remoto hay que buscarlo en los clanes nómades de criadores de ovejas o cabras. Eran familias de pastores que andaban de un lugar a otro en busca de pastos tiernos para sus rebaños, recorriendo, hace más de cuatro mil años, la tierra que hoy habitan palestinos e israelíes. Entre ellos estaba Abrahán y sus descendientes.

Para ellos la mayor alegría era la llegada de la primavera. Tiempos de clima más benigno, de pastos frescos, de reproducción de sus rebaños. El comienzo de la primavera iniciaba el año nuevo. Se celebraba con una fiesta que reunía a todo el clan y era presidida por el patriarca. Agradecían a Dios el fin de los rigores del invierno, le rogaban por una primavera hermosa y un verano suave. Le confiaban la fertilidad de campos y ganados. Le imploraban que mantuviera alejados los depredadores, las plagas, las enfermedades y las fuerzas de la muerte.

Era una fiesta nocturna, a la luz de la luna. Por eso debían aguardar la llegada de la luna llena que iluminara el campo. Hasta el día de hoy la Pascua se celebra en el primer sábado de luna llena después del 21 de marzo -- llegada de la primavera en el hemisferio norte (el 10 de Abib en el antiguo calendario lunar judío). De allí que se desplace entre fines de marzo y el 25 de abril, según el año.

El centro de la fiesta consistía en el sacrificio de un cordero nacido el año anterior, mostrando su confianza en que Dios iba a reponer en abundancia esa ofrenda con nuevos nacimientos. Con la sangre del cordero se pintaba el palo de entrada de las tiendas en las que vivían, con el propósito de ahuyentar los espíritus que ocasionaban enfermedad y miseria. El cordero era luego asado y servido con hierbas amargas (probablemente achicoria). Se comía pan sin levadura preparado para la ocasión, indicando que se dejaban atrás las cosas del año pasado --la levadura-- para comenzar un nuevo ciclo de vida purificados. El padre de familia pronunciaba unas oraciones de bendición y ruego al comenzar el festín.

Una fiesta de liberación

Cuando el pueblo de Israel pierde su libertad bajo el poder del Faraón en Egipto, pierde también sus hábitos rurales y pastoriles. Son forzados a preparar ladrillos y los productos del campo deben entregarlos a los egipcios (Ex 1: 10-14). Se pierde también la fiesta. Cuando Dios escucha sus clamores y llantos y decide liberarlos a través de Moisés, la recuperación de la antigua fiesta de la primavera aparece como el símbolo y la ocasión para esa liberación. La descripción de cómo iba a ser la noche de la liberación (Ex 12) reproduce, con las adaptaciones a la nueva situación, las viejas prácticas. El centro de la fiesta seguirá siendo la familia, y la sangre del Cordero será el signo en las puertas de que allí viven gentes de fe.

La fiesta adquiere el nombre de “Pesaj”( pasaje, que pasó a ser “pascua” en castellano) porque recuerda el pasaje de Egipto para retornar a la Tierra de la Promesa, el pasaje a través de las aguas del Mar Rojo, el pasaje de la esclavitud a la libertad. Junto con las fiestas agrarias de la siembra y la cosecha, que se agregarían después, cuando el pueblo se asienta y muchos se hacen agricultores, se guarda como la fecha destinada a recordar la obra salvadora de Dios (Ex 23:14-18). Nada debe impedir que se celebre esa fiesta, ni aún si están de viaje o tienen alguna impureza ritual. Aún el extranjero que habita en Israel es invitado a celebrar esa fiesta (Num 9:1-14). En el Pentateuco tenemos varias descripciones de la fiesta, y se van modificando algunos detalles. En Gilgal se come la primera Pascua en la Tierra de la Promesa, y con ella cesa el maná que había alimentado a Israel durante su pasaje por el desierto (Jos 5:9-12).

La fiesta del Reencuentro y la Reconciliación

Como sabemos, con el tiempo, las costumbres y formas de vida de Israel se fueron alejando de la voluntad y la Ley de Dios. Tanto es así que hasta la fiesta de la Pascua fue cayendo en desuso. El rey Josías, que después de muchos años intenta restablecer el culto y el conocimiento de la Ley de Dios se encuentra con que desde el tiempo de los jueces que no se celebraba la Pascua (2 Re 23:21-23) ¡cerca de cuatrocientos años! Este era un síntoma, junto con las injusticias e idolatrías, que mostraba como Israel y Judá se olvidaron de obedecer a Dios. Por esto mismo los profetas son enviados a anunciar la caída de ambos reinos. Poco tiempo después de la muerte de Josías Nabucodonosor invade y destruye Jerusalén y los príncipes y sacerdotes son llevados al exilio en Babilonia. La Pascua nuevamente deja de celebrarse.

Dos generaciones más tarde pueden volver a su tierra y emprenden la reedificación del Templo. Entre las prácticas que se recuperan está la celebración de la Pascua. Es la alegría del reencuentro del pueblo y la reconciliación con Dios (Esd 6:16-22). La fiesta queda establecida nuevamente, aunque hay que reconocer que se ha vuelto más formal. Ha perdido en parte su carácter familiar, ya que ahora los corderos son elegidos y sacrificados en el Templo por los sacerdotes, y luego entregados a la familia. Por eso muchas familias peregrinaban a Jerusalén para la fiesta. Es probable que entre las familias que no peregrinaban también se celebrara la fiesta de una manera más sencilla. Con todo, el padre de familia seguía siendo quien presidía la celebración a la noche, cuando se comía el animal sacrificado y se pronunciaban las bendiciones y alabanzas. Esta era el modo en que se celebraba la Pascua en tiempos de Jesús.

La Cena de Pascua de Jesús.

Los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) nos relatan que Jesús, cuando llegó a Jerusalén en sus últimos días de vida, se dispuso a celebrar la Cena de Pascua con sus discípulos. La presidió como el nuevo “padre de familia” de la fe. Es en esa Cena que deja establecido el “Nuevo Pacto en mi sangre”, y la invitación a renovarlo constantemente mediante la repetición de los gestos que memoran y actualizan su presencia entre nosotros. Esa Cena marca el inicio de los relatos de la Pasión. De allí Jesús emprende el camino de la Cruz.

Esa Cena será la despedida del Jesús histórico de sus discípulos. Primero lo deja Judas, para traicionarlo. Luego él se retira un poco de ellos para orar en Getsemaní, pero al regresar los encuentra durmiendo. De allí es arrestado y separado de los suyos, que no tienen el coraje de seguirle. ¡La fiesta que recordaba la renovación de la vida desemboca en la muerte!¡La fiesta que celebra la liberación termina en un arresto!¡El festejo del reencuentro y la reconciliación termina con la separación y la condena!

La muerte del Cordero.

El Evangelio de Juan conoce otra tradición. Las fechas no coinciden, y en realidad, según este relato, la crucifixión ocurre un día antes. Juan señala que los miembros del Sanedrín que entregaron a Jesús a Pilato evitaron entrar el pretorio para mantenerse puros en vísperas de la Cena Pascual (Jn 18:28 y 19:31). Esta variación en el calendario que conoce Juan tiene al menos dos consecuencias importantes para nuestro relato:

*     La última Cena no es una cena de Pascua. Por eso Juan no nos cuenta de la llamada “Institución de la Comunión”. Es una cena de la nueva hermandad del Reino donde el gesto propuesto es el del mutuo servicio (el lavado de los pies). Las palabras “eucarísticas”, en Juan, se pronuncian en torno de la presentación de Jesús como pan de vida, tras la alimentación de la multitud, en el cap. 6. Jesús no llega a celebrar la Pascua con los suyos, sino que, en el momento de la Cena pascual está ya en el sepulcro.

*     La crucifixión de Jesús se produce en el momento en que se sacrificaban los corderos en el Templo. Como eran las vísperas de la Pascua, mientras los sacerdotes sacrificaban en el altar a los corderos, Jesús crucificado muere. Por eso no aparecen burlándose en el Gólgota. El relato de Juan encuentra otros símbolos: Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1:19) cuya sangre pinta el madero de la Cruz. Por su entrega tenemos acceso al Padre.

La fiesta de la Resurrección

Mucho se ha discutido sobre esta divergencia de los calendarios entre Juan y los Sinópticos. Finalmente las Iglesias, en general, han adoptado las fechas propuestas por estos últimos. No tiene sentido especular una vez más sobre esta diferencia, pues todos los relatos vuelven a aunarse en lo que, para la fe cristiana, pasó a ser el centro de esta Fiesta: El primer día de la semana el sepulcro fue hallado vacío. Jesús ha resucitado. La conjura y la muerte no habían logrado apagar la fe, el amor y la esperanza. El que había sido dado por muerto y sepultado, estaba vivo y anunciando la victoria definitiva del amor de Dios. La fiesta de la Pascua pasó a tener un nuevo significado al día siguiente: los antiguos sentidos fueron recuperados y adquirieron una nueva dimensión. La renovación de la vida que alegraba a los patriarcas, el júbilo liberador del Éxodo, el reencuentro y la reconciliación festejada al regresar del Exilio adquieren un nuevo valor: son parte de la victoria definitiva del Hijo de Dios. Recordación eucarística y servicio, entrega redentora y testimonio de la fuerza que anima la vida se proyectan ahora con valor de eternidad. La antigua fiesta reúne muchas celebraciones, y en todas se celebra el amor infinito de Dios.

Marzo de 1998.

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