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Un hombre consagrado.

El hombre que Dios busca.  •  Sermon  •  Submitted
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El hombre que Dios busca es un hombre dedicado a la intercesión, a alcanzar las almas, y a servir.

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Con este mensaje concluimos la serie “El hombre que Dios busca”. En los mensajes anteriores hemos visto que Dios busca hombres de integridad, llenos del Espíritu, que cuidan a su familia, que cuidan su mente y corazón, y que sean hombres de la Palabra.
Pero para cumplir a cabalidad la tarea que Dios nos ha encargado es necesario que el hombre este consagrado.
Cuando Dios habló por medio de Ezequiel diciendo que no había hallado un hombre del tipo que Él buscaba. Ni los profetas, ni los sacerdotes (los supuestos hombres) eran consagrados, y los políticos (los principes) mucho menos.
¡Consagrado! ¿Qué significa eso?
De acuedo al diccionario de la Rae, consagrado se refiere a
1- “una persona o cosa ofrecida o dedicada a Dios”, y
2- “alguien o algo dedicado con eficacia y ardor a un determinado fin”.
Si algo está bien claro en el pasaje de Ezequiel es que el hombre que Dios busca debe ser dedicado a la intercesión.

Dedicado a la Intercesión.

que se pusiera en pie en la brecha delante de mi a favor de la tierra,
¿Qué eso sino intercesión? Interceder es orar por alguien.
El Señor Jesús nos dio ejemplo de intercesión. La Biblia dice que Él se apartaba constantemente a lugares solitarios para orar. ¿Crees que pedía para si mismo o para otros?
El ejemplo que Él nos dejó en la oración intercesora en Juan 17 indica que así como Él lo hizo, el hombre que Dios busca debe estar dedicado a la intercesión por los creyentes.
Dios quiere hombres que intecedan por aquellos que están a punto de ser destruidos por su pecado. Hombres que clamen a Dios por misericordia, para que Dios les de otra oportunidad de arrepentirse.
Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.

A la intercesión por los creyentes.

Como dice Santiago, debemos “orar unos por otros”. Eso es precisamente lo que el Señor hace en Juan 17: allí le vemos intercediendo por sus discípulos. En su oración le pide al Padre que los proteja del mundo, que los mantenga unidos, que tengan gozo, que los guarde del mal, y que los santifique en la verdad.
Debemos orar por nuestros hermanos en Cristo: pedir por salud, por provisión, por crecimiento espiritual, y por santidad.
Pero el hombre que Dios busca no solamente se dedica intercede por los salvos sino también a la intercesión por los perdidos.

A la intercesión por los perdidos.

Dios quiere hombres que intecedan por aquellos que están a punto de ser destruidos por su pecado. Hombres que clamen a Dios por misericordia, para que Dios les de otra oportunidad de arrepentirse.
Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento. El Señor oraba por la unidad de los creyentes para que dicha unidad impactara a los incrédulos:
John 17:21 LBLA
para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
John 17:21
John 17:23 LBLA
yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí.
El hombre que Dios busca intercede por los incrédulos pidiendo que Dios prepare el corazón de ellos, pidiendo que Dios abra su mente para que cuando escuchen el evangelio, respondan positivamente.
Algo debemos dejar en claro aquí: ¡nadie se salva por intercesión! Por lo tanto, el hombre que Dios busca no puede dedicarse solamente a la intercesión por los perdidos sino también a alcanzar a esos perdidos.

Dedicado a Alcanzar a los Perdidos.

Llevándoles el Evangelio.

En su carta a los Romanos, el apóstol nos recuerda que nadie va a creer en aquel del cual no han oído, y no oíran si nadie les predica; por que la fe viene por el oír; y el oír por la palabra de Dios.
El Señor nos dio el ejemplo yendo a anunciar las buenas nuevas:
Matthew 9:35 LBLA
Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
Mat 9:35
Las distancias no le detenían, tener que caminar tampoco era excusa para no hacerlo. El sabía que esa era Su misión:
Luke 19:10 LBLA
porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.
El hombre que Dios busca debe estar dedicado a alcanzar a los perdidos llevándoles el evangelio pero también ayudándoles a crecer espiritualmente.

Ayudándoles a crecer en Cristo.

El trabajo de un padre o madre no termina cuando la criatura nace; al contrario, allí empieza. De la misma en el área espiritual: con ganar a alguien para Cristo no hemos cumplido a tarea, solamente la hemos comenzado.
Antes de regresar al Cielo, el Señor dejó una misión con instrucciones bien específicas:
Matthew 28:19–20 LBLA
Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Mat
¿Estás crecido en Cristo? ¿Cómo lo sabes?
Muchos piensan que el crecimiento en Cristo consiste de tener mucho de Biblia y doctrina. ¡No mi hermano! No es asunto de conocimiento intelectual sino de aprender a obedecer las ordenes del Señor.
¡Dime cuanto obedeces y te diré que tan crecido estás! Si tú no obedeces, ¿cómo le enseñarás a otros a obedecer? ¡No puedes dar lo que no tienes!
La otra área en la cual Cristo nos dejó ejemplo es la del servicio. El hombre que Dios busca debe estar dedicado a la intercesión, a alcanzar a los perdidos, y a servir.

Dedicado a Servir.

Mark 10:45 LBLA
Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Como dice el dicho “¡el que no sirve, no sirve!”.

Sirviendo a los tuyos primero.

Para que no seamos “candil de la calle”, nuestro servir debe comenzar sirviendo a los hermanos en Cristo:
Galatians 6:10 LBLA
Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe.
Gal 6:10
El Señor sirvió a Sus discípulos; el Amo sirvió a los esclavos:
El Señor sirvió a Sus discípulos; el Amo sirvió a los esclavos:
John 13:12–15 LBLA
Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
John 13:12-15
Comencemos con los nuestros, sirviendo a nuestra familia, sirviendo a nuestros hermanos en la iglesia. ¿Cuál es tu servicio en la iglesia?
Si Cristo estuviera en carne y hueso aquí en la iglesia, ¿Qué crees que haría?
¿Sentarse a que le sirvan? o ¿Ponerse a servir? Y entonces ¿Por qué tu no sirves?

Sirviendo a extraños.

Cuando el escriba cuestionó a Jesús acerca de cuál era el más grande mandamiento, el Señor respondió:
Luke 10:27–29 LBLA
Respondiendo él, dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu projimo como a ti mismo. Entonces Jesús le dijo: Has respondido correctamente; haz esto y viviras. Pero queriendo él justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Luk 10:27-29
El Señor respondió con la historia del buen Samaritano. En dicha historia, un israelita se dirigía de Jerusalén a Jericó, y fue asaltado y dejado medio muerto. Pasó por allí otro israelita, un sacerdote; ese vio al herido pero lo ignoró. Luego pasó otro israelita, levita; también lo vio y, en lugar de ayudarle, paso por un lado. Después vino un extraño, samaritano… y este, aunque el herido era un extraño para él, tuvo compasión del israelita, le curó, lo llevó a una posada, lo cuidó, y, al irse, pagó por la posada y por el cuidado adicional.
El Señor concluyó preguntando al escriba, ¿Cuál de estos tres demostró ser prójimo del herido?… Ve y haz tú lo mismo.
Cuando servimos al extraño estamos mostrando el amor de Cristo. Servir al extraño nos da oportunidad de hablarles de Cristo.
Dios busca hombres de integridad, llenos del Espíritu, que cuidan a su familia, que cuidan su mente y corazón, que sean hombres de la Palabra, y que sean hombres consagrados a la intercesión, a alcanzar a los perdidos, y a servir.
¿Vas a ser tú ese hombre?
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