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El hombre bueno y el hombre malo

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El hombre bueno y el hombre malo Texto Base: Salmo 1 Bosquejo • El hombre justo 1. Su separación de lo malo ▪ Ignora a los malos consejeros ▪ Se aleja del camino de pecadores ▪ Evita la silla de los escarnecedores 2. Consecuencia de su perseverancia en lo bueno ▪ Será como árbol ▪ Plantado junto a arroyos de agua ▪ Da fruto a su tiempo ▪ Su hoja no cae ▪ Todo lo que emprende, prospera • El hombre pecador 1. Diferencia con los justos ▪ Son como el tamo que arrebata el viento ▪ No se levantarán en el juicio ▪ Ni en la congregación de los justos 2. Dios los conoce ▪ Sus caminos ▪ Sus sendas destinadas a fracasar Las Escrituras nos describe como a árboles de justicia, plantíos de Jehová (Isaías 61.3). Esta descripción se adapta perfectamente a nuestra condición como hijos de Dios, pues el árbol no prospera por su propia capacidad, sino más bien por el lugar en donde ha sido sembrado. ¿Qué característica tiene ese lugar? Que ahí hay arroyos de agua. El cristiano que desea prosperar espiritualmente debe estar sembrado junto a corrientes de agua viva, que es el Espíritu Santo (Apocalipsis 22.1; Juan 7.38-39). ¿Como procede este árbol? Dando fruto a su tiempo. Así como el cristiano es alimento por Espíritu Santo, así debe dar frutos del Espíritu Santo, es decir: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza (Gálatas 5.22-23). ¿Qué otras evidencias dan el árbol? Que su hoja no cae, y que todo lo que hace prospera. Las hojas de los árboles son los receptores de rayos solares para la fotosíntesis, es decir, son la boca del árbol para alimentarse; nunca permitas que el Enemigo, las debilidades o las distracciones ahoguen la Palabra que te alimenta (Marcos 4.14-19). Si permaneces en la Palabras serás ampliamente prosperado, tanto en lo material, como en lo espiritual (3 Juan 2.2). Pero está dicha está condicionada a nuestra comunión con Dios. ¿Eres árbol? Claro que lo eres, si amas y meditas en la palabra de Dios (Salmo 1.2), ¿Como sabes que estás meditando constantemente en su palabra? Apartándote de la influencia de los necios (Salmo 1.1). Porque las personas corrompidas te atacaran primero con sus consejos; ósea, en tu mente. Por lo tanto, no permitas que el enemigo te derribe en tus pensamientos; porque primero es el pensamiento y luego el pecado; primero es desear el licor y luego emborracharse; primero es el deseo de venganza y después el asesinato. Por tanto, somete tu mente a la mente de Cristo (1 Corintios 2.16). Posteriormente serás seducido por sus caminos; esto significa sus hábitos. Cuando deseen atacarte lo harán implicándote en su vana manera de vivir. Cuando veas esto huye, recuerda que el sabio ve el mal y se aparta (Proverbios 13.14; 14.16; 29.8). En última instancia serás bombardeado con propuestas en tu comportamiento. Al igual que en las anteriores, busca el auxilio de Dios, y así como Daniel y sus amigos, procura no ser contaminado por lo que puedas hacer con tu cuerpo (Daniel 1.8). Procura ser gobernado por la ley de tu espíritu y no por la ley de tus miembros (Romanos 7.23). Si evitas todo esto, evitaras ser como el malo (Salmo 1.4), el cual es inconstante en todos sus caminos (Salmo 1.4; Santiago 1.8), y está condenado a la desconfianza y al rechazo de los demás (Salmo 1:5; Job 5.3; Proverbios 13.20).
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