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Perseguidos por el evangelio

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Perseguidos por el evangelio Hechos 4:1-4 Introduction Hechos 4 presenta un giro singular en el libro. Introduce el tema de la persecución de la iglesia que será un motivo constante a lo largo del resto del libro. El tema de la persecución de la iglesia es clave en el propósito del libro ya que Lucas quiere arrojar luz a lo que Cristo comenzó (Hechos 1:1) y al poder del Espíritu de Cristo en llevar el evangelio a Judea, a Samaria y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). A la misma vez, el tema de la persecución de la iglesia es un aliciente para nosotros y para toda la iglesia que ha venido antes de nosotros. Nos recuerda de la Palabra de Jehová a Zorobabel dada por boca de Zacarías – “no con ejército ni con fuerza sino con mi Espíritu” (Zacarías 4:6). Es el Espíritu mismo de Cristo que fortalece, sostiene y guarda la iglesia. Pues por eso dice Jesús en Mateo 16:18 – “sobre esta roca edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” El retrato de la persecución de la iglesia en el libro de los Hechos nos asegura de la fidelidad de Dios en preservar y expandir su iglesia. Pero el tema de la persecución de la iglesia en el libro de los Hechos también nos advierte de la constante oposición que enfrentará la iglesia, el Cuerpo de Cristo, en este mundo. Asímismo le dijo Jesús a sus discípulos allá en el aposento alto. En Juan 15:18-19 leemos: “si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.” Pablo advertiría a Timoteo de la misma forma años después. Leemos en 2 Timoteo 3:12: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.” Lo cierto es que mientras que la iglesia de Cristo esté en este mundo recibirá la oposición, el escarnio y el oprobio del mundo. El leitmotiv de la persecución de la iglesia a lo largo del libro de los Hechos, e incluso en todo el Nuevo Testamento, no es simplemente una garantía de que dicha persecución sucederá ni es tampoco sencillamente una aseguranza de que Cristo al final saldrá victorioso. Más que eso, resalta la bienaventuranza, la felicidad de aquellos que son perseguidos – dice Jesús en Mateo 5:10-11: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos, bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.” Años después de que Pedro enfrentara el oprobio del Sanhedrín allí en el pórtico de Salomón, escribiría en 2 Pedro 4:13-14: “gozaos por cuanto sois partícipes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.” Y este es el punto que quiero enfatizar al recorrer estos pasajes sobre la persecución a través del libro de los Hechos. Muchas veces cuando pensamos en la persecución de la iglesia cristiana pensamos en lugares distantes – en China, en el mundo musulmán – y pensamos que aquí, en donde estamos, no hay persecución. Y mientras que le damos gracias a Dios que tenemos la libertad de reunirnos públicamente en este país sin temor a ser agredidos por ello, tenemos que reconocer que hay y siempre habrá persecución no importa el país en que estemos. Muchas veces nos cegamos a una persecución patente o peor aún, buscamos alternativas humanas para contrarrestarla – la política, el activismo social u otras alternativas. Lo que pasa cuando hacemos esto, hermanos, es que nos perdemos de la bienaventuranza que Dios tiene para nosotros a través de la persecución. Perdemos de vista el verdadero triunfo y el verdadero poder del Espíritu de Dios en nuestra presencia. Pues fue el teólogo anglicano Richard Sibbes quien dijo: “un hijo de Dios obtiene su triunfo mayor en sus más grandes tribulaciones.” ¿Cómo somos perseguidos en la iglesia actual? ¿Qué oposición enfrentamos? ¿De dónde proviene la oposición? Estas son las preguntas claves a las que el libro de los Hechos nos puede dar respuestas. Quiero comenzar este estudio de la persecución de la primera iglesia en Hechos 4:1-4 señalándoles la forma dramática en que la oposición al evangelio se desató sobre la iglesia. Creo que podemos aprender de esta narrativa cómo la oposición y la persecución por el evangelio es presente en nuestras vidas y así podremos estar preparados para responder de una forma semejante a Pedro y Juan. Mi objetivo es de impresionar en ustedes la realidad patente de la persecución por causa del evangelio y de invitarles a ver más allá de esas burbujas que hemos creado que generan una expectativa de elogio y aprobación por parte del mundo. Nuestra condición caída es de siempre buscar, de anhelar el elogio y la aprobación. Entre más evidente y palpable sea mejor. Pero seguir a Jesús no siempre involucra el elogio y la aprobación, sino al contrario muchas veces resulta en escarnio y oprobio. La buena noticia que vemos aquí en Hechos 4:1-4 es que Dios usa ese escarnio y oprobio para llevar a cabo sus propósitos. Entonces, quiero considerar cuatro facetas de este texto. Primero, quiero enfocarme en la ocasión de la oposición. La oposición que enfrentaron Pedro y Juan fue una oposición que surgió de repente y que interrumpió su proclamación del evangelio. Segundo, me quiero enfocar en los personajes que se opusieron a ellos. En el versículo 1, leemos “vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo y los saduceos.” No fue un grupo singular sino que fueron múltiples grupos representando variados intereses que se opusieron a ellos. Tercero, quiero mostrarles las razones por las cuales se les opusieron. Y por último quiero mostrarles cómo Dios utilizó esta oposición para lograr sus propósitos. La interrupción El capítulo 4 comienza en medio del segundo sermón de Pedro. De hecho, la tropa de opositores irrumpieron en el sermón de Pedro deteniéndole y parando en seco su discurso. Lucas hace que esta interrupción sobresalga en su narrativa al escribir “hablando ellos al pueblo.” En la traducción la Biblia de las Américas se aprecia más claramente el énfasis donde se traduce el versículo 1: “mientras ellos hablaban al pueblo.” No cabe duda, pues, que el retrato aquí es de una violenta interrupción e interyección. Los opositores no esperan a que terminen ni demuestran respeto alguno a su trabajo. Simplemente se interponen en el escenario y detienen el sermón. Esta interrupción lo vemos en el libro de Daniel cuando los funcionarios y sátrapas “fueron y encontraron a Daniel orando y suplicando delante de su Dios” (Daniel 6:11). En su comentario al libro de los Hechos, Juan Calvino dice: “aquí vemos cómo velan los impíos pues siempre están listos para silenciar la boca de los siervos de Cristo.” Y así es también con nosotros. Es cuando estamos en la obra del Señor que nos viene encima la oposición, interrumpiéndonos, interyectándose, silenciándonos. Sabes que estás en el lugar que Dios te quiere y haciendo lo que Dios quiere precisamente porque te viene encima la oposición y la persecución. Y así funciona la oposición y la persecución – interrumpiéndonos y silenciándonos. Los opositores En el capítulo 4 vemos una colección extraña de opositores. En el versículo 1 se menciona los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y los saduceos. En el versículo 6 se menciona Anás, Caifás, Juan y Alejandro. No podría haber un grupo más diverso. Los sacerdotes eran levitas quienes pasaban entre una y dos semanas en el templo durante todo su servicio sacerdotal. El capitán de la guardia del templo era un funcionario permanente en el templo y servía como jefe de la fuerza policiaca del templo. Los saduceos eran una clase política – seculares – quienes rechazaban los milagros, la resurrección y todo los escritos bíblicos que no se encontraran en el tora o el pentateuco. Cada grupo tenía su propios intereses y sus propias razones por oponerse a Pedro y a Juan. Los sacerdotes no entendían bajo que autoridad estos enseñaban. El jefe de la guardia se oponía al desorden que su proclamación en áreas no autorizadas para la enseñanza en el templo. Los saduceos se oponían a la enseñanza de la resurrección. La oposición y la persecución provienen de diferentes grupos con diferentes intereses y motivaciones. Así es también en nuestros días. A veces tenemos la tendencia de identificar un grupo homogéneo de opositores. Ah, pues son los liberales quienes se oponen al evangelio – son los científicos que se oponen – son los comunistas quienes nos persiguen. Pero al hacer estas generalizaciones muchas veces perdemos de vista de dónde proviene la oposición y la persecución. A veces proviene de dentro de la iglesia misma. A veces proviene del gobierno. A veces proviene de la ciencia. Tenemos que estar dispuestos a reconocer la oposición de dondequiera que venga y tenemos que estar preparados para enfrentarnos a esa oposición. La oposición Y ¿Qué fue lo que tanto les molestó a este grupo diverso de opositores? Lucas nos dice en el versículo que estaban “indignados porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de los muertos.” En primer lugar, se oponían al hecho de que enseñaran. La enseñanza requiere de algún tipo de acreditación que avala la autoridad del que está enseñando. Los discípulos, Pedro y Juan, carecían de dicha acreditación a los ojos de sus opositores. No estaban en la línea de Leví, no habían sentado a los pies de los grandes rabinos, no tenían nada que les avalara su capacidad y autoridad para enseñar. Lo único que tenían era su relación con el Señor Jesucristo y su testimonio de su obra. En segundo lugar, les molestaba el hecho que dijeran que Jesús ha resucitado. Los saduceos se oponían en principio diciendo que la resurrección es algo irreal. Los sacerdotes y el jefe de la guardia se oponían porque, en sus mentes, ellos ya habían terminado con la amenaza de este Jesús. ¿Qué es lo que genera oposición a la iglesia en nuestros días? Desde la perspectiva de afuera de la iglesia hay una aversión a la exclusividad de los reclamos del evangelio. El evangelio provee buenas nuevas acerca de un y sólo un camino a la salvación y ese camino es Jesucristo el Señor. Pero en nuestros días, el mundo secular quiere múltiples caminos. Desde adentro de la iglesia hay una preocupación en torno a las credenciales de los maestros. Tenemos todo tipo de títulos académicos que acreditan la enseñanza en la iglesia – y aunque no tengo nada en contra de la educación teológica formal, muchas veces nos olvidamos de lo más importante en la enseñanza de la Palabra de Dios que es una relación real y verdadera con Cristo Jesús. Yo prefiero mil veces estar bajo la predicación de alguien que ha estado a los pies de Cristo que alguien que ha estado a los pies de Donald Carson, de John Frame o de John Piper y que no conoce al Señor Jesucristo. El resultado Lucas nos presenta dos resultados distintos de este relato. El primero es el esperado. Los discípulos son agarrados y metidos a la cárcel. La segundo es menos esperado y lo encontramos en el versículo 4: “pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron, y el número de los varones era como cinco mil.” La oposición, la calumnia, y el oprobio no frustra los planes de Dios. Aunque Pedro y Juan no terminaron su sermón y aunque hubieran querido desplayarse más, Dios efectuó su obra a través de su esfuerzo. En Isaías 55, Dios dice que su palabra siempre es eficaz no importa el nivel ni la calidad de oposición. Leemos en Isaías 55:11: “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Hermanos, puede ser que la oposición y la persecución frustre nuestros planes para la palabra de Dios pero nunca frustra los planes de Dios. Dios sabe y determina el efecto y la extensión de su palabra y él mismo controla su efecto. Muchas veces nos frustramos porque creemos que le estamos quedando mal a Dios, pero Dios es el que controla el efecto de su Palabra. Si recordamos esto, estaremos satisfechos con nuestros ministerios y podremos tener la confianza que Dios está haciendo su obra, no la nuestra, a través de nuestros esfuerzos. Conclusión Quiero invitarles hermanos a preguntarse: ¿Cómo ha sido interrumpido mi ministerio de la Palabra de Dios? ¿De donde proviene esa interrupción? ¿Cuál es el motivo de la oposición? ¿Cómo me esta utilizando Dios a pesar de esa oposición?
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