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Oído y Corazón

Malaquías  •  Sermon  •  Submitted
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Denuncia de Dios a los sacerdotes

Notes & Transcripts
Propósito del sermón: Si Dios en su gracia tiene a bien usarme para la exposición de este pasaje, ha sido mi intención, después de una sobria investigación, que al exponer el texto pueda guiar a mi audiencia al reconocimiento de su falta de darle gloria a Dios a la vez de instarles a escuchar y decidir de corazón darle gloria siguiendo el modelo perfecto, Jesucristo, pues de otra manera habrá consecuencias.
Objetivos:
Que mi audiencia conozca el significado del pasaje
Que mi audiencia pueda establecer relación entre su propia condición y la denuncia
Que mi audiencia sea exhortada a atender a la voz de Dios con arrepentimiento y fe determinada.
Introducción
Lectura de Malquías 2:1-9
Contexto
En el Antiguo Testamento mas que en el Nuevo Testamento notamos lo sobresaliente del oficio de los profetas. Su función radicaba en esencia en hablar de parte de Dios. Estos eran representantes de Dios para comunicar su Palabra al pueblo. De los profetas dividimos entre aquellos que estuvieron antes del cautiverio, los que estuvieron profetizando durante el cautiverio y los que estuvieron profetizando después del cautiverio.
De los profetas dividimos entre aquellos que estuvieron antes del cautiverio, los que estuvieron profetizando durante el cautiverio y los que estuvieron profetizando después del cautiverio.
Malaquías, que es el profeta que nos ocupa en esta hora fue uno de los que profetizó después del cautiverio cuando la nación de Israel ya había logrado restablecerse tanto en sus edificaciones como en sus habitantes y las actividades religiosas. Era en esto último, las actividades religiosas, que la nación entera, pero principalmente los sacerdotes habían degradado.
Cuando nos tomamos el tiempo para conocer el mensaje de los profetas nos damos cuenta que de todos los hombres estos eran los que menos popularidad tenían. ¿Por qué? porque su deber consistía en denunciar los males del pueblo. Aunque las denuncias no eran la única parte del mensaje sino que también hablaban de la esperanza futura, a menudo, las denuncias nublaban la vista de las personas con odio para no escuchar el mensaje de esperanza que también tenían.
En el caso de Malaquías, sus denuncias iban dirigidas primeramente a los responsables de la espiritualidad en Israel, esto es, los sacerdotes. Ellos eran los representantes del pueblo ante Dios. La labor eficaz de ellos podía tanto aplacar la ira de Dios sobre el pueblo como encenderla. Su labor era entonces de gran importancia pero no la estaban realizando como debían.
Dos actividades principales comportaba el oficio sacerdotal; los sacrificios y la instrucción de la ley. En referencia a los sacrificios, los sacerdotes eran el filtro que tenía que atravesar el pueblo para presentar su ofrenda por su pecado o en adoración. Como los sacrificios tenían que poseer ciertas características, el sacerdote debía aceptar solo aquellos que cumplían con dichas características. Pero eso no estaba ocurriendo, esa denuncia fue dicha en el capitulo uno versículos 6-14.
En la porción de la Escritura de este día, la denuncia tenía que ver con la otra función del sacerdote, esto es, la instrucción de la ley.
Si bien es cierto que no es igual el sacerdocio antiguo con los creyentes ahora, y si bien es cierto que no es lo mismo su función que la de los creyentes ahora, lo cierto es que hay muchas conexiones entre aquél oficio y el deber de la iglesia. Pues la Escritura dice en cuanto a la iglesia:
1 Pedro 2.9 RVR60
9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
1 Pedro 2:
Partiendo de ese hecho estableceré la relación entre el mensaje de Malaquías y cómo debemos nosotros de recibirlo en nuestro tiempo.
Habiendo introducido el tema quiero señalar de nuestro texto,

LA ADVERTENCIA

Malaquías 2.1 RVR60
1 Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento.
Si nos percatamos el versículo habla de mandamiento. Esta puede ser una palabra que no nos introduzca adecuadamente al mensaje. Es como la palabra “pan”, en ciertas ocasiones la usamos para referirnos a la comida en general. Este es el caso con la palabra mandamiento, que de forma mas específica nos habla de una advertencia. Entonces, este mensaje se trata de una advertencia para los sacerdotes.
Pero no debemos de pensar que es una advertencia como un señalamiento en la carretera para continuar por nuestro camino con precaución, esta es la clase de advertencia de alguien que se dirige al barranco y el señalamiento le indica que debe darse la vuelta. Esto se refuerza por las primeras palabras del v. 2
Malaquías 2.2 RVR60
2 Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón.
Oír y decidir de corazón dar gloria al nombre de Dios son las dos frases que expresan el deseo de Dios con su advertencia. A su vez, estas dos frases, nos revelan exactamente lo que los sacerdotes habían dejado de hacer por lo cual estaban gravemente errados. Habían dejado de escuchar con detenimiento y meditación la Palabra de Dios y se habían conformado con un compromiso superficial.
Yo celebro cada victoria que alguien pueda tener, no importa si es muy pequeña, pero en este asunto debo ser claro, si su aplicación de lo que Dios dice es que va a hacer un mayor esfuerzo por llegar temprano o alguna otra cosa simple, usted será como el hombre que quiso arreglar todos sus pleitos matrimoniales invitando a su mujer a una cena. Siendo honestos, la esposa verá tal gesto mas como un insulto que como un cumplido. No trate de hacer lo mismo con Dios.
Poca utilidad tendrá que este mensaje si solo logra causar incomodidad o le trae avergüenza. De muy poco provecho será que usted comprenda perfectamente el mensaje sin que eso haya producido un cambio profundo y duradero en su servicio a Dios.
Santiago 1.22–25 RVR60
22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
Santiago 1:22-
Querido oyente, no añada en su contra esta pesada carga al escuchar solamente estas palabras sin ponerse a cuentas con el Señor y corregir su camino. Solo considere como fueron las consecuencias para aquellos que administraban la ley de Dios, si algo terrible le pasaría a los que administraban la ley ¿qué podemos esperar de aquellos que administramos la revelación completa de Dios, las Escrituras?
Malaquías 2.2–3 RVR60
2 Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón. 3 He aquí, yo os dañaré la sementera, y os echaré al rostro el estiércol, el estiércol de vuestros animales sacrificados, y seréis arrojados juntamente con él.
Si hay algo que realmente haga difícil las cosas es la maldición de Dios. No hay nada peor que el Dios Todopoderoso Señor del Cielo y la Tierra esté contra un hombre. ¿A donde se puede esconder de Él el hombre? ¿qué puede hacer para resistirle? La maldición de Dios puede convertir un paraíso en una pesadilla y un noble trabajo en una pesada carga.
Dios advirtió su maldición sobre los sacerdotes. Y a esto debemos añadir que advirtió que hasta maldeciría sus bendiciones. ¿A qué se refiere esto?
Los sacerdotes tenían la encomienda de Dios para bendecir al pueblo. Se les había dado una formula con la cual expresarían su bendición al pueblo y a través de la cual los que la recibieran serían en verdad bendecidos. La gente podía ir al templo, ofrecer sus sacrificios y esperar la bendición de Dios por medio del sacerdote. ¿Que haría Dios entonces? Haría que las bendiciones de los sacerdotes se convirtieran en maldiciones para aquellos que iban por ellas.
¿Se puede usted imaginar ir por una bendición de Dios esperando la prosperidad y en su lugar todas las cosas empeoran? Tal clase de cosa haría Dios a fin de que el pueblo dejara de acudir a ellos.
A esto habría que añadir la maldición de Dios sobre las cosechas, en otras palabras Él traería escasez y con ello pobreza tanto a los sacerdotes como al pueblo que ofrendaba de sus cosechas.
Ahora bien, aquí debemos entender y recordar que el pacto de Dios con Israel conllevaba bendición, prosperidad física y material cuando hubiese obediencia, y maldición y enfermedad cuando hubiese desobediencia. Los mismos términos no estan vigentes en el pacto que Dios ha establecido con la iglesia.
Los mismos términos no estan vigentes en el pacto que Dios ha establecido con la iglesia.
En nos habla uno de los términos de ese nuevo pacto que Dios estableció con su iglesia por medio de Jesucristo.
Jeremías 32.40 RVR60
Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.
Sería un grave error tomar un versículo tan precioso de la Biblia donde Dios se ha puesto bajo obligación de hacer bien y convertir eso en una licencia para pecar. Lejos esté de nosotros tal pensamiento perverso de torcer las Palabras de Dios. Porque el mismo versículo que habla de la bendición permanente de Dios también nos dice que Él pone su temor en el corazón para que no nos apartemos de Él. Si tomamos la primera parte también debemos reconocer la segunda.
Muchos son los creyentes que suspiran de alivio al saber que la maldición de Dios no está sobre los creyentes pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad ni le quita a Dios de su mano la vara de la disciplina.
Hebreos 12.6 RVR60
Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
Hebreos 12.6
Si somos negligentes en nuestro deber nos hacemos objeto de la disciplina del Señor. Y el castigo para aquellos que enseñan es aun de mayor gravedad.
Santiago 3.1 RVR60
Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
Debemos tener bien presente que cuando una persona usa las Escrituras para engañar a los demás ha firmado su sentencia, o como dice la Escritura “la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (). Dios no tendrá misericordia de alguien que corrompe el oficio de maestro o pastor enseñando falsedad y empleando con engaño la Biblia. Las mas densas tinieblas estan reservadas para estos, pues conociendo el camino de la verdad se desviaron tras la mentira. Poco es que Dios los destituya de su cargo, la condenación de sus almas es gravísima.
En el caso de los sacerdotes a los cuales Malaquías había dirigido la advertencia su negligencia los llevaría a la remoción de su cargo de forma humillante.
La ley, respecto a los sacrificios dictaba que el resto del animal que no era puesto sobre el altar debía ser llevado fuera del campamento y debía ser quemado ().
Dios usa esa imagen para decir que los sacerdotes serían removidos de sus cargos si no atendían a la advertencia...
Malaquías 2.4 RVR60
4 Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos.
Quizá lleguemos a ver estas palabras demasiado duras
T: La gravedad de las palabras a los sacerdotes era así debido a la deshonra que traían al Señor, y a su vez era también por lo lejos que se encontraban de ser aquello que Dios quería que fueran.

EL MODELO

Malaquías 2.5–7 RVR60
5 Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. 6 La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. 7 Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.
En ningún otro lugar encontramos descrito el ideal de Dios para el sacerdote como lo encontramos descrito tan clara y brevemente como lo encontramos aquí.
Temeroso y humillado
Retenedor de la ley
Veraz
Obediente a Dios
Alguien que corrige
Guía
Instructor
El primer ejemplo de la Biblia que encontramos de un sacerdote así fue el nieto de Aarón, su nombre era Finees. Su historia la podemos encontrar en que debido a que dicha historia requiere de mucha explicación no podré exponerla en esta ocasión. Otro sacerdote ejemplar fue Samuel, uno de esos pocos hombres que era integro a la vista de todo el pueblo. Joiada fue otro de esos sacerdotes, de hecho se nos dice...
2º Reyes 12.2 RVR60
2 Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.
La vida de los profetas, sacerdotes y reyes servía para despertar al pueblo a la adoración o hundirlo en la idolatría. La influencia de sus vidas, debido a que ocupaban posiciones de eminencia, podía influir positiva o negativamente en la vida de muchas personas.
La manera en que vivimos influye positiva o negativamente en la vida de otros.
Un maestro del seminario solía decir: “tu servicio a Dios inicia cuando alguien sabe que eres cristiano”.
A partir de ese momento en que alguien sabe que somos cristianos nos ponemos la camiseta y entramos al partido. Nuestro desempeño hará que el resto del equipo pueda ganar o no, que el nombre del equipo sea puesto en alto o termine siendo objeto de burla.
Respecto a los sacerdotes a los que denuncia Malaquías, su influencia no se ajustaba al modelo. Sin embargo, la Biblia nos dice que hay uno que ha cumplido tan perfectamente el modelo del sacerdote, Jesucristo.
Cuando se pierde el contacto con Dios Capítulo 4: Una última advertencia a los líderes (Malaquías 2:1–9)

George Whitefield, el evangelista del siglo dieciocho, era tan sólo un joven de veintitrés años cuando decidió cruzar el Atlántico. Él sería el capellán militar durante el viaje a bordo del Whitaker, que navegaría con otros dos barcos rumbo a Georgia. Al mando estaba el capitán Whiting y, además de la tripulación, había unos cien soldados (bajo las órdenes de un tal capitán Mackay), unas veinte mujeres y unos pocos niños a bordo, todos los cuales se dirigían a aquella colonia en el Nuevo Mundo.

Whitefield empezó a hacer oraciones públicas al comienzo del viaje, y declaró que pretendía “no saber entre ellos cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” El nivel moral en el barco era bajo, y su anuncio fue recibido con burlas y desprecio. Los oficiales y la tripulación le dijeron que pensaban que su religión era falsa, y le trataron como a un farsante. El primer domingo no se veía allí más que juegos de apuestas, y no mucho se podía oír que no fueran palabrotas o a un músico que entretenía a la gente tocando el oboe. “No podía hacer más,” dice Whitefield, “que, mientras escribía, girar de vez en cuando la cabeza y mirar, a modo de reproche, a un teniente que decía palabrotas como si hubiera nacido nada más que para decir palabrotas. Y de vez en cuando captaba la indirecta, contestaba a mi movimiento de cabeza como diciendo: ‘Le ruego que me disculpe, doctor’, y volvía de nuevo a sus palabrotas y sus cartas.”

Sin embargo, poco a poco Whitefield empezó a dejar allí la huella de Cristo. Visitaba a los enfermos y compartía con ellos sus provisiones. Oraba en privado por aquella gente. Todas las mañanas y todas las tardes, incansable, seguía leyendo oraciones públicas en cubierta. Aprovechaba todo acontecimiento social y testificaba de Cristo en cuanto podía. En su diario encontramos estos apuntes: “Tuve una conversación religiosa con el cirujano, que parece muy interesado”; “Tuve una oportunidad, paseando de noche por cubierta, de hablar con el primer oficial y uno de los sargentos, y espero que mis palabras no hayan sido en vano”; “Hacia las once de la noche, fui a sentarme con los marineros junto a sus camarotes, y razoné con ellos ‘acerca de la justicia, del dominio propio y el juicio venidero’.”

Paulatinamente, por su evidente piedad y su hablar cortés y sencillo, las cosas comenzaron a cambiar en los barcos. Durante el viaje llegó un momento en que los capitanes iban cada mañana y permanecían cada uno a un lado de Whitefield mientras predicaba. El capitán Mackay ordenó que hubiera un redoble de tambor para llamar a los soldados a estas reuniones diarias. ¡A menudo, cuando el tiempo lo permitía, los tres barcos navegaban muy juntos para que todos pudieran unirse a la adoración de Dios!

erfectamente estas características como Jesucristo, nuestro perfecto y final sumo Sacerdote.
Sin embargo, aun cuando hubo buenos sacerdotes ninguno llega a representar tan perfectamente estas características como Jesucristo, nuestro perfecto y final sumo Sacerdote.
Hebreos 7.26–28 RVR60
26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
Hebreos 7.26-
Cristo representa perfectamente el ideal de Dios del sacerdocio, Él ofreció la ofrenda perfecta por el pecado del pueblo y Él modeló perfectamente la ley de Dios para bien de los hombres. Él es el sumo sacerdote por excelencia que resulta ser nuestro modelo y que debido a su influencia miles y miles de personas tomamos inspiración para buscar agradar al Señor.
T: De esta manera hemos abarcado LA ADVERTENCIA, también EL MODELO… veamos en tercer y último lugar...

LA REALIDAD

Malaquías 2.8–9 RVR60
8 Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos. 9 Por tanto, yo también os he hecho viles y bajos ante todo el pueblo, así como vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley hacéis acepción de personas.
Malaquías 2:8
En las Escrituras nosotros encontramos un principio del trato de Dios para con los hombres. Dios le dijo al sacerdote Elí que los pecados de él y sus hijos no serían impunes, aun cuando Él les había prometido sacerdocio perpetuo ellos serían removidos y deshonrados.
1º Samuel 2.30 RVR60
30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.
Dios honra a los que le honran y Él tiene en poco a los que le desprecian
Conclusión
Mis amados hermanos, portadores del nombre de Dios y mensajeros suyos para anunciar sus virtudes, miremos cuan severas son las advertencias y consecuencias, y prestemos oído para decidir de corazón dar gloria a Dios con nuestras vidas.
Usemos nuestros escasos años aquí en la tierra para mostrar a Dios frente a los hombres. Muchas veces eso significará dejar de querer tener el control, otras veces eso significará ser débil frente a otros, otras veces eso significará depender de la provisión de Dios. No será fácil, pero Jesucristo nos mostró el camino. Su vida humilde y obediente hasta su muerte en la cruz por nuestros pecados sirvió para mostrar el inmenso amor de Dios por nosotros.
Oir y dar gloria a Dios… vivir una vida que sirva para que los demás puedan ver la grandeza de Dios.
Si seguimos sus pasos, no tendremos porque preocuparnos de glorificar a Dios.
Cierro el mensaje con el ejemplo de un hombre que su vida, al seguir a Cristo, sirvió para una influencia positiva en la vida de quienes le rodeaban.
Cuando se pierde el contacto con Dios Capítulo 4: Una última advertencia a los líderes (Malaquías 2:1–9)

George Whitefield, el evangelista del siglo dieciocho, era tan sólo un joven de veintitrés años cuando decidió cruzar el Atlántico. Él sería el capellán militar durante el viaje a bordo del Whitaker, que navegaría con otros dos barcos rumbo a Georgia. Al mando estaba el capitán Whiting y, además de la tripulación, había unos cien soldados (bajo las órdenes de un tal capitán Mackay), unas veinte mujeres y unos pocos niños a bordo, todos los cuales se dirigían a aquella colonia en el Nuevo Mundo.

Whitefield empezó a hacer oraciones públicas al comienzo del viaje, y declaró que pretendía “no saber entre ellos cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” El nivel moral en el barco era bajo, y su anuncio fue recibido con burlas y desprecio. Los oficiales y la tripulación le dijeron que pensaban que su religión era falsa, y le trataron como a un farsante. El primer domingo no se veía allí más que juegos de apuestas, y no mucho se podía oír que no fueran palabrotas o a un músico que entretenía a la gente tocando el oboe. “No podía hacer más,” dice Whitefield, “que, mientras escribía, girar de vez en cuando la cabeza y mirar, a modo de reproche, a un teniente que decía palabrotas como si hubiera nacido nada más que para decir palabrotas. Y de vez en cuando captaba la indirecta, contestaba a mi movimiento de cabeza como diciendo: ‘Le ruego que me disculpe, doctor’, y volvía de nuevo a sus palabrotas y sus cartas.”

Sin embargo, poco a poco Whitefield empezó a dejar allí la huella de Cristo. Visitaba a los enfermos y compartía con ellos sus provisiones. Oraba en privado por aquella gente. Todas las mañanas y todas las tardes, incansable, seguía leyendo oraciones públicas en cubierta. Aprovechaba todo acontecimiento social y testificaba de Cristo en cuanto podía. En su diario encontramos estos apuntes: “Tuve una conversación religiosa con el cirujano, que parece muy interesado”; “Tuve una oportunidad, paseando de noche por cubierta, de hablar con el primer oficial y uno de los sargentos, y espero que mis palabras no hayan sido en vano”; “Hacia las once de la noche, fui a sentarme con los marineros junto a sus camarotes, y razoné con ellos ‘acerca de la justicia, del dominio propio y el juicio venidero’.”

Paulatinamente, por su evidente piedad y su hablar cortés y sencillo, las cosas comenzaron a cambiar en los barcos. Durante el viaje llegó un momento en que los capitanes iban cada mañana y permanecían cada uno a un lado de Whitefield mientras predicaba. El capitán Mackay ordenó que hubiera un redoble de tambor para llamar a los soldados a estas reuniones diarias. ¡A menudo, cuando el tiempo lo permitía, los tres barcos navegaban muy juntos para que todos pudieran unirse a la adoración de Dios!

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