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Las Siete palabras de Jesús en la cruz

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Notes & Transcripts
Los cuatro evangelios reportan siete sentencias dichas por Jesucristo durante su crucifixión, conocidas popularmente como las siete palabras de Jesús en la cruz. Estas siete sentencias no se encuentran integradas en un solo evangelio, sino dispersas entre ellos. Puntualmente, tres de ellas se encuentran registradas en el evangelio de Lucas y otras tres en el evangelio de Juan. La otra frase se recoge tanto en el evangelio de Marcos como en el evangelio de Mateo. Se desconoce si estas sentencias son resúmenes de frases más largas o si Jesús dijo más cosas; sin embargo, dada la agonía que la crucifixión representa, no sería sorprendente que fuese todo lo que dijera.

El orden de las siete palabras de Jesús

Dado que cada evangelista tiene un propósito distinto, contemplan los mismos eventos desde distinto enfoque y secuencia, enfatizando más aquello que se ajusta a su propósito particular. Por lo mismo, se desconoce el orden preciso en que las siete palabras de Jesús hayan sido dichas. Sin embargo, como un asunto de mera consistencia para facilitar el estudio, se les ha asignado de manera lógica aunque un tanto arbitraria el siguiente orden:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” ()
“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” ()
“Mujer, he ahí tu hijo”… “He ahí tu madre” ()
[“Mi Dios, mi Dios, ¿por qué me has abandonado?”] (; )
“Tengo sed” ()
“Consumado es” ()
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” ()
Examinemos por separado cada una de ellas.

La primera palabra: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” ()

Ante la actitud incrédula y blasfema de quienes pasaban frente a la cruz expresando acervas críticas y palabras burlonas (“Salvó a otros, a sí mismo no puede salvarse”), Jesús respondió con perdón en el corazón en vez de condenación, sentando el ejemplo para todos sus verdaderos discípulos y reforzando con hechos, asentados durante una situación extrema, lo antes expresado en el Sermón del Monte y otras ocasiones de su ministerio.
Si bien esta sentencia ha sido cuestionada por los seguidores de la corriente de la corriente de la crítica textual (que, dicho sea de paso, critican infinidad de cosas con la sola base de la redacción), la frase y su sentido son completamente congruentes con lo dicho anteriormente por Jesús (; ; ; ) y con la conducta posteriormente seguida por sus discípulos (). La actitud de Jesús fue, de hecho, emulada por Esteban, el primer mártir de la era cristiana, al momento de entregar su vida por la causa ().

La segunda palabra: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” ()

Siendo agraviado también por uno de los ladrones crucificados junto a él ese mismo día pero defendido por el otro, Jesús respondió a la solicitud de este último: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Esta respuesta ha desconcertado a más de un estudioso de la Biblia y muchos han supuesto, al confundir el paraíso con la vida eterna, que Jesús le estaba prometiendo la exaltación sin precisar el arrepentimiento previo, por un sólo acto de contricción en el momento de la muerte. Pero este no es el sentido ni el significado de las palabras. El paraíso, tal como es descrito previamente en el mismo evangelio de Lucas con el nombre de “el seno de Abraham” () es un estado temporal entre la muerte y la resurrección. Jesús, al morir, fue directamente a este lugar, donde organizó la predicación a los espíritus que se hallaban en la cárcel espiritual (; ; ). La promesa de Jesús al ladrón sobre la cruz reviste, por tanto, la seguridad de que el evangelio le sería predicado en el mundo espiritual al que se dirigían, el mundo de los espíritus, y que él podría ser redimido más tarde a través de las ordenanzas dispuestas para el efecto.
Ver también:
El plan de salvación: La muerte y el mundo de los espíritus (http://biblicomentarios.com/plan-salvacion-la-muerte-mundo-los-espiritus/)
El bautismo por los muertos entre los primeros cristianos y en la Iglesia Primitiva (http://biblicomentarios.com/el-bautismo-por-los-muertos-entre-los-primeros-cristianos/)
Tú eres su vicario (http://biblicomentarios.com/tu-eres-su-vicario/)

La tercera palabra: “Mujer, he ahí tu hijo”… “He ahí tu madre” ()

Estando su madre entre un reducido grupo de mujeres que, por su parentesco había ganado acceso al pie de la cruz y estando presente también su discípulo y pariente Juan, Jesús encomendó a Juan el cuidado de su madre con estas sensibles y conmovedoras palabras. En esta, la mayor hora de dolor para María en cumplimiento de la promesa hecha por Simeón tres décadas antes (), Jesús entregó a Juan el cuidado de su madre de la misma manera en que había encomendado antes a Pedro el cuidado de la Iglesia ().
Jesús pudo haber encargado el cuidado de María a sus hermanos menores (ver ; ), pero se entrevé que él deseaba que ellos culminaran un proceso de conversión cuyo punto de partida había sido una completa incredulidad (). Poco después de la resurrección, Jesús se entrevistaría con su hermano Santiago (también llamado Jacobo: ver , compárese con ), lo cual resultaría en la conversión de él y del resto de sus hermanos (). Podemos asumir que el propósito de Cristo, al encomendar a Juan el cuidado de su madre, era sumamente amplio, ya que resultó, como la historia sagrada lo indica, en una gran oportunidad de liderazgo y expansión del cristianismo.

La cuarta palabra: [“Mi Dios, mi Dios, ¿por qué me has abandonado?”] (; )

La expresión descrita aquí se registra en arameo, con ligeras variaciones entre ambos evangelios. Mateo escribe el nombre de Dios como “Elí”, en hebreo, mientras Marco coloca “Eloi”, en arameo, ante lo cual no hay problema, teniendo ambas palabras la misma raíz y siendo equivalentes. Las dos son contracciones del nombre Elohim, dirigido a Dios, nuestro Padre Celestial.
La frase en sí está tomada de las escrituras del Antiguo Testamento, que Jesús citaba en forma oportuna, lo cual demuestra el enorme amor de Jesucristo por las escrituras y nos sienta el ejemplo de su estudio y aplicación. Jesús citaba del , haciendo alusión a su primer versículo y trayendo a la memoria el salmo completo, con su final triunfal. Los dos evangelistas ponen cuidado en anotar que esta palabra fue dicha cerca de la hora novena, es decir, casi al final de su vida sobre la cruz, habiendo padecido ya seis horas de suplicio (compárese con ). El élder Jeffrey R. Holland ha pronunciado un memorable discurso acerca del significado de estas palabras y la forma en que Jesús enfrentó su soledad en la cruz dirigiéndose al Padre Celestial en oración.

La quinta palabra: “Tengo sed” ()

En griego, esta expresión se resume en una sola palabra, y ésta entra en contraste con el hecho de que, al principio de la crucifixión, se le ofreció a Jesús una droga soporífera que él rechazó (; ). Seis horas después, bajo el inclemente calor, se encontraba severamente deshidratado y, ante la expresión, los soldados acercaron a los labios de Jesús vinagre, nuevamente (). Este es momento en que vemos plenamente la humanidad de Jesús, consciente como nunca de sus necesidades corpóreas, exacerbadas por el suplicio de la crucifixión. El pasaje completo cumple una profecía mesiánica expresada en . El efecto del vinagre debe haber liberado la garganta de Jesús lo suficiente para que pudiera expresar sus dos últimas palabras.

La sexta palabra: “Consumado es” ()

Tan pronto sintió el sabor del vinagre, Jesús completa su crucifixión con esta expresión, registrada por Juan con una sola palabra griega, igual que en el caso anterior. No son palabras de mero alivio, sino que tienen un significado aún más profundo. La forma en que Juan reporta la crucifixión muestra que Jesús se encontraba en control sobre ella, que él mismo pondría su vida de manera voluntaria y en el momento oportuno y que ahora se daría cumplimiento a su ministerio. Nuevamente, Jesús parece citar del salmo 22, que en su versículo final expresa esta consumación. No se trata de la culminación de su vida, sino de la de su sacrificio. Los comentaristas interpretan la palabra griega usada por Juan no como un signo de derrota, sino como un himno de victoria.

La séptima palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” ()

Lucas continúa la descripción de las siete palabras de Jesús en donde Juan deja interrumpido ese relato, mientras que Mateo y Marcos solamente reportan que Jesús clamó a gran voz. Mateo, sin embargo, describe la muerte de Jesús como la entrega del espíritu, lo que permite enlazar los diversos testimonios: Jesús clamó a gran voz estas palabras, entregando al Padre Celestial el cuidado de su espíritu. Y al hacerlo, en su preciso último instante de vida, Jesús citó nuevamente las escrituras, esta vez el . El salmo 31 trata sobre la confianza que es depositada en Dios aún en las más extremas circunstancias. Esteban, discípulo de Jesús, también usaría palabras semejantes al momento de su muerte, bajo los agudos dolores del martirio ().
Para invocar al Padre Celestial en oración, Jesús utilizó un término profundamente íntimo, Abba, que era una expresión de cariño hacia su Padre. Esta expresión es característica de Jesús. Su relación con Dios permaneció siendo estrecha hasta el fin de su vida.

Conclusión

Las siete palabras de Jesús han sido colocadas por los comentaristas en el mejor orden en que se han podido ubicar. Grandes lecciones se pueden aprender de ellas, entre las que se encuentran el amor por Dios y el mantenimiento de una relación con Él, el poder de la oración, el amor por las Escrituras y la importancia de su estudio y aplicación, el perdón hacia los enemigos, el valor de la madre y la mujer en general y las doctrinas luminosas del Plan de Salvación. Jesús puso en toda su actitud un ejemplo de valor y lealtad que sería seguido por sus discípulos, comenzando con el caso de Esteban, que guarda estrechas semejanzas. Las palabras de Jesús, preparando con la muerte el milagro de la resurrección, han resonado en cada alma que las ha recibido a través de los siglos, y su efecto sigue iluminando el camino de los seguidores y discípulos de Dios en nuestros días.

Bibliografía

Walter A. Elwell y Philip Wesley Comfort, Tyndale Bible dictionary, 2001.
Paul J. Achtemeier, Harper & Row y Society of Biblical Literature, Harper’s Bible dictionary, 1985.
Jeffrey E. Miller, The Lexham Bible Dictionary, 2016.
Frederick Justus Knecht, A Practical Commentary on Holy Scripture. (London; St. Louis, MO: B. Herder, 1910).
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