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“Quejas Honestas De Tu Siervo” Obras Que No Creerian Habacuc 1:1-2 NVI

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“Quejas Honestas De Tu Siervo”
Obras Que No Creerian
Habacuc 1:1-2 NVI
Habakkuk 1:1 NVI
Ésta es la profecía que el profeta Habacuc recibió en visión.
NVI
predice castigos, no sólo contra los enemigos de Israel, sino también contra el propio Israel, pues todos ellos son culpables de muchos pecados. El profeta se lamenta ante Dios de la perversidad, violencia e injusticia que campan por sus respetos en Israel, mientras Dios parece no oír ni darse cuenta; al menos, no hace nada para evitarlo. Habacuc se siente celoso de la gloria de Dios, y representa así a los más piadosos del país.
Habakkuk 1:2 NVI
¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?
NVI
El reinado de Joaquín se caracterizó por la injusticia y la violencia
Jeremiah 22:3 NVI
Así dice el Señor: ‘Practiquen el derecho y la justicia. Libren al oprimido del poder del opresor. No maltraten ni hagan violencia al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derramen sangre inocente en este lugar.
NVI
El profeta no puede hacer nada, y Dios, al parecer, no quiere. Por eso, pregunta Habacuc: «¿Hasta cuándo …?» (v. 2) Siempre ha sido difícil de entender el silencio de Dios en tales o similares circunstancias.
Muchas personas tienen miedo de ser honestas con Dios, lo cual es extraño, teniendo en cuenta que ya sabe lo que estamos pensando.
Los autores bíblicos ciertamente le contaron a Dios cómo se sentían, y lo hicieron de manera elocuente y frecuente.
El profeta Habacuc dijo:
Habakkuk 1:1–2 NVI
Ésta es la profecía que el profeta Habacuc recibió en visión. ¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?
NVI
Habacuc sintió que Dios no estaba respondiendo sus oraciones, que Dios ignoraba sus peticiones.
Le recordó a Dios la necesidad desesperada de su intercesión. Al hacerlo, Habacuc nos recuerda que luchar con Dios es un componente saludable y necesario para seguirle.
Habacuc siguió haciendo súplicas más desesperadas, incluso enojadas:
Habakkuk 1:3–4 NVI
¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia. El impío acosa al justo, y las sentencias que se dictan son injustas.
NVI
Las preguntas honestas de Habacuc revelan el estado de su corazón. No tenía miedo de decirle a Dios lo que sentía porque entendía que Dios ya lo sabía. Él también creía que Dios podría ser persuadido a interceder.
Sin embargo, no es el lenguaje o la retórica hábil lo que hace que Dios interceda: después de todo, Él es un ser libre que puede hacer lo que quiere, y no será manipulado.
Dios quiere usarnos para su obra, y anhela que reconozcamos lo que está haciendo. Cuando oramos, Dios escucha; cuando Dios actúa en respuesta a nuestras oraciones, sabemos que es su obra. Debemos orar honestamente, y debemos reconocer el lugar y los actos legítimos de Dios.
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