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La experiencia del dolor

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Necesitamos ser consolados por Dios y sanados porque el dolor es una experiencia común al ser humano.

Notes & Transcripts

La experiencia del dolor

La experiencia del dolor

Introducción

Job 1.1–2.13 NVI
1 En la región de Uz había un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal. Este hombre se llamaba Job. 2 Tenía siete hijos y tres hijas; 3 era dueño de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, y su servidumbre era muy numerosa. Entre todos los habitantes del oriente era el personaje de mayor renombre. 4 Sus hijos acostumbraban turnarse para celebrar banquetes en sus respectivas casas, e invitaban a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. 5 Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran. Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: «Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido en su corazón a Dios.» Para Job ésta era una costumbre cotidiana. 6 Llegó el día en que los ángeles debían hacer acto de presencia ante el Señor, y con ellos se presentó también Satanás. 7 Y el Señor le preguntó: —¿De dónde vienes? —Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro—le respondió Satanás. 8 —¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job?—volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. 9 Satanás replicó: —¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? 10 ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra. 11 Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara! 12 —Muy bien—le contestó el Señor—. Todas sus posesiones están en tus manos, con la condición de que a él no le pongas la mano encima. Dicho esto, Satanás se retiró de la presencia del Señor. 13 Llegó el día en que los hijos y las hijas de Job celebraban un banquete en casa de su hermano mayor. 14 Entonces un mensajero llegó a decirle a Job: «Mientras los bueyes araban y los asnos pastaban por allí cerca, 15 nos atacaron los de Sabá y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo a usted!» 16 No había terminado de hablar este mensajero cuando uno más llegó y dijo: «Del cielo cayó un rayo que calcinó a las ovejas y a los criados. ¡Sólo yo pude escapar para venir a contárselo!» 17 No había terminado de hablar este mensajero cuando otro más llegó y dijo: «Unos salteadores caldeos vinieron y, dividiéndose en tres grupos, se apoderaron de los camellos y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!» 18 No había terminado de hablar este mensajero cuando todavía otro llegó y dijo: «Los hijos y las hijas de usted estaban celebrando un banquete en casa del mayor de todos ellos 19 cuando, de pronto, un fuerte viento del desierto dio contra la casa y derribó sus cuatro esquinas. ¡Y la casa cayó sobre los jóvenes, y todos murieron! ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!» 20 Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración. 21 Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor 22 A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios. 1 Llegó el día en que los ángeles debían hacer acto de presencia ante el Señor, y con ellos llegó también Satanás para presentarse ante el Señor. 2 Y el Señor le preguntó: —¿De dónde vienes? —Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro—le respondió Satanás. 3 —¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job?—volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Y aunque tú me incitaste contra él para arruinarlo sin motivo, ¡todavía mantiene firme su integridad! 4 —¡Una cosa por la otra!—replicó Satanás—. Con tal de salvar la vida, el hombre da todo lo que tiene. 5 Pero extiende la mano y hiérelo, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara! 6 —Muy bien—dijo el Señor a Satanás—, Job está en tus manos. Eso sí, respeta su vida. 7 Dicho esto, Satanás se retiró de la presencia del Señor para afligir a Job con dolorosas llagas desde la planta del pie hasta la coronilla. 8 Y Job, sentado en medio de las cenizas, tomó un pedazo de teja para rascarse constantemente. 9 Su esposa le reprochó: —¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! 10 Job le respondió: —Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos recibir también lo malo? A pesar de todo esto, Job no pecó ni de palabra. 11 Tres amigos de Job se enteraron de todo el mal que le había sobrevenido, y de común acuerdo salieron de sus respectivos lugares para ir juntos a expresarle a Job sus condolencias y consuelo. Ellos eran Elifaz de Temán, Bildad de Súah, y Zofar de Namat. 12 Desde cierta distancia alcanzaron a verlo, y casi no lo pudieron reconocer. Se echaron a llorar a voz en cuello, rasgándose las vestiduras y arrojándose polvo y ceniza sobre la cabeza, 13 y durante siete días y siete noches se sentaron en el suelo para hacerle compañía. Ninguno de ellos se atrevía a decirle nada, pues veían cuán grande era su sufrimiento.
Leer la historia de Job y
Aquí vemos a Job en medio de un gran dolor, inexplicable para el, sin razón de ser. El dolor y el sufrimiento son parte de la experiencia humana. Todo ser humano tendrá en algún momento que experimentarlo.

¿La razón?

Las Escrituras nos dicen que el pecado, al ser introducido en nuestro mundo, trajo consigo la muerte y el dolor. Como habitamos en un mundo corrupto y pecaminoso debemos entender que en su momento viviremos alguna experiencia dolorosa.

Experiencias dolorosas comunes y trágicas

Hay experiencias dolorosas que serán comunes a todos los humanos como es el caso de la muerte.
Hebreos 9.27 RVR60
27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,
: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
Esta experiencia, a pesar de que sabemos que vendrá, no deja de producirnos dolor. Sabemos que nuestro abuelo, nuestra madre o nuestro padre morirán, pero cuando sucede nos causa dolor. En ocasiones nos resistimos a esto y evitamos pensar en ello, pero la verdad es que todos experimentaremos esto. Sin embargo, la mayoría con el pasar del tiempo, aprende a aceptar la partida de estos seres amados como parte del proceso natural de la vida y continuamos con nuestra existencia de manera normal.

Lo trágico

Hay otro tipo de dolor que no nos resulta natural, que no lo estamos esperando, que es repentino y que rompe con nuestra lógica.
(Citar los ejemplos del asesino de la familia, padres enterrando a hijos, asesinadas, jóvenes con enfermedades terminales, etc.)

Lo que causa este tipo de dolor

Este tipo de dolor es desconcertante y nos hace cuestionar lo que siempre hemos creído, nuestra fe en Dios, las intenciones de Dios y sus propósitos, si ha valido la pena seguirle y hasta si de verdad existe.
Le preguntamos a Dios por que permitió que eso pasara, que si el es todopoderoso y podía impedirlo, ¿Por qué no lo impidió?

Ser cristianos no nos garantiza una exoneración

Cuando somos cristianos la forma en que afrontamos el dolor es diferente. Entendemos que Dios es soberano y omnipotente. Por lo tanto, todo lo que llega a nuestra vida esta bajo su control. Esta verdad podría presentar serios problemas, sin embargo. Cuando creemos lo dicho en
Romanos 8.28 RVR60
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
tendremos menos dificultad cuando la adversidad nos toca.
tendremos menos dificultad cuando la adversidad nos toca.
Pero cuando no es así, entonces la verdad de que Dios es soberano se convierte en una paradoja muy compleja. Porque si El es todopoderoso, soberano, bondadoso y además es mi padre y ahora le sirvo, ¿Cómo es posible que ahora, precisamente ahora, me suceda esto?

Expectativas a sus discípulos

Jesús les advirtió a sus discípulos que tendrían aflicción mientras estuvieran en este mundo
Juan 16.33 RVR60
33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
(: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.).

¿Qué no les prometió?

No les prometió una vida con ausencia de dolor o sufrimiento, antes bien, les dejo bien claro que por habitar todavía en este mundo experimentarían sufrimiento y que especialmente por servirle a Dios sufrirían un dolor que los demás que no le sirven no experimentarían.
Los discípulos estuvieron muy de cerca del Señor Jesús, sin embargo, esto no les eximió del dolor. Hasta donde sabemos solo Juan murió de vejez. Así que servir al señor nunca fue una garantía de la ausencia de dolor.

La presión de los demás

Un componente que hace del sufrimiento un problema para el cristiano es la presión de mostrarse invulnerable. Muchos creemos que ser cristiano significa que cuando el dolor llegue a nuestras vidas debemos ser tan fuertes que todos los demás lo puedan ver.
Nos estamos quebrando del dolor, estamos hundiéndonos en la desesperación, en la duda y encima de todo esto tenemos que responder que estamos en victoria y bien por la gracia de Dios porque nos han enseñado que esas son las respuestas que un cristiano maduro y espiritual debe dar. Y lo hacemos así aunque esta no sea nuestra realidad por temor a ser juzgados como poco espirituales. Además de hacer esto, como no podemos admitir que estamos mal, entonces no pedimos ayuda y ese dolor se vuelve mas intenso y la experiencia mas larga.
Job 3 NVI
1 Después de esto, Job rompió el silencio para maldecir el día en que había nacido. 2 Dijo así: 3 «Que perezca el día en que fui concebido y la noche en que se anunció: “¡Ha nacido un niño!” 4 Que ese día se vuelva oscuridad; que Dios en lo alto no lo tome en cuenta; que no brille en él ninguna luz. 5 Que las tinieblas y las más pesadas sombras vuelvan a reclamarlo; Que una nube lo cubra con su sombra; que la oscuridad domine su esplendor. 6 Que densas tinieblas caigan sobre esa noche; que no sea contada entre los días del año, ni registrada en ninguno de los meses. 7 Que permanezca estéril esa noche; que no haya en ella gritos de alegría. 8 Que maldigan ese día los que profieren maldiciones, los expertos en provocar a Leviatán. 9 Que se oscurezcan sus estrellas matutinas; que en vano esperen la luz del día, y que no vean los primeros rayos de la aurora. 10 Pues no cerró el vientre de mi madre ni evitó que mis ojos vieran tanta miseria. 11 »¿Por qué no perecí al momento de nacer? ¿Por qué no morí cuando salí del vientre? 12 ¿Por qué hubo rodillas que me recibieran, y pechos que me amamantaran? 13 Ahora estaría yo descansando en paz; estaría durmiendo tranquilo 14 entre reyes y consejeros de este mundo, que se construyeron monumentos hoy en ruinas; 15 entre gobernantes que poseyeron mucho oro y que llenaron de plata sus mansiones. 16 ¿Por qué no me enterraron como a un abortivo, como a esos niños que jamás vieron la luz? 17 ¡Allí cesa el afán de los malvados! ¡Allí descansan las víctimas de la opresión! 18 También los cautivos disfrutan del reposo, pues ya no escuchan los gritos del capataz. 19 Allí el pequeño se codea con el grande, y el esclavo se libera de su amo. 20 »¿Por qué permite Dios que los sufridos vean la luz? ¿Por qué se les da vida a los amargados? 21 Anhelan éstos una muerte que no llega, aunque la buscan más que a tesoro escondido; 22 ¡se llenarían de gran regocijo, se alegrarían si llegaran al sepulcro! 23 ¿Por qué arrincona Dios al hombre que desconoce su destino? 24 Antes que el pan, me llegan los suspiros; mis gemidos se derraman como el agua. 25 Lo que más temía, me sobrevino; lo que más me asustaba, me sucedió. 26 No encuentro paz ni sosiego; no hallo reposo, sino sólo agitación.»

¿Cómo nos consolamos?

Hay una obra misteriosa que Dios realiza y lo hace a través de su Espíritu.

¿Cómo encontramos consuelo en medio de una situación semejante? Estamos sufriendo por algo real que nos ha sucedido, nuestra fe esta tambaleante, estamos quebrados por dentro y no nos atrevemos a abrir nuestro corazón por temor a ser juzgados. ¿Cómo encontramos consuelo en medio de semejante desierto?
2 Corintios 1.3–4 NVI
3 Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.
Esta es una obra incompresible para la mente humana y es solo el resultado de la gracia de Dios. No es el producto directo de tu conocimiento de las Escrituras ni de tu madurez como persona o como cristiano. Es la obra de Dios por su Espíritu Santo.
Cuando nos veamos en momentos difíciles, de angustia, debemos ir donde Dios pidiéndole que nos consuele y fortalezca. Debemos pedirles a nuestros hermanos que Dios nos consuele y fortalezca y no querer ser algún especie de súper cristiano que es tan maduro que no necesita que oren por el o ella.

La promesa de nuestro destino eterno

Algo que debemos recordar es el carácter trascendental del cristianismo. Aunque el cristianismo le da una mejor calidad de vida ahora a la persona, su propósito final no es ese. Ser sanados, liberados son beneficios temporales de nuestra nueva relación con Dios.

La esperanza y promesa del cristianismo

La esperanza del cristiano no es que no morirá, que no tendrá una muerte violenta o que no sufrirá perdidas económicas o de seres queridos. Es la promesa de la eternidad junto con Dios y una vez con El, no habrá sufrimiento ni dolor ni llanto. Sin importar lo que hayamos sufrido en esta tierra, en esta vida, una vez allá, estaremos en una situación tan perfecta que no seremos capaces de recordar lo que sufrimos aquí.
Apocalipsis 7
Apocalipsis 7.16–17 NVI
16 Ya no sufrirán hambre ni sed. No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador. 17 Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará y los guiará a fuentes de agua viva; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos.
porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará,(E) y los guiará a fuentes de aguas de vida;(F) y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”.(G)

Un efecto del sufrimiento

Algo que causa el sufrimiento es que nos ayuda a no apegarnos a este mundo, sabiendo que este no es nuestro hogar. Nos ayuda a fijar nuestra atención en la eternidad y nuestra existencia con Dios. Nos ayuda a recordar que estamos aquí de paso.

Cómo acompañar al que sufre

¿Qué podemos hacer cuando alguien esta sufriendo? Cuando esto sucede comenzamos a preguntarnos que palabras debemos decir, que consejo de sabiduría podemos dar, etc. ¿Qué dicen las escrituras que debemos hacer?
Romanos 12.15 RVR60
15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.
Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”.
Hay momentos en que una palabra de aliento será necesaria y cuando esto sea así Dios te la dará. Sin embargo, la mayoría de las veces las personas necesitan empatía y no palabras. Necesitan que lloren con ellos, que estés con ellos y no digas nada. Solo tu presencia es necesaria y cualquier cosa que puedas hacer por ellos.

Mirando mas allá de nuestro sufrimiento

Cuando superamos nuestra experiencia de dolor y hemos encontrado consuelo en Dios y en los hermanos, sucede algo en nosotros. Nos damos cuenta que esa experiencia nos permite ahora ayudar a aquellas personas que atraviesan por lo mismo.
¿Quieres saber cual es tu área de servicio? Mira las adversidades de tu vida porque ahí te usaran.
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