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El Protocolo Bíblico Para Una Visita Provechosa

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Uno de los ministerios que sin duda alguna todos los creyentes debemos practicar es el de la visitación. Pero muy a menudo, el tiempo de visitas, que debería ser maravilloso y edificante, se convierte en algo destructivo por la manera en que lo desarrollamos. En la Biblia, podemos encontrar un hermoso ejemplo de cómo dos buenos amigos, compartieron un tiempo agradable y lleno de bendición. Estos buenos amigos son Jetro y Moisés.

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Uno de los ministerios que sin duda alguna todos los creyentes debemos practicar es el de la visitación. Pero muy a menudo, el tiempo de visitas, que debería ser maravilloso y edificante, se convierte en algo destructivo por la manera en que lo desarrollamos. En la Biblia, podemos encontrar un hermoso ejemplo de cómo dos buenos amigos, compartieron un tiempo agradable y lleno de bendición. Estos buenos amigos son Jetro y Moisés. En medio del relato de la liberación del pueblo y de cómo éste iba avanzando en dirección a la tierra prometida, el Espíritu Santo preparó un paréntesis para nuestra instrucción en cuanto a un tema que es de suma importancia: la visitación. Nuestro relato empieza con Jetro escuchando las noticias respecto a lo que aconteció con el pueblo de Dios, y cómo habían acampado en las cercanías del monte Sinaí. Como Moisés había enviado tiempo atrás a su esposa y a sus hijos con Jetro, éste emprendió el viaje hacia el lugar en que se encontraba Moisés llevando consigo a su familia. Es en ese punto en el que empezamos a extraer de la Palabra de Dios esos buenos principios que también nosotros podemos aprovechar en la actualidad. Leamos la porción bíblica en Éxodo 18:1-12: Oyó Jetro sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto. Y tomó Jetro suegro de Moisés a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersón, porque dijo: Forastero[a] he sido en tierra ajena; y el otro se llamaba Eliezer,[b] porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó, y me libró de la espada de Faraón. Y Jetro el suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de éste, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios; y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella. Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda. Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de los egipcios. Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los egipcios. Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron prevaleció contra ellos. Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios; y vino Aarón y todos los ancianos de Israel para comer con el suegro de Moisés delante de Dios. Para mirar de una forma más clara estas cosas, vamos a enumerar los principios dividiéndolos en dos grandes grupos: lo que nos enseña Moisés (quien recibe la visita) y lo que nos enseña Jetro (quien realiza la visita). Pero antes de entrar en ellos, sería bueno que observemos algunos aspectos que tal vez parecen inocuos a simple vista, pero que en realidad son muy importantes: 1. Se debe informar de la visita con anterioridad (Éx 18:5-6) Jetro nos da un magnífico ejemplo de esto. A pesar de que era muy cercano a Moisés debido a su amistad y vínculo familiar, él no se tomó el atrevimiento de presentarse ante Moisés sin previo aviso. Jetro mandó avisar a Moisés de su llegada de acuerdo al protocolo cultural de su época, pero también para que Moisés pudiera prepararse para recibirlo. En muchas ocasiones, nos saltamos este principio generando incomodidad más bien que bendición a la persona que visitamos. Si no avisamos antes de ir, es posible que lleguemos en un momento inapropiado y la visita se convierte en algo muy molesto. Como ejemplo de esto, recuerdo una visita que recibimos hace algún tiempo. Era relativamente tarde y estábamos muy cansados debido a las actividades del día. No habíamos preparado nada de comer y teníamos que alistar a nuestro hijo pequeño para dormir, cuando escuchamos que tocaron a la puerta. Con un poco de sorpresa e incomodidad hicimos pasar a estos amigos. No había un tema urgente que quisieran tratar con nosotros, pero estuvieron poco más de una hora en casa mientras nosotros pensábamos a qué horas podríamos continuar con lo que debíamos hacer. Ellos tenían una muy buena intención al pasar a saludarnos, pero el momento no era el adecuado. La visita terminó con un profundo suspiro para nosotros, no sin que antes anotaramos que no es una buena práctica visitar sin avisar. 2. Quien recibe la visita debe mostrar un espíritu de afecto, humildad y servicio (Éx 18:7) La forma en que Moisés recibió a Jetro es para imitar. En nuestra cultura los hombres no acostumbramos besarnos los unos a los otros al saludarnos, ni tampoco nos inclinamos ante otros, pero debemos ir más allá del sentido estricto de estas formas, para reconocer y extraer el principio que nos enseñan. Con esto en mente, podemos decir que el saludo de Moisés es una muestra de... Afecto: Moisés lo besó. Este beso es una muestra cultural de afecto y regocijo ante la presencia del otro. Es una manifestación de hermandad y amistad. Aunque en nuestro país no practicamos este tipo de saludo, y si lo hiciéramos se vería un tanto indecoroso, sí podemos recibir a nuestras visitas con un fuerte apretón de manos y una sonrisa amable en el caso de los hombres, y en el caso de las mujeres con un beso en la mejilla con la debida pureza y santidad. Humildad: Él se inclinó ante un hombre con una posición muy importante entre su gente (el título Jetro traduce Excelencia, su verdadero nombre era Reuel que significa Amigo de Dios), pero Moisés también era un hombre muy importante. Él había sido quien, en el nombre y en el poder de Dios, había sacado a Israel de Egipto y lo dirigía rumbo a la tierra prometida. El pueblo que estaba a su cargo era numeroso y él era muy respetado por todos. Sin embargo, haciendo caso omiso de todas estas cosas, se inclinó ante Jetro, aplicando las palabras de Dios cuando dice que debemos considerar a los otros como superiores a nosotros mismos (Fil 2:3). También nosotros debemos recibir nuestras visitas con ese corazón sencillo y lleno de profundo respeto, que ve la llegada del hermano como una bendición de Dios. Servicio: Moisés trajo a Jetro a su tienda, en donde estarían cómodos, y en donde Moisés podría atenderle apropiadamente. Si ya hemos sido avisados de la intención de visitarnos, y hemos estado de acuerdo en ello, no debemos ser descuidados sino mostrarnos como anfitriones dignos. No necesitamos ofrecer grandes cosas si no tenemos, pero sí debemos esforzarnos, de acuerdo a nuestra capacidad para que el invitado se sienta a gusto en casa. Ahora bien, una vez mencionadas estas cosas, entremos a mirar cómo cada uno de estos hombres nos enseña principios valiosos para aplicar a nuestras visitas, y particularmente a nuestro tiempo de conversación. Moisés nos enseña cómo compartir los hazañas de Dios (Éx 18:8) 1. Moisés compartió sobre los hechos de Dios Muy a menudo nuestras conversaciones se basan en hechos banales, pero cuán provechoso es compartir acerca de esas cosas maravillosas que Dios hace en nuestras vidas. Si escogemos esto como nuestro tema de conversación principal, notaremos cuán agradables y edificantes serán nuestras pláticas, y como nos unirá más y más a nuestros amigos y hermanos en Cristo. Para nuestros hermanos, resultará en un provechoso tema edificante, y para los que no conocen del Señor, puede ser la motivación perfecta para tomar la decisión de acercarse a él. 2. Moisés no se colocó como el protagonista, dio el reconocimiento a Dios Mientras Moisés compartía los hechos de Dios a favor de Israel, él no se presentó como el protagonista de esta historia, sino como un instrumento. En su compartir con Jetro, él dejó en claro que quien había hecho todas esas obras maravillosas era Dios. Más a menudo de lo que nos imaginamos, nos tomamos para nosotros mismos el honor de las buenas cosas que nos ocurren. Hablamos de lo bien que nos ha ido en el trabajo gracias a lo inteligente que somos, o de cómo aquel proyecto fue un éxito debido a que nosotros lo estábamos dirigiendo, o de cómo mi fuerza de voluntad me permitió superar una terrible debilidad, y nos olvidamos de que todas estas cosas son posibles únicamente debido a la mano amorosa y poderosa de Dios. Qué bonito sería que en todas nuestras conversaciones Dios siempre fuera el protagonista y recibiera el crédito merecido por sus hazañas con nosotros, en nosotros y a favor de nosotros. 3. Moisés fue honesto y realista Él contó a Jetro los hechos tal como sucedieron. Habló de las proezas de Dios, pero no ocultó las dificultades que experimentaron. Ciertamente, habían atravesado momentos en los que su fe se estremeció, en los que vieron la muerte de cerca y en los que hubo quejas contra Dios. Contrario a lo que se pensaría, no tiene nada de malo reconocer que han habido momentos difíciles en nuestras vidas. Todos los hemos tenido. Esa frase moderna de uso frecuente en algunos círculos cristianos que expresa “prosperado, bendecido y en victoria” no debe ser utilizada como una muletilla o una frase de cajón. Cuando estamos pasando por tiempos difíciles debemos reconocerlos para que Dios pueda ayudarnos y animarnos por medio de nuestros hermanos. 4. Moisés no se quedó con lo negativo Es verdad que él compartió con Jetro sobre las dificultades experimentadas, pero también es cierto que él expresó que Dios los libró de todas ellas. De la misma manera, nosotros debemos recordar siempre la buena mano de Dios sobre nuestras vidas y hablar de ello. Para que nuestro compartir sobre nuestras dificultades sea en verdad provechoso para los que nos escuchan debemos sazonar nuestras penas con la sal de la gracia infinita de Dios que nos ha librado, y si aún nos encontramos en el valle de sombra de muerte, nuestras palabras deben rebosar de una dulce y grata esperanza que contagie a nuestros oyentes. Jetro nos enseña cómo escuchar y reaccionar (Éx 18:9-12) 1. Jetro escuchó con absoluta atención Aunque no se nos dice esto de manera explícita, podemos entender con absoluta certeza que Jetro estuvo atento durante el relato. ¡Qué maravilloso debió ser el escuchar esta historia tan sorprendente de boca de uno de los que la vivieron de primera mano! Pero él no sólo prestó atención porque la historia fuera interesante, sino porque este hombre estaba ejercitado en escuchar cuando los otros hablan. Así que, no vayamos a una visita con el bosquejo de todo lo que pretendemos decir, pero vayamos con nuestros oídos bien dispuestos para escuchar. Sin lugar a dudas, habrá oportunidades en las que podamos contar nuestras propias experiencias, pero es de muy mal gusto interrumpir repetidamente el relato del otro para intercalarlo con el nuestro, y aún más, si pretendemos erradamente que nuestra experiencia es mucho mejor. 2. Jetro se alegró al escuchar los hechos de Dios Cuando Jetro terminó de escuchar la historia se alegró en gran manera, pero su regocijo no se debían a una causa banal, sino a que Jetro amaba a Dios y se regocijaba en la obra de sus manos. Podríamos decir sin sombra de duda que este hombre tenía su corazón en sintonía con el corazón de Dios. Cuán a menudo nosotros escuchamos las experiencias de nuestros hermanos en Cristo mientras nos cuentan cómo Dios fue glorificado en ésta o aquella circunstancia y nuestro corazón recibe aquellas palabras con indiferencia. Si nuestro corazón estuviera en sintonía con el de Dios nos alegrarían las cosas que a él le alegran y nos motivarían las cosas que a él le motivan. No deje de expresar alegría por lo que Dios hace en otros. Recuerde que es el nombre de nuestro Dios el que está siendo exaltado. 3. Jetro prorrumpió en alabanza Acompañada de la alegría profunda de Jetro se manifestó una exaltación de la gloria de Dios de manera verbal. La alegría por los hechos de Dios y la alabanza por los mismos son dos cosas que no se pueden separar. Naturalmente expresamos aquello que nos alegra en extremo. Estemos listos y prestos para bendecir con nuestras bocas a Dios a la menor provocación. Si Dios ha hecho algo en la vida de la persona con la que estamos compartiendo, no dudemos en decir un “Gloria a Dios” con todo el corazón. 4. Jetro fue edificado con el relato de las experiencias del pueblo de Dios Jetro dijo: “Ahora conozco...”. Significa que su entendimiento de Dios había aumentado. En esto apreciamos la sencillez de este hombre, quien reconoció que había aprendido algo nuevo en cuanto a Dios por medio de este tiempo de compañerismo. Este hombre no fue a Moisés con una actitud arrogante, como quien se las sabe todas, sino que fue a compartir con un amigo íntimo. ¡Qué bendición resulta el disfrutar de la comunión con personas con un corazón sencillo que están dispuestas a edificarse mutuamente! Cuando vayamos de visita, no vayamos con soberbia, pensando que nosotros somos quienes vamos a dar, y la persona a la que visitamos es la que va a recibir. Seguramente, nos daremos cuenta que hemos sido nosotros quienes fuimos verdaderamente edificados, aunque la otra persona sea muy sencilla en su expresión y en su conocimiento. Estemos dispuestos a reconocer lo que Dios le ha dado a otros y vayamos siempre con un espíritu enseñable. 5. Jetro presentó sacrificios en comunión con los escogidos de Dios Luego de este hermoso tiempo, Jetro tomó sacrificios para ofrecer a Dios en compañía de Moisés, de Aarón y de los ancianos de Israel. Terminaron este tiempo de compañerismo elevando súplicas a Dios y regocijándose en el Señor. Una cosa muy importante que no podemos pasar por alto es que todo esto fue hecho delante de Dios. Dios está presente cuando tenemos nuestro tiempo de compañerismo. Al tener compañerismo con nuestros hermanos, lo estamos teniendo tan bien con él Señor quien nos une en un vínculo de amor perfecto. Por esta razón, debemos hacerlo todo con la conciencia de que él nos observa y nos escucha. Esta visita no terminó aquí. Posterior a este relato, vemos como Jetro tuvo la oportunidad de bendecir a Moisés dándole un consejo muy sabio, el cual éste puso en práctica con muy buenos resultados. Así Jetro volvió a su casa con la satisfacción de haber sido útil para Dios y para su amigo Moisés. Qué bueno sería que nuestras visitas fueran así de agradables y edificantes, y lo serán sin duda, si aplicamos el protocolo bíblico para una visita provechosa.
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