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(re)definiendo

Caminando en santidad  •  Sermon  •  Submitted
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INTRODUCCIÓN

Además de las riña mencionadas por hacer valer sus derechos, había otro problema basado en el mismo error, que consistía en que querían gozar de absoluta libertad en el uso del cuerpo. La iglesia aparentemente había sido afectada por las actitudes locales acerca de esto y aspiraban a tener la autonomía de utilizarlo como les viniera en gana.
La sociedad en que vivían se caracterizaba por el paganismo y todo tipo de prostitución y algunos hermanos querían vivir como ellos, pensando que las restricciones legalistas que dictaban la abstinencia sexual estaban fuera de moda y decían: “¡Nosotros somos superiores, hemos sido liberados de estas antiguas tradiciones!”
Los cristianos auténticos constantemente tenían que combatir esta influencia y muchos empezaban a decaer en su firmeza. Se cuestionaban acerca del mejor uso del sexo y del cuerpo en general. Algunos insistían en que tenían suficiente libertad de decisión, sin importar el amor genuino y sus consecuencias en sus relaciones con otros.
Sea de manera directa o indirectamente, aquellos que no asisten a la iglesia evangélica suelen decirnos que no te permiten bailar, fumar, tomar, ver esto y ver aquello, etc. Para hacerlo sencillo, no pierdas el tiempo en explicarles a necios cosas que no pueden o no quieren entender, porque te vas a enganchar en discusiones estériles que te van a hacer bajar de la cruz. Porque ellos creen que ser libres es hacer lo que ellos quieren, y hacer lo que ellos quieren es mentalmente y en todo sentido saludable, y con un par de ejemplos sencillos se le derrumbaría su hipótesis.
También en la actualidad presenciamos una absoluta liberación sexual, la cual nos afecta a todos, aun los que estamos dentro del pueblo de Dios. Se ha popularizado el dicho: “¡Si te gusta, hazlo!” Satanás nos seduce con la idea de que podemos gozar de nuestro libre albedrío, pero oculta la verdad de que ese estilo de vida nos esclaviza.

Además de las riña mencionadas por hacer valer sus derechos, había otro problema basado en el mismo error, que consistía en que querían gozar de absoluta libertad en el uso del cuerpo. La iglesia aparentemente había sido afectada por las actitudes locales acerca de esto y aspiraban a tener la autonomía de utilizarlo como les viniera en gana.

La sociedad en que vivían se caracterizaba por el paganismo y todo tipo de prostitución y algunos hermanos querían vivir como ellos, pensando que las restricciones legalistas que dictaban la abstinencia sexual estaban fuera de moda y decían: “¡Nosotros somos superiores, hemos sido liberados de estas antiguas tradiciones!”

Los cristianos auténticos constantemente tenían que combatir esta influencia y muchos empezaban a decaer en su firmeza. Se cuestionaban acerca del mejor uso del sexo y del cuerpo en general. Algunos insistían en que tenían suficiente libertad de decisión, sin importar el amor genuino y sus consecuencias en sus relaciones con otros.

También en la actualidad presenciamos una absoluta liberación sexual, la cual nos afecta a todos, aun los que estamos dentro del pueblo de Dios. Se ha popularizado el dicho: “¡Si te gusta, hazlo!” Satanás nos seduce con la idea de que podemos gozar de nuestro libre albedrío, pero oculta la verdad de que ese estilo de vida nos esclaviza.

A pesar de los riesgos del SIDA y otros azotes semejantes, la liberación sexual sigue a todo vapor. Un informe de prensa reciente indica que en una encuesta hecha entre mil universitarios estadounidenses, el sesenta por ciento dijo que no estaban dispuestos a abandonar sus prácticas sexuales libres, sin importar la amenaza del SIDA.

En la iglesia evangélica también existe la lucha contra la inmoralidad. Se hizo una investigación entre señoritas evangèlicas de ocho distintas agrupaciones y se descubrió que antes de llegar a los 18 años de edad, el 43 por ciento ya había tenido relaciones sexuales. No crea que esta tendencia sólo se da en grupos no cristianos. Aunque parezca que es más reducida en su ambiente, inexorablemente sigue su camino ascendente en todo el mundo.

Pablo muestra que el asunto básico gira alrededor de la pregunta: “¿Para qué estamos viviendo?” ¿Vivimos para satisfacernos a nosotros mismos? O, ¿para glorificar al Señor? ¿Cómo afecta a nuestra vida diaria el hecho de que el Señor nos ha librado de la esclavitud del pecado?

A pesar de los riesgos del SIDA y otros azotes semejantes, la liberación sexual sigue a todo vapor.:
Un informe de prensa reciente indica que en una encuesta hecha entre mil universitarios estadounidenses, el sesenta por ciento dijo que no estaban dispuestos a abandonar sus prácticas sexuales libres, sin importar la amenaza del SIDA.
Por otro lado, es necesario resaltar en forma autocrítica, que la iglesia en muchos sentidos y por muchos años y siglos, ha sido castradora y restrictiva en cuanto a la libertad del feligrés. Es cierto que le ha restringido la libertad en forma legalista y ha puesto amenazas inclusive de condenación eterna si hacía o dejaba de hacer ciertas cosas. Esto no es sólo de los católicos, sino de todas las denominaciones evangélicas, sin excepción. Y tenemos que reconocerlo. Que en la iglesia no se puede hacer esto, que afuera no se puede hacer esto otro, que el cristiano no debe usar aquello y mucho menos la cristiana vestirse de tal manera. Todas las denominaciones evangélicas pecaron de legalistas, rótulo que hoy que fuertemente peyorativo en el contexto evangélico, y que obviamente todos niegan. ¿Qué iglesia se autodenomina “legalista”?
Pablo muestra que el asunto básico gira alrededor de la pregunta: “¿Para qué estamos viviendo?” ¿Vivimos para satisfacernos a nosotros mismos? O, ¿para glorificar al Señor? ¿Cómo afecta a nuestra vida diaria el hecho de que el Señor nos ha librado de la esclavitud del pecado?
1 Corintios 6.12–20 RVR60
12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.13 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
1 CO
Pablo muestra que el asunto básico gira alrededor de la pregunta: “¿Para qué estamos viviendo?” ¿Vivimos para satisfacernos a nosotros mismos? O, ¿para glorificar al Señor? ¿Cómo afecta a nuestra vida diaria el hecho de que el Señor nos ha librado de la esclavitud del pecado?
1 co

1. d que tiene pensado para ti.

1 Corintios 6.12–14 RVR60
12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.13 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.
Déjame dar una definición de libertad. Libertad es la capacidad y posibilidad de decidir y/o hacer lo contrario a lo que hago. Si puedo hacer lo contrario a lo que hago y depende de mí la decisión, entonces soy libre de elegir entre una y otra posibilidad. Que lo haga o no es otra cosa, pero si está en mi la posibilidad, la capacidad, la habilidad de hacerlo allí soy libre para decidir. Podemos orientar esto particularmente a lo que es la voluntad de Dios: si puedo hacer o no hacer la voluntad de Dios, soy libre. Ahora, si Dios me está digitando o controlando de alguna manera para que haga o no haga su voluntad de acuerdo a un determinado plan escondido para mí (o que yo ignoro), yo ya no soy libre según esta definición. Y aun más, desconozco que no soy libre: creo que lo soy, que estoy eligiendo libremente, pero en rigor estoy siendo digitado, dirigido, controlado por un agente para hacer lo que yo no eligiría en otras circunstancias hacer. Estoy obligado hacer algo, sin saber que estoy siendo obligado. Y esto sería un error ético de parte de Dios, si fuera el caso.

1. Dos contrapuestos re-definidos

Esto es lo condenable, finalmente, de los mensajes subliminales. Te aportan información que te condicionan a pensar y actuar, sin que tengas tus facultades conscientes como para rechazar esa información que no sabes que la estás recibiendo. La información que viene a nosotros subliminalmente actúa sobre el inconsciente de cada uno, pero sin pasar por el consciente. O sea, hay alguien allí afuera que me está controlando y yo no lo sé; creo que actúo en libertad, con todas mis facultades pero alguien puso una idea dentro de mí, que no tuve la posibilidad de analizar, aceptar o rechazar.

El cuerpo es para el Señor

1) El Señor y el cuerpo
El cuerpo es para el Señor
El cuerpo es para el Señor
El Señor es para el cuerpo
El Señor es para el cuerpo

El cuerpo es para el Señor

El Señor resucitará nuestros cuerpos
El Señor resucitará nuestros cuerpos

El cuerpo es para el Señor

¡El cuerpo es para el Señor! Mi cuerpo se me ha dado por un motivo: para ser un instrumento para glorificar a Cristo (). El modo en que uso mi cuerpo y el modo en que lo cuido debería transmitir que la gloria de Cristo es plenamente gratificante.
Si esto lo rechazamos a nivel social, cuánto más la idea de que Dios nos condiciona y digita para hacer cosas que no deseamos hacer. Dios se contradiría además, ya que dice que la palabra debe ser proclamada desde las azoteas. Pablo dice que no encubrió nada. Y Dios mismo nos llama a tener discernimiento, y hacer uso de los sentidos para tenerlo. Me parece entonces difícil que Dios utilice un doble mensaje.
¡El cuerpo es para el Señor! Tu cuerpo se te ha sido dado por un motivo: para ser un instrumento para glorificar a Cristo (6:20). El modo en que usas tu cuerpo y el modo en que lo cuidas debería transmitir que la gloria de Cristo es plenamente gratificante.
Ahora bien, todo esto apunta a la aplicación práctica, sea el principio general del v. 12, sea el hecho concreto del v. 13a (que las viandas son para el vientre, pues la comida y el vientre pertenecen al período presente). Es muy importante la diferencia que se hace entre la vida digestiva y la vida sexual. Pablo no permitirá que tomen la declaración de libertad de acción del v. 12 y la apliquen a relaciones sexuales ilícitas. Los corintios probablemente decían que todos los apetitos corporales eran iguales, y “si la comida era para el cuerpo y el cuerpo para la comida, el cuerpo tenía que ser para el sexo y el sexo para el cuerpo”.
“El cuerpo no es para la fornicación” dice Pablo, sino que es para el Señor, y su destino no es la destrucción sino la resurrección, y es para el Señor aun en el presente. Es necesario comer, pero no es imprescindible tener una vida sexual activa como algunos pretenden. No es cierto que el ser humano “necesite” sí o sí tener relaciones sexuales. El razonamiento de Pablo es claro, pero muchos intentaban justificar sus acciones. Podremos pasar más o menos tiempo sin comer, pero es factible tener una vida equilibrada sin poner en acción nuestra sexualidad (a excepción del matrimonio).
Sin embargo, desde el punto de vista práctico, si bien es necesario comer, no es imprescindible tener una vida sexual activa como algunos pretenden. No es cierto que el ser humano “necesite” sí o sí tener relaciones sexuales. El razonamiento de Pablo es claro, pero muchos intentaban justificar sus acciones. Podremos pasar más o menos tiempo sin comer, pero es factible tener una vida equilibrada sin poner en acción nuestra sexualidad.
Pero cuando uno no tiene discernimiento –cuando es un niño– cuando no sabe lo que es bueno o malo, no sabe lo que le puede perjudicar o beneficiar, entonces tiene la necesidad de que gente que ame a esa persona lo adiestre, lo entrene, lo eduque para desarrollar en el futuro la capacidad de elección. Allí están los padres fundamentalmente. El rol de los padres en este sentido no es castrador, no es privador de la libertad, sino al contrario, es formador de un esquema o un tipo de vida según una norma que es la que le agrada a Dios.

El Señor es para el cuerpo

Seguidamente, Pablo se eleva a lo más sublime: la resurrección de Cristo. Si Dios a su Hijo le devolvió la vida física, sin duda bien puede hacer que nuestra regeneración alcance a nuestro cuerpo, sus instintos y sus potencialidades. Con frecuencia olvidamos que Dios no redime sólo nuestra alma, sino todo nuestro ser.

2. LA EDUCACIÓN Y LA LIBERTAD

Dice que no sólo el cuerpo es para el Señor, “El Señor es para el cuerpo”. Es decir, a Cristo el cuerpo no le resulta indiferente. Se preocupa por él. Pone un precio al uso que le damos. Hace del cuerpo su templo . Él es “para el cuerpo” —no contra él, y no indiferente a él.
En esto déjame decirte una cosa y quiero ser claro en este sentido: no hay enseñanza que no persiga un objetivo. En este sentido ninguna enseñanza es moralmente neutra, ninguna enseñanza es inocente. Al contrario, toda enseñanza está polarizada: Yo quiero que Fulano aprenda algo, y lo aprenda así y no de otra manera.

El Señor resucitará nuestros cuerpos

Por último, Pablo dice (): “Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros.” En otras palabras, el cuerpo nunca perderá su importancia. Algún día acabará en la tumba. Pero algún día será resucitado y restituido. Dios le dio a Jesús un cuerpo resucitado y Dios nos dará a nosotros un cuerpo resucitado. La resurrección es la declaración final de Dios de que Él es para el cuerpo.
Pensemos en la falacia de los sectores homosexuales sobre la educación sexual de los chicos. Ellos quieren erradicar ciertos preconceptos que tiene la sociedad de herencia católica –y es cierto: los tiene– para que el chico se críe en libertad, y que en el futuro él o ella elija libremente el tipo de sexo que quiere tener. Para esto, parten de las siguientes hipótesis: que el sexo biológico (el dado por los órganos sexuales) no tiene nada que ver con la inclinación mental sexual que él o ella quiere tener. Y hay que dejar que la mente, “libremente”, decida sin ningún tipo de condicionamiento biológico (o sea, el cuerpo físico es un obstáculo) cuál es la orientación sexual que quiere tener de por vida o no.
2) “Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos” (vv.13 y 14)
3) “Todas las cosas me son lícitas” (vv.12)

“Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos”

Si esta gente pensase un poco, se darían cuenta que están cayendo en el error de sectas paganas del siglo I y II, que establecían un dualismo cuerpo-alma, donde el alma estaba aprisionada en el cuerpo, y de alguna manera tenía que liberarse de ese cuerpo, y eso se consideraba la salvación. En el caso del gnosticismo el medio usado para la liberación y salvación era cierto conocimiento. Si tengo ese conocimiento puedo liberar mi alma –ser libre– y ser salvo.
Estos grupos de personas finalmente dicen que el sexo biológico es limitante y atrapa al alma libre dentro del cuerpo y no permite que ella se exprese. Por lo tanto, hay que educarlos de tal manera que sepan, que el sexo biológico no tiene por qué coincidir con el sexo mental.
¿Qué vamos a decir, por tanto, con respecto a la primera parte del versículo 13? “Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos.” Esto suena de modo totalmente opuesto a lo que hemos descrito antes. Suena como el siguiente argumento: el cuerpo acabará en la tumba de todos modos, así que no tiene importancia moral real. Sólo existe para procesar los alimentos durante un tiempo y luego se va.
Creo que éste es exactamente el significado que tenía en boca de algunos Corintios. Es probable que fuera un eslogan: “¡Alimentos para el estómago y el estómago para los alimentos!”—pásame las patatas. Es probable que también usaran este eslogan para referirse al sexo y a la bebida también. “¡Sexo para el cuerpo y el cuerpo para el sexo!” Seguramente por esta razón, Pablo pasa de los alimentos a la inmoralidad sexual en la segunda parte del versículo 13 (donde dice: “el cuerpo no es para la fornicación”).
Lo que esta gente está destruyendo es la necesaria formación de valores en el chico para que sí pueda decidir. Se lo está condicionando a no poder decidir o decidir mal. Claro que esto es totalmente subjetivo, me pueden decir, y añadir que yo también estoy condicionando a la criatura. Y es cierto. Toda educación es intencional. Nosotros creemos por fe, que según el diseño divino, el niño tiene que ser educado en ciertos principios, y tienen que recibir al Señor en su corazón y así poder tomar decisiones “libres”. Porque la Biblia dice que donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad. El Espíritu Santo es el que te da libertad, y aun libertad para poder rechazarlo, porque si no, no sería genuina libertad. Pero de no tener al Espíritu Santo, la persona no tiene libertad, y no puede decidir libremente.
De modo que la educación cristiana condiciona a la persona en este sentido: la orienta hacia un fin. No es moralmente neutra, sino que busca un objetivo: que según las Escrituras la persona pueda llegar a ser verdaderamente libre y allí, desde su libertad, saboreándola y comparándola con su vida anterior decidir si quiere permanecer en libertad o volver a la esclavitud del pecado.
Pero ¿para qué son las cosas de la creación, cuáles son su objetivo, para qué existen y fueron creadas, cuál es su durabilidad, cuáles son sus importancias relativas?
Pablo pone allí en el v. 13 el tema del estómago y de la vianda. El uno es para el otro: el estómago está puesto para recibir comida; esa es su función. La comida está para alimentar el cuerpo y el acceso a esa función es a través del estómago. Entonces, al estómago dale comida. No le des chatarra, vidrio o petróleo porque no va a funcionar. Pero además dice que “Dios destruirá a los dos”. Es decir, que eso es algo meramente temporal. O sea que aunque es importante y fundamental a nivel biológico, y si despreciamos tal importancia nos morimos, de todos modos, su importancia es relativa, porque es una función que tiene un tiempo limitado de aplicación.
De modo que aquellos padres que no se preocupan, ignoran o minimizan la importancia de este hecho, condicionan dramáticamente a sus hijos a esclavizarse a un sinnúmero de desórdenes espirituales y sociales.

3. NO TODO ME CONVIENE

Algunos de los corintios tenían tal visión del cuerpo que lo que hiciesen con él no tenía implicación moral. En incluso se jactaban de haber cometido incesto en la iglesia. Según su razonamiento, el cuerpo, los alimentos, la bebida y el sexo serían finalmente destruidos. Sólo habrá espíritus libres. Así, el cuerpo no importa. Puedes comer y beber y practicar el sexo tanto como quieras porque el cuerpo no tiene importancia moral. Lo que sabes y lo que crees es lo que realmente cuenta ().
Pablo se opuso a esta perspectiva con todas sus fuerzas. Les dio un nuevo eslogan radicalmente diferente: “El Señor es para el cuerpo y el cuerpo es para el Señor”. El cuerpo no será sólo destruido; será resucitado. El cuerpo no es indiferente desde el punto de vista moral. Es para la gloria de Dios.
Pero una vez que uno es libre tiene discernimiento de que hay cosas que convienen y hay otras que no convienen, y esto en diferentes órdenes. El pasaje dice: “todo me es lícito, mas no todo me conviene”. Es decir, Pablo observa en concordancia con lo que decía unos capítulos atrás, que el mundo es nuestro, de modo que todo es lícito. En otras palabras, Dios no te prohíbe nada; ni siquiera pecar. Desde el momento que eres libre y maduro, y tienes suficiente discernimiento haz lo que quieras: todo está a tu disposición.
De modo que lo que nos encontramos en los versículos 13 y 14 es un eslogan corintio que justifica la inmoralidad, la embriaguez y el apetito desenfrenado, y la respuesta de Pablo al mismo.
Pero la mente madura y con discernimiento (en el Nuevo Testamento por lo general ambas cosas son sinónimas), sabe que hay cosas que convienen y otras que no convienen. Es más, el apóstol dice que hay cosas que pueden dominarlo, y él desde su posición de libertad señala: “no me dejaré dominar por ninguna”. Y es claro, que cuando algo te domina, pierdes la libertad en esa área. Jesús dice, “el que peca, es esclavo del pecado”. Ya no eres más libre en esa área; volviste a la esclavitud. Procura, entonces, deshacerte de ese pecado, si quieres volver a ser libre. En esa área, el Espíritu Santo no está trabajando. En esa área, no estás fluyendo en el poder del Espíritu.
Tú tienes que entender que no todo te conviene. Pero no sólo con referencia al pecado propiamente dicho. Hay actividades que tampoco convienen. Si eres casado, hay cosas que sin ser pecado, no conviene hacerlas. Si eres soltero, hay cosas que sin ser pecado tampoco conviene hacerlas. Si estás trabajando en una determinada empresa, hay cosas que no conviene hacerlas. Si estás en un determinado ministerio, hay cosas que no conviene hacerlas.

“Todas las cosas me son lícitas” (Los Contrapuestos)

¿Por qué? Déjame darte tres razones:
Encontramos un caso similar en el versículo 12: un eslogan y la respuesta de Pablo.
• Primero, no te reportan nada positivo para crecer en esa área. Si no creces en el área que te compete, estás perdiendo el tiempo.
“Todas las cosas me son lícitas,”
pero no todas son de provecho.
• Segundo, son un factor de distracción, de desconcentración, y eventualmente te pueden desviar de tu objetivo.
“Todas las cosas me son lícitas,”
• Tercero, te pueden enganchar sí en una relación pecaminosa.
En este sentido, acepta el consejo de quienes han transitado anteriormente por ese camino. O de aquellos que se han pegado suficientes golpes como para evitar que te los pegues tú mismo.
pero yo no me dejaré dominar por ninguna.
BTX Todas las cosas me son lícitas, pero no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna de ellas.
DHH-LA Se dice: “Yo soy libre de hacer lo que quiera.” Es cierto, pero no todo conviene. Sí, yo soy libre de hacer lo que quiera, pero no debo dejar que nada me domine.
LBLA Todas las cosas me son lícitas, perono todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna.
NVI «Todo me está permitido», pero no todo es para mi bien. «Todo me está permitido», pero no dejaré que nada me domine
No es que ahora que eres cristiano/a evangélico/a no puedes hacer esto o aquello. Yo no soy ningún policía, ni tengo secuaces que te estén espiando. Haz lo que quieras, pero sabe que no yo, sino el Señor te está advirtiendo que no todo conviene. Te llama a que reflexiones para que no te metas en líos y pierdas tu libertad espiritual. Te llama a desarrollar el discernimiento.
También podría darse el caso de que las palabras “Todas las cosas me son lícitas” perteneciesen a las propias enseñanzas de Pablo, porque no niega que sean verdaderas. No dice: “No, para mí NO todas las cosas son lícitas.” De hecho creo que está de acuerdo con el eslogan. Pero con él se refiere a algo muy diferente del significado que tenía para el libertino pueblo de Corinto.
Se refiere a que cuando se deja de vivir según las listas legales de lo que se debe y no se debe hacer, se debe empezar a vivir según el amor y la libertad cristianos. Sí, la antigua ley de la carta que coacciona la carne con amenazas debería ser el inicio. Ya no estamos bajo la ley (), estamos bajo el dominio de la gracia. ¿Y ahora, qué?
De modo que si alguien te invita a algún lado, a alguna actividad, a alguna conversación…, antes de decir sí o no, piensa: ¿Te conviene? ¿Te edifica? ¿Creces en el Señor? ¿Esa actividad o lugar glorifica a Dios? ¿Te acerca a Dios? ¿Te llena del Espíritu Santo? ¿Fomenta mi comunión con mis hermanos? ¿Me hace tener más revelación del Espíritu?
La educación y la libertad (ANEXO)
No hay enseñanza que no persiga un objetivo. En este sentido ninguna enseñanza es moralmente neutra, ninguna enseñanza es inocente. Al contrario, toda enseñanza está polarizada: Yo quiero que Fulano aprenda algo, y lo aprenda así y no de otra manera.
Pensemos en la falacia de los sectores homosexuales sobre la educación sexual de los chicos. Ellos quieren erradicar ciertos preconceptos que tiene la sociedad de herencia católica –y es cierto: los tiene– para que el chico se críe en libertad, y que en el futuro él o ella elija libremente el tipo de sexo que quiere tener. Para esto, parten de las siguientes hipótesis: que el sexo biológico (el dado por los órganos sexuales) no tiene nada que ver con la inclinación mental sexual que él o ella quiere tener. Y hay que dejar que la mente, “libremente”, decida sin ningún tipo de condicionamiento biológico (o sea, el cuerpo físico es un obstáculo) cuál es la orientación sexual que quiere tener de por vida o no.
Si esta gente pensase un poco, se darían cuenta que están cayendo en el error de sectas paganas del siglo I y II, que establecían un dualismo cuerpo-alma, donde el alma estaba aprisionada en el cuerpo, y de alguna manera tenía que liberarse de ese cuerpo, y eso se consideraba la salvación. En el caso del gnosticismo el medio usado para la liberación y salvación era cierto conocimiento. Si tengo ese conocimiento puedo liberar mi alma –ser libre– y ser salvo. (PARÉNTESIS GNOSTICISMO)
Estos grupos de personas finalmente dicen que el sexo biológico es limitante y atrapa al alma libre dentro del cuerpo y no permite que ella se exprese. Por lo tanto, hay que educarlos de tal manera que sepan, que el sexo biológico no tiene por qué coincidir con el sexo mental. Esta es la base de la IDEOLOGÍA DE GÉNERO.
El condicionamiento biológico no determina o no guarda relación con el condicionamiento sociológico.
Toda educación es intencional. Nosotros creemos por fe, que según el diseño divino, el niño tiene que ser educado en ciertos principios, y tienen que recibir al Señor en su corazón y así poder tomar decisiones “libres”. Porque la Biblia dice que donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad. El Espíritu Santo es el que te da libertad, y aun libertad para poder rechazarlo, porque si no, no sería genuina libertad. Pero de no tener al Espíritu Santo, la persona no tiene libertad, y no puede decidir libremente. ES ES NUESTRA SOCIALIZACIÓN PRIMARIA.
De modo que la educación cristiana condiciona a la persona en este sentido: la orienta hacia un fin. No es moralmente neutra, sino que busca un objetivo: que según las Escrituras la persona pueda llegar a ser verdaderamente libre y allí, desde su libertad, saboreándola y comparándola con su vida anterior decidir si quiere permanecer en libertad o volver a la esclavitud del pecado.
6 h al día x 5 días son 30 horas semanales. En cómputo anual serían 365 días menos 140 d (que son 4 meses y medio de vacaciones y festivos) = a 225 días menos 64 d de f.semana quedan 161x 30 horas = son 4830 horas
De modo que aquellos padres que no se preocupan, ignoran o minimizan la importancia de este hecho, condicionan dramáticamente a sus hijos a esclavizarse a un sinnúmero de desórdenes espirituales y sociales.
Comentario bíblico del continente nuevo: 1 Corintios 3. EL CUERPO ES DEL SEÑOR (6:12–20)

PREGUNTAS DEL CRISTIANO SOBRE SU CONDUCTA (6:12)

1. Lo que quiero hacer, ¿es lícito? ¿lo admiten las leyes y las buenas costumbres?

2. Además, ¿es conveniente para el reino de Dios, el prójimo y yo mismo?

3. ¿Soy yo quien lo decide o me estoy dejando dominar?

4. ¿Con ello glorifico a Dios? (20b)

Es cierto que estamos libres de reglas y regulaciones, pero no somos libres para pecar. La libertad cristiana nunca es libertinaje. La libertad cristiana no quiere decir que soy libre para hacer lo que se me antoje, sino que he sido libertado para hacer lo que agrada a Cristo. Es más, la «libertad para pecar» es en realidad la peor clase de esclavitud. «Pero», decimos, «si Dios nos dio estos apetitos físicos, debe querer que los usemos». Sí, cierto; los usamos, pero no abusamos de ellos. Mi cuerpo es del Señor; y si vivo en pecado, ese pecado me destruirá y un día Dios me juzgará.

2. Dos indicaciones para la vida

Si estas preguntas dan un “no” por respuesta, ¿entonces para qué lo haces? ¿para qué te enganchas? Es algo que ciertamente no te conviene y tienden a que pierdas tu libertad. No es que no puedes hacerlas, sino que decides no hacerlas porque no te reportan nada para tu crecimiento y conocimiento el Señor. Tú tienes que desarrollar tu discernimiento. Si no lo desarrollas tú, nadie lo va a hacer por ti, y vas a ser la persona más miserable del mundo porque no sabrás diferenciar entre mano derecha ni mano izquierda.
En el versículo 12, Pablo responde con dos indicaciones que yo he llamado la ley del amor y la ley de la libertad.

4. EL DISCERNIMIENTO DE LA CREACIÓN: NUESTRO CUERPO

Una de las cosas que debemos aprender a discernir es para qué son las cosas de la creación, cuáles son su objetivo, para qué existen y fueron creadas, cuál es su durabilidad, cuáles son sus importancias relativas.

1) La ley del amor

Primero dice: “De acuerdo, todas las cosas están permitidas en cierto sentido, no debemos vivir bajo restricciones legales externas; PERO NO TODAS LAS COSAS SON DE PROVECHO.” Dicho de otro modo, no hay que preguntar: “¿Qué TENGO que hacer?”, sino “¿Qué es DE PROVECHO hacer?”
Pablo pone allí en el v. 13 el tema del estomago y de la vianda. El uno es para el otro: el estómago está puesto para recibir comida; esa es su función. La comida está para alimentar el cuerpo y el acceso a esa función es a través del estómago. Entonces, al estómago dale comida. No le des chatarra, vidrio o petróleo porque no va a funcionar. Pero además dice que “Dios destruirá a los dos”. Es decir, que eso es algo meramente temporal. O sea que si bien es importante y fundamental a nivel biológico, y si despreciamos tal importancia nos morimos, de todos modos, su importancia es relativa, porque es una función que tiene un tiempo limitado de aplicación.
Pero después dice que el cuerpo no es para fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y no dice que Dios los va a destruir a ambos, de modo que me da a entender que esto tiene una perspectiva eterna; no es algo temporal o momentáneo.
Se llama ley del amor porque es el amor el que quiere ser de provecho para los demás. Pablo establece la conexión entre lo bueno y el amor de forma aproximada. En se explica que ser de provecho es ser edificante para los demás: “Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica”. Las cosas de provecho son las que edifican a los demás en la fe.
Fornicación es el acto sexual fuera del matrimonio. Sea una fornicación casual, eventual, o ya sea algo decidido como estilo de vida alternativo al matrimonio. Aquí no es lo que decida el hombre e inclusive la mayoría o toda la humanidad; es lo que define Dios. Y el domingo pasado leímos que los fornicarios no entran en el reino de Dios. ¿Por qué? Porque el cuerpo no es para fornicación. Estás empleando tu cuerpo para otra cosa, no para lo cual lo diseñó Dios.
Pero también mira como en Pablo relaciona el acto de amor con el acto de edificar a los demás. “El conocimiento envanece, pero el AMOR EDIFICA”. Entonces, si el amor es lo que edifica y edificar es lo que Pablo entiende como ser de provecho, en 6:12 (cuando dice: “no todas las cosas son de provecho) hace referencia a que debemos dejar que nuestras vidas se guíen por la ley del amor.
Si metes en tu estómago algo que no es comida, todo tu cuerpo se va a resentir y eventualmente morir. Si a tu cuerpo le das fornicación, todo tu ser se va a resentir y espiritualmente vas a morir. Así de simple.
Seguramente en esta “ley” pensaba Pablo en cuando decía: “Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. Y en cuando dice:
1 Corintios 9.20–22 RVR60
Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.
1 Corintios 9.21 LBLA
a los que están sin ley, como sin ley (aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) para ganar a los que están sin ley.
, cuando dice: “a los que están sin ley, como sin ley (aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) para ganar a los que están sin ley”. No estamos bajo la ley como mera limitación externa. Estamos en gracia, lo que implica una limitación interna hacia el amor, es decir, a ser de provecho y a edificar a los demás en la fe.
No estamos bajo la ley como mera limitación externa. Estamos en gracia, lo que implica una limitación interna hacia el amor, es decir, a ser de provecho y a edificar a los demás en la fe.
No estamos bajo la ley como mera limitación externa. Estamos en gracia, lo que implica una limitación interna hacia el amor, es decir, a ser de provecho y a edificar a los demás en la fe.
No estamos bajo la ley como mera limitación externa. Estamos en gracia, lo que implica una limitación interna hacia el amor, es decir, a ser de provecho y a edificar a los demás en la fe.
El cuerpo es para el Señor y el Señor es para el cuerpo. Dios diseñó nuestro cuerpo para estar unido al Señor, y el Señor tiene por objeto utilizar nuestro cuerpo para manifestar su gracia y presencia. Pero para ello debes estar unido al Señor, y no a otra persona mediante la fornicación.

2) La ley de libertad

En segundo lugar, Pablo dice en 6:12 “Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna”. En otras palabras, no sólo dejes que tus acciones se guíen por la Ley del Amor, sino que también se guíen por la Ley de la Libertad. No preguntes “¿Se me permite hacer esto como cristiano?”, sino “¿Soy esclavo de este acto? ¿Se está convirtiendo este alimento o bebida, el sexo o este hobby o trabajo en mi maestro en lugar de en mi sirviente?”
En el Antiguo Testamento se utiliza muchas veces la expresión “fornicación con los dioses”, como sinónimo de idolatría. Y esto por varias razones. En principio porque uno se rinde al dios falso, se somete a él, pero también porque había prácticas sexuales relacionadas con la adoración a ciertos dioses (era muy común la prostitución cúltica masculina y femenina en aquellos tiempos como forma de adoración), algo que desde la perspectiva del Nuevo Testamento es algo aberrante. La idolatría sería una fornicación espiritual. Pero la realidad espiritual, es que cuando uno está adorando a otros dioses (cuando está en fornicación espiritual), tarde o temprano llega a la fornicación natural. Porque los falsos dioses que estás adorando –es decir, los demonios– te conducen a esa práctica degradante.
¿Qué es la LEY DE LIBERTAD? Es simplemente el control del Espíritu Santo desde el interior. En , Pablo dice: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha libertado de la ley del pecado y de la muerte”. Dicho de otro modo, la labor del Espíritu es una LEY DE LIBERTAD. Libera del poder del pecado y de la muerte.
El cuerpo está hecho para el Señor y no para fornicación. Y los demonios te llevan a fornicar. Pero Pablo revela algo más en los vv. 15s: mediante la fornicación uno se une a una ramera, y recíprocamente. Te haces una carne –un cuerpo, aclara– con ella. Este es un misterio. Es tremendo en el tema matrimonial, y es una verdad bíblica. Pero sólo dentro del contexto matrimonial esto está permitido por Dios, porque es justamente lo que se pretende que exista: un solo cuerpo. Pero fuera del contexto matrimonial, uno se estaría uniendo ilegítimamente con una mujer o un hombre, que quizá, están unidos a otro u otros hombres y mujeres. Es más, hoy no es sorpresa que pueden estar unidos sexualmente por personas del mismo sexo, o con animales. ¿Cuál es el grado de perversión que no existe en el día de hoy?
Romanos 8.2 RVR60
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
2 Corintios 3.17 RVR60
Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
;
Santiago 1.25 RVR60
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
Y después dices: “¿por qué tendré problemas en mi matrimonio?” Y concluyes: “mejor hubiera sido no casarse y vivir juntos y listo”. La pregunta es: ¿cuántos están conviviendo o compartiendo espiritualmente ese lecho matrimonial? ¿A cuántos están unidos el uno y el otro? ¿Te das cuenta la importancia de la sanidad interior y liberación antes del matrimonio?
Santiago 2.12 RVR60
Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.
Por tanto, dos son las leyes que rigen el comportamiento y las costumbres de un cristiano: la ley del amor (“¿Es esto de provecho, edifica?”), y la ley de la libertad (“¿Esto me dominará, me convertirá en adicto?”).
Por tanto, dos son las leyes que rigen el comportamiento y las costumbres de un cristiano: la ley del amor (“¿Es esto de provecho, edifica?”), y la ley de la libertad (“¿Esto me dominará, me convertirá en adicto?”).

Relación entre ambas leyes (l. amor y l. libertad)

De modo que la culpa no la tiene el matrimonio, sino nosotros con las perversiones que introducimos –quizá en ignorancia– en el matrimonio. No me extrañaría que mucho espíritu de celos dentro del matrimonio ocurra por esto. No es que él o ella está engañando a su conyuge, sino que hay personalidades demoníacas que está conviviendo en ese matrimonio a causa fornicaciones pasadas cuyas relaciones espirituales no fueron cortadas. Y dentro de un ratito te voy a mostrar otra realidad espiritual que avala lo que estoy diciendo.
Relación entre ambas leyes
E inmediatamente Pablo señala: “pero el que se une al Señor, es un espíritu con él”. Cuando tú entregas tu cuerpo al Señor, te unes espiritualmente con él. El cuerpo y el Espíritu no son dos cosas separadas e inconexas la una con la otra. Lo que decides hacer con tu cuerpo repercute inmediatamente en tu espíritu; es más, lo haces en tu espíritu.
Si nos preguntamos por la relación entre ambas leyes, ofrece una respuesta:
Gálatas 5.13 RVR60
Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.
La libertad es más fundamental que el amor. La libertad interior es el manantial; el amor es el agua que brota como “provecho” para los demás. El trabajo interior del Espíritu Santo, que nos libera de la esclavitud de todo excepto de Dios, es la fuente del amor.
• Si entregas tu cuerpo para servir al Señor, eres un espíritu con él; te unes espiritualmente con él. La promesa es que el mismo Espíritu que resucitó a Jesucristo te resucitará el último día (v. 14). Estás en el mismo Espíritu.
Así que el reto más básico que se nos presenta en es: ¡mantén tu libertad en Cristo! ¿Puedo decir como Pablo “no me dejaré dominar”?
1 Corintios 6.15–20 RVR60
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

3. Dos motivos bíblicos para vivir en libertad

• Si entregas tu cuerpo en fornicación te haces un cuerpo con él o ella, pero al mismo tiempo te estás rindiendo a un espíritu de fornicación. Y de hecho es un acto de idolatría, porque le creíste más a ese demonio que a Dios mismo.

5. PECADO EN EL CUERPO Y FUERA DEL CUERPO

Termino con dos motivos bíblicos de por qué se debe luchar para liberarse de cualquier tipo de dominio, ya sea la comida, la bebida, la lujuria, la pereza o el trabajo. Primero, porque la esclavitud es tan peligrosa. Y segundo, porque la libertad es tan maravillosa.
Pablo no puede decirse que sea de aquellas personas que se definan como “cobardes”. Pero exhorta: “Huid de la fornicación”. Es un hecho y un espíritu muy fuerte. Y allí viene este versículo que ha sido motivo de discusión y se han dado hasta 30 posibilidades diferentes: “que el que fornica peca contra su propio cuerpo.” Pero déjame decirte lo que pienso al respecto, y este pensamiento se elabora a la luz de lo que viene diciendo Pablo y lo que va a seguir diciendo, y en especial cuál es la función de nuestro cuerpo en los planes de Dios. Pablo había dicho que el cuerpo es para el Señor y el Señor es para el cuerpo (v. 13). El objetivo del cuerpo es unirse al Señor y ser un espíritu con él (v. 17). Pero luego va a decir, hablando en el contexto matrimonial, que “La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (7:4).

1) El peligro de la esclavitud

Lo que hace la fornicación que no hace otro pecado es atentar contra el diseño de Dios para el cuerpo dentro del plan de redención que Dios tiene para cada uno. Dios planeó el cuerpo para el Señor, pero el hombre, al fornicar, pone su cuerpo a disposición de una mujer. Es decir, por el acto sexual, el hombre le da la autoridad a la mujer sobre su cuerpo, en lugar de entregársela al Señor, y recíprocamente en el caso de la mujer, que en lugar de entregar su cuerpo al Señor, se lo entrega a un hombre.
Primero, la esclavitud es realmente peligrosa. Me refiero a lo siguiente: el persistente rechazo a decir NO a una costumbre dominadora (como el apetito desenfrenado) implica el riesgo de que tu conciencia se endurezca, de modo que ya no te sientas culpable por dicha esclavitud. Y después otras costumbres se justificarán más fácilmente y pronto podría suceder que todo el concepto bíblico de lucha espiritual, vigilancia, abnegación y autocontrol desaparezca de tu vida.
“Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!” ¿Crees que estás más allá de la posibilidad de que tu fe naufrague? ¿De dónde crees que surgen los renegados y los apóstatas? Son gente que, poco a poco, ignora la voz de Dios en sus propias conciencias con respecto a cosas que aparentemente no son importantes.
Y esto coincide con lo que decíamos anteriormente. Cuando uno tiene una relación fornicaria, el hombre le está dando la autoridad sobre su cuerpo a una mujer y recíprocamente. El cuerpo de uno ya no es de uno, sino de su pareja por medio de la fornicación. Entonces cuando te casas legítimamente sin haber cortado esto, tú no tienes autoridad para entregar tu cuerpo a tu cónyuge, porque no tienes autoridad para ello; la autoridad la tiene la otra persona con la que tuviste relaciones sexuales previamente. Nunca se va a poder consumar totalmente ese matrimonio, porque hay otras personalidades que tienen autoridad sobre sus cuerpos.
¿Qué quería decir Pablo cuando escribió a los filipenses: “Porque muchos andan como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito” ()?
En la parte espiritual pasa exactamente lo mismo. La fornicación te desautoriza a que puedas entregar tu cuerpo al Señor; porque la autoridad se la diste a tu pareja en aquella aventura. Y esto nuevamente tiene que ver con aquel famoso texto de , : “no unáis en yugo desigual con los incrédulos… ¿qué acuerdo tiene el templo de Dios con el templo de los ídolos?”
Si tú estás unido con un incrédulo/a, la parte incrédula tiene autoridad sobre tu cuerpo. Ahora tú como cristiano, en conformidad a las Escrituras, quieres entregar tu cuerpo al Señor. Pero tu cónyuge te va a decir “no quiero”. ¿Y adivina quién gana? La parte incrédula. ¿Por qué? Porque tú no tienes autoridad sobre tu cuerpo, la tiene la otra parte; tú se la diste en el acto sexual. ¿Cuál es la consecuencia de todo esto? O se rompe el matrimonio o se rompe tu relación con Dios. Porque eres un cuerpo con tu cónyuge, y dos no pueden andar juntos si no estuvieran de acuerdo. ¿Qué es lo que siente la parte incrédula? “Me estás abandonado por otro/a. Jesús compite conmigo. Tu iglesia, tu pastor nos están separando.” Y cada uno pelea, como es lógico, por lo suyo. Y ese cuerpo le pertenece al cónyuge aunque sea pagano. Y esto es bíblico; es un principio.
¿Cómo se alejaron Himeneo y Alejandro del Señor? nos dice: “guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe. Entre los cuales están Himeneo y Alejandro”. ¿Cuáles crees que serán las consecuencias espirituales de negar día tras día la voz de tu conciencia y ceder ante la esclavitud de la comida, la bebida o la lujuria?
Pero si los dos cónyuges están tirando para el mismo lado, los dos son creyentes, entonces ninguna de las dos partes va a poner resistencia, porque ese cuerpo ahora unido está pensado para unirse con el Señor.
¿Qué quería decir Pablo cuando escribió a los filipenses: “Porque muchos andan como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito” ()?
Filipenses 3.18–19 RVR60
Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.
¿Por qué Pablo ordenó a los corintios: “Corred de tal modo que ganéis. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado” ()
1 Corintios 9.25–27 RVR60
Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
Pablo dice que el cuerpo es templo del Espíritu Santo (v. 19). Dos cuerpos que son templo del Espíritu Santo, al unirse en matrimonio, al unirse en matrimonio, forman un cuerpo, forman un solo templo, y como hay un solo Espíritu Santo no hay ningún problema. Pero si uno es templo del Espíritu y el otro es templo de los demonios, porque no es cristiano… va a haber problemas. En un mismo templo no pueden coexistir el Espíritu Santo y los demonios, la luz y las tinieblas. Y como la parte cristiana perdió autoridad por unirse en desobediencia a un incrédulo/a, esa es la parte que va a ceder, y lo que sucede es que la parte creyente se hace mundana, más que el mundano se haga creyente.
¿Por qué Pablo ordenó a los corintios: “Corred de tal modo que ganéis. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado” ()?
1 Co 9.25.27
¡Dios ha dicho todas estas cosas por nuestro bien! ¡Están ahí para que podamos darnos cuenta de que controlar el propio cuerpo no es un asunto menor! “Todas las cosas me son lícitas, ¡PERO YO NO ME DEJARÉ DOMINAR POR NINGUNA!”. No he sido creado para que la gula o la lujuria me guíen con sus correas como un perro.

6. NUESTRA ACTITUD CRISTIANA

¿Por qué dijo Jesús: “Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno”?
Pablo termina diciendo a los creyentes de Corinto, y también a los de la Iglesia Evangélica “El Mesías” que todo cristiano/a tiene que saber que no es dueño de sí mismo/a. Al haber sido comprado/a por Cristo, fuimos salvos, pero ahora tenemos dueño: Jesucristo. El hecho de que “el cuerpo sea para el Señor”, es una evidencia del orden que debe reinar ahora en nuestras vidas. Si Cristo es mi Señor, es mi dueño. Es dueño de mi cuerpo y de mi espíritu. Y debo glorificarlo a Dios –dice la palabra (v. 20)– en mi cuerpo y en mi espíritu, que ambos les pertenecen a Dios.
Yo no puedo hacer lo que quiero con mi cuerpo, porque hay un diseño divino con él, que finalmente es lo mejor para mí. Dios pensó lo mejor para mí. Dios quiere darme el más alto grado de felicidad. Dios quiere darme la dicha más grande. Por eso hay muchas cosas que no te conviene hacerlas, porque te hunden en problemas, de meten en dificultades, en sinsabores, en dolores, en sufrimientos innecesariamente. Pero la peor de las decisiones que puedes tomar es la fornicación porque te desautoriza. Y más de una vez hemos dicho que en el Reino de Dios la autoridad es clave. Tú pierdes la autoridad en el Reino de Dios y ya juegas a la religión, vienes a la iglesia como mecanismo rutinario, es un cucú que sale los domingos por la mañana para que vayas al culto. “¡Huye de la fornicación!”, exhorta Pablo, pero literalmente dice “Continúa huyendo de la fornicación”, es decir, resiste constantemente y no cedas la tentación de unirte sexualmente con una persona que no sea tu cónyuge, porque vas a perder como en la guerra.
¡Dios ha dicho todas estas cosas por nuestro bien! ¡Están ahí para que podamos darnos cuenta de que controlar el propio cuerpo no es un asunto menor! “Todas las cosas me son lícitas, ¡PERO YO NO ME DEJARÉ DOMINAR POR NINGUNA!” Suelta las ataduras de tu cuerpo. No has sido creado para que la gula o la lujuria te guíen con sus correas como un perro.

2) La maravilla de la libertad

CONCLUSIÓN
La segunda razón por la que debemos luchar para liberarnos de toda esclavitud es porque la libertad es realmente maravillosa.
Es muy fácil, hermanos, glorificar a Dios en nuestro espíritu. Dios es Espíritu, y él busca adoradores que lo adoren en Espíritu, pero allí no termina la verdad del asunto, y hay que adorarlo en Espíritu y verdad. Y la verdad es que también hay que adorarlo con nuestro cuerpo. El objetivo que Dios le dio a nuestro cuerpo es que sea el instrumento qué él utilice para manifestar su gracia al mundo perdido. Por eso tienes que entregar tu cuerpo al Señor. El cuerpo fue diseñado para ello. Cuando tú te unes al Señor y entregas tu cuerpo a él, ¿qué estás haciendo? Le estas dando a Jesús la autoridad de tu cuerpo. Y Dios no te va a perjudicar con tu cuerpo, sino que te lo lleva a la libertad.
Las tendencias sexuales de la sociedad actual te dicen que tú eres dueño de cuerpo, y puedes hacer con él lo que quieres. Dios tiene planes superiores para tu cuerpo, que van a redundar en felicidad, en plenitud de vida, y sobre todo en libertad. El cuerpo no es para hacer con él lo que quieras. Si quieres cambiar de sexo, cortas o coces. ¿Por qué no te pones brazos adicionales o piernas adicionales para caminar más rápido? ¿Por qué no te adicionas un par de cabezas más para pensar un poquito más y tener ya ocho o diez dedos de frente? No es cuestión de llenarse de hormonas el cuerpo para darle satisfacción a la lujuria de tu carne.
“Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba”, dice el apóstol Pablo (). ¡Ceder de forma persistente a los excesivos deseos del cuerpo en contra de la voz de la conciencia implica una vida de miseria!
Romanos 14.22 RVR60
¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.
Romanos 14.22 RVR60
¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.
Pero enfrentarse y hacer lo contrario, aprovechar la ley del Espíritu de vida interior, y sentir que uno mismo porta el fruto de dominio propio, y doblegar al cuerpo rebelde para que se someta, de modo que ya no sea un maestro, sino un sirviente –¡Eso sí que es la victoria y la alegría!
En ese caso el cuerpo vive bajo la esclavitud de la naturaleza caída. No es libre. El Señor es el que da libertad. Pero es tal el amor de Dios, que cuando entregas tu cuerpo al Señor, y tú le das la autoridad sobre tu propio cuerpo a él, no obstante, si quieres abandonar esa libertad que él te dio, puedes hacerlos y esclavizarte nuevamente. Pero Dios quiere que disfrutes la libertad que sólo el Espíritu Santo te puede dar. Es la mejor condición para el hombre, es el propósito que él tiene para nosotros, para con nuestro cuerpo.
Hermanos y hermanas, por nosotros se pagó un precio. Nuestros cuerpos importan. Son el templo del Espíritu Santo. Glorifiquemos a Dios en nuestros cuerpos: recibamos sus regalos de placer con gratitud, y rechacemos todo exceso, uniéndonos a la majestuosidad liberadora de Él.
Es cierto que no podemos unirnos físicamente con el Señor. Pero sí podemos lograr una unión mucho más profunda que, partiendo del espíritu, nos transforma en una unidad existencial con él. Pablo va insertando estas grandes verdades doctrinales en medio de un tema áspero (1 Co. 6.12, 14, 17, 20). Pero no se olvida de lo que está tratando. Sino que considera que debe ser enérgico y su mandamiento es firme: “Huid de la fornicación” (18a). Para poner un ejemplo práctico, es como si dijera que no pasemos por calles donde hay prostíbulos, ni comentemos estos temas (Ef. 5:2), sino que crucemos a la otra acera cuando veamos a alguien que nos tienta a pecar. Cuando la tentación es a la fornicación, la recomendación apostólica no es luchar, sino huir, escapar como de la peste.
Es cierto que no podemos unirnos físicamente con el Señor. Pero sí podemos lograr una unión mucho más profunda que, partiendo del espíritu, nos transforma en una unidad existencial con él. Pablo no habló de luchar contra la fornicación, dijo “Huid de la fornicación” (18a). Cuando la tentación es a la fornicación, la recomendación es huir, escapar como de la peste.
Es cierto que no podemos unirnos físicamente con el Señor. Pero sí podemos lograr una unión mucho más profunda que, partiendo del espíritu, nos transforma en una unidad existencial con él. Pablo va insertando estas grandes verdades doctrinales en medio de un tema áspero (, , , ). Pero no se olvida de lo que está tratando. Sino que considera que debe ser enérgico y su mandamiento es firme: “Huid de la fornicación” (18a). Para poner un ejemplo práctico, es como si dijera que no pasemos por calles donde hay prostíbulos, ni comentemos estos temas (), sino que crucemos a la otra acera cuando veamos a alguien que nos tienta a pecar. Cuando la tentación es a la fornicación, la recomendación apostólica no es luchar, sino huir, escapar como de la peste.
Da una razón: “El que fornica, contra su propio cuerpo peca” (v. 18). No se trata sólo de que hayamos ofendido a Dios, haciendo lo contrario a lo que él mismo dispuso en la creación, sino que estamos actuando contra nuestro propio bienestar físico (Aunque el pecado sexual no es necesariamente el peor pecado, es el más singular. Nace en el mismo cuerpo (codicia, lujuria) y va hacia la gratificación personal. Se comporta como ningún otro impulso lo hace, y cuando se satisface afecta al cuerpo como ningún otro pecado. Tiene una manera únika de destruir al cuerpo internamente. Ya que la intimidad sexual es la unión más profunda de dos personas, su mal uso corrompe al nivel más profundo—corrompe la mente, provoca lujuria, arruina relaciones, etc.). Pero ¿no es más grave pecar en el campo espiritual? Esto también es espiritual, declara Pablo, ya que el cuerpo “es templo del Espíritu Santo” (v. 19a).
Porque no solo ofendemos a Dios sino que actuamos contra nuestro propio bienestar físico (y es que aunque el pecado sexual no es necesariamente el peor pecado, es el más singular. Nace en el mismo cuerpo (codicia, lujuria) y va hacia la gratificación personal. Se comporta como ningún otro impulso lo hace, y cuando se satisface afecta al cuerpo como ningún otro pecado. Tiene una manera única de destruir al cuerpo internamente. Ya que la intimidad sexual es la unión más profunda de dos personas, su mal uso corrompe al nivel más profundo—corrompe la mente, provoca lujuria, arruina relaciones, etc.). Pero ¿no es más grave pecar en el campo espiritual? Esto también es espiritual, declara Pablo, ya que el cuerpo “es templo del Espíritu Santo” (v. 19a).
Hemos hablado del cuerpo con el tema de la fornicación. Pero cabe hablarlo con los tatuajes y los piercings, el cortarse (lacerarse), el quemarse y cualquier marca que quieras infligirle a tu cuerpo. El cuerpo es para el Señor, el cuerpo es del Señor. Entrégaselo a él y disfruta de la libertad que tiene pensado para ti.
Hermanos y hermanas, por nosotros se pagó un precio. Nuestros cuerpos importan. Son el templo del Espíritu Santo. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos: reciban sus regalos de placer con gratitud, y rechacen todo exceso mediante la adicción liberadora a la majestuosidad de Él.
Da una razón: “El que fornica, contra su propio cuerpo peca” (v. 18). No se trata sólo de que hayamos ofendido a Dios, haciendo lo contrario a lo que él mismo dispuso en la creación, sino que estamos actuando contra nuestro propio bienestar físico (Aunque el pecado sexual no es necesariamente el peor pecado, es el más singular. Nace en el mismo cuerpo (codicia, lujuria) y va hacia la gratificación personal. Se comporta como ningún otro impulso lo hace, y cuando se satisface afecta al cuerpo como ningún otro pecado. Tiene una manera única de destruir al cuerpo internamente. Ya que la intimidad sexual es la unión más profunda de dos personas, su mal uso corrompe al nivel más profundo—corrompe la mente, provoca lujuria, arruina relaciones, etc.). Pero ¿no es más grave pecar en el campo espiritual? Esto también es espiritual, declara Pablo, ya que el cuerpo “es templo del Espíritu Santo” (v. 19a).
Comentario bíblico del continente nuevo: 1 Corintios 3. EL CUERPO ES DEL SEÑOR (6:12–20)

EL CUERPO DEL CREYENTE (6:19–20)

1. Lo ha dado Dios (19b).

2. Debemos cuidarlo y mantenerlo puro.

3. Debemos glorificar a Dios con él (20b).

4. Debe estar lleno del Espíritu Santo que habita en él.

Pablo incluye una frase brillante: “No sois vuestros”. No se trata sólo de que Dios nos ha creado, considerando que era bueno que tengamos un cuerpo, sino que también nos ha adquirido “por precio”. No precisamos que el apóstol aclare cuál es el precio ya que los mismos ángeles cantan en la gloria: “Con tu sangre nos has redimido para Dios” ().
Pablo incluye una frase que en realidad es una joya: “No sois vuestros”. No se trata sólo de que Dios nos ha creado, considerando que era bueno que tengamos un cuerpo, sino que también nos ha adquirido “por precio”. No precisamos que el apóstol aclare cuál es el precio ya que los mismos ángeles cantan en la gloria: “Con tu sangre nos has redimido para Dios” ().
Comentario bíblico del continente nuevo: 1 Corintios 3. EL CUERPO ES DEL SEÑOR (6:12–20)

NO SOMOS NUESTROS (6:20)

1. Porque Dios nos creó.

2. Porque Cristo nos compró.

3. Porque nuestro cuerpo y espíritu son para su gloria.

Conclusión y Aplicación

Es muy fácil, hermanos, glorificar a Dios en nuestro espíritu. Dios es Espíritu, y él busca adoradores que lo adoren en Espíritu, pero allí no termina la verdad del asunto, y hay que adorarlo en Espíritu y verdad. Y la verdad es que también hay que adorarlo con nuestro cuerpo. El objetivo que Dios le dio a nuestro cuerpo es que sea el instrumento qué él utilice para manifestar su gracia al mundo perdido. Por eso tienes que entregar tu cuerpo al Señor. El cuerpo fue diseñado para ello. Cuando tú te unes al Señor y entregas tu cuerpo a él, ¿qué estás haciendo? Le estas dando a Jesús la autoridad de tu cuerpo. Y Dios no te va a perjudicar con tu cuerpo, sino que te lo lleva a la libertad.
Es muy fácil, hermanos, glorificar a Dios en nuestro espíritu. Dios es Espíritu, y él busca adoradores que lo adoren en Espíritu, pero allí no termina la verdad del asunto, y hay que adorarlo en Espíritu y verdad. Y la verdad es que también hay que adorarlo con nuestro cuerpo. El objetivo que Dios le dio a nuestro cuerpo es que sea el instrumento qué él utilice para manifestar su gracia al mundo perdido. Por eso tienes que entregar tu cuerpo al Señor. El cuerpo fue diseñado para ello. Cuando tú te unes al Señor y entregas tu cuerpo a él, ¿qué estás haciendo? Le estas dando a Jesús la autoridad de tu cuerpo. Y Dios no te va a perjudicar con tu cuerpo, sino que te lo lleva a la libertad.
Las tendencias sexuales de la sociedad actual te dicen que tú eres dueño de cuerpo, y puedes hacer con él lo que quieres. Dios tiene planes superiores para tu cuerpo, que van a redundar en felicidad, en plenitud de vida, y sobre todo en libertad. El cuerpo no es para hacer con él lo que quieras.
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El pasaje dice: “todo me es lícito, mas no todo me conviene”. En otras palabras, Dios no te prohíbe nada; ni siquiera pecar. Desde el momento que eres libre y maduro, y tienes suficiente discernimiento haz lo que quieras: todo está a tu disposición.
Pero la mente madura y con discernimiento (en el Nuevo Testamento por lo general ambas cosas son sinónimas), sabe que hay cosas que convienen y otras que no convienen. Es más, el apóstol dice que hay cosas que pueden dominarlo, y él desde su posición de libertad señala: “no me dejaré dominar por ninguna”. Y es claro, que cuando algo te domina, pierdes la libertad en esa área. Jesús dice, “el que peca, es esclavo del pecado”. Ya no eres más libre en esa área; volviste a la esclavitud. Procura, entonces, deshacerte de ese pecado, si quieres volver a ser libre. En esa área, el Espíritu Santo no está trabajando. En esa área, no estás fluyendo en el poder del Espíritu.
Tenemos que entender que no todo te conviene. Pero no sólo con referencia al pecado propiamente dicho. Hay actividades que tampoco convienen. Si eres casado, hay cosas que sin ser pecado, no conviene hacerlas. Si eres soltero, hay cosas que sin ser pecado tampoco conviene hacerlas. Si estás trabajando en una determinada empresa, hay cosas que no conviene hacerlas. Si estás en un determinado ministerio, hay cosas que no conviene hacerlas.
¿Por qué? Déjame darte tres razones:
1) No te reportan nada positivo para crecer en esa área. Si no creces en el área que te compete, estás perdiendo el tiempo.
2) Son un factor de distracción, de desconcentración, y eventualmente te pueden desviar de tu objetivo.
3) Te pueden enganchar sí en una relación pecaminosa.
El Señor me está advirtiendo que no todo conviene. Me llama a que reflexione para que no me metas en líos y pierdas mí libertad espiritual. Me llama a desarrollar el discernimiento.
No es que ahora que eres cristiano evangélico no puedes hacer esto o aquello. Haz lo que quieras, pero sabe que no yo, sino el Señor te está advirtiendo que no todo conviene. Te llama a que reflexiones para que no te metas en líos y pierdas tu libertad espiritual. Te llama a desarrollar el discernimiento.
De modo que si alguien me invita a algún lado, a alguna actividad, a alguna conversación…, antes de decir sí o no, pienso: ¿Me conviene? ¿Me edifica? ¿Crezco en el Señor? ¿Esa actividad o lugar glorifica a Dios? ¿Me acerca a Dios? ¿Me llena del Espíritu Santo? ¿Fomenta mi comunión con mis hermanos? ¿Me hace tener más revelación del Espíritu?
Si estas preguntas dan un “no” por respuesta, ¿entonces para qué lo hago? ¿Para qué me engancho? Es algo que ciertamente no me conviene y tiende a que pierdas mí libertad. No es que no puedes hacerlas, sino que decides no hacerlas porque no te reportan nada para tu crecimiento y conocimiento el Señor. si no desarrollamos el discernimiento de lo que es bueno y provechoso de lo que no A LA LUZ DE LA PALABRA, seremos las personas más miserable del mundo porque no sabremos diferenciar entre mano derecha ni mano izquierda.

DOS PREGUNTAS PARA QUE REFLEXIONEMOS

1. ¿De qué cosas no pecaminosas me privo porque considero que “no me convienen”? ¿Por qué no me convienen?

2. ¿Cómo estoy usando mi cuerpo? ¿Para qué lo estoy usando? ¿A qué lo expongo? ¿Cómo honro a Dios con mi cuerpo?

3. Lea Ro. 6:5–14 y compárelo con nuestro texto. ¿Qué nueva luz adquiere sobre el texto de 1 Co. 6:11–20?

REFLEXIONEMOS
1. ¿De qué cosas no pecaminosas me privo porque considero que “no me convienen”? ¿Por qué no me convienen?
2. ¿Cómo estoy usando mi cuerpo? ¿Para qué lo estoy usando? ¿A qué lo expongo? ¿Cómo honro a Dios con mi cuerpo?
3. Lea
Romanos 6.5–14 RVR60
Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
y compárelo con nuestro texto. ¿Qué nueva luz adquiere sobre el texto de ?
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