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Sermón sin título (7)

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EL SEMBRADOR

Mateo 13.1–3 RVR60
Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
¿QUIEN ES EL SEMBRADOR?

TODO CRISTIANO NO SOLO DEBEN DE RECONOCER AUTORIDAD SINO BUSCAR A AQUELLOS A QUIENES DEBEN OBEDECER

Mateo 8.9 RVR60
Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

Dios sustenta todo el universo con su autoridad, de la misma manera también junta a sus hijos por medio de su autoridad.

Si alguno de sus hijos es independiente y confiado en sí mismo, y no está sujeto a la autoridad delegada de Dios, el tal no podrá jamás realizar la obra de Dios en la tierra.

¿Cómo podremos creer si no sabemos a quién creer?

¿Cómo podremos amar si no sabemos a quién amar?

¿O cómo, pues, podremos obedecer si no sabemos a quién obedecer?

PERO EN LA IGLESIA HAY MUCHAS PERSONAS A QUIENES LES DEBEMOS SUMISIÓN

?

No debemos escoger a quién vamos a obedecer, sino antes debemos aprender a someternos a todas las autoridades gobernantes.

No hay nadie que sea apto para ser autoridad delegada de Dios a menos que primero sepa estar bajo autoridad.
Nadie sabe ejercer la autoridad hasta que ha tratado con su propia rebelión.

Si no hay testimonio de autoridad, no hay iglesia ni obra.

Esto presenta un serio problema, y es imprescindible que aprendamos a someternos unos a otros y a las autoridades delegadas.

1. EL SEMBRADOR DEBE SABER QUE TODA AUTORIDAD VIENE DE DIOS.

Toda persona llamada a ser autoridad debe recordar que
Romanos 13.1 RVR60
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
El que uno esté en autoridad no depende de que tenga ideas y pensamientos; más bien depende de que conozca la voluntad de Dios.
La medida del conocimiento que uno tenga de la voluntad de Dios será la medida de su autoridad delegada.
No tiene absolutamente nada que ver con tener muchas ideas, buenas opiniones o pensamientos nobles.
NADIE PUEDE SER AUTORIDAD DELEGADA A MENOS QUE HAYA APRENDIDO A OBEDECER A LA AUTORIDAD DE DIOS Y ENTENDER SU VOLUNTAD
1 Corintios 11.3 RVR60
Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.
EL SEMBRADOR DEBE CONSULTAR
SI USTED ES UN REPRESENTANTE DE UNA COMPAÑIA ANTES DE FIRMAR ALGO DEBE CONSULTAR CON LA AUTORIDAD
Por eso se le requiere que primero conozca la vo- luntad de Dios y después actúe en nombre de Dios. Entonces, su acción recibirá la aprobación divina.
su acción recibirá la aprobación divina.
todo lo que procede del hombre es totalmente carente de autoridad, porque sólo puede representar al hombre mismo.
todo lo que procede del hombre es totalmente carente de autoridad, porque sólo puede representar al hombre mismo.
Lo que hacemos debe provenir de lo que hemos aprendido delante de Dios, y lo que decimos tiene que ser el resultado de las experiencias que hemos tenido con él.
No hay más autoridad que Dios. Si nada hemos visto delante de Dios, no tenemos absolutamente ninguna autoridad delante de los hombres.

2. EL SEMBRADOR DEBE NEGARSE A SÍ MISMO.

Juan 12.49 RVR60
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
SI YO LE PREGUNTO
QUE ES UN ÍDOLO?
CUALES SON LOS ÍDOLOS QUE PODEMOS TENER?
UN ÍDOLO ES EL AMOR A NOSOTROS MISMOS
Lucas 9.23 RVR60
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Lucas
Mientras no conozcamos la la voluntad de Dios, debemos guardar silencio.
No debemos ejercer la autoridad descuidadamente. El que ha de represen- tar a Dios tiene que aprender, en lo positivo, a conocer lo que es la autoridad de Dios; y en lo negativo, a negarse a sí mismo.
Ni Dios ni los hermanos van a tener en gran estima sus pen- samientos.
Es probable que usted mismo sea la única persona en todo el mundo que considere que su opinión es la mejor.
A VECES NOSOTROS CONSIDERAMOS QUE NUESTRAS OPINIONES SON LO MEJOR
Salvo que seamos completamente quebrantados por el Señor, no somos aptos para ser autoridades delegadas de Dios. El nos llama a representar su autoridad, no a sustituirla.
Dios es soberano en su personalidad y posición. Su voluntad es la suya. Jamás consulta al hombre ni permite que nadie sea su consejero.
¡Cuánto necesitamos morir ante la luz de Dios! Como Balaam en
Números 22.25 RVR60
Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla.
Números 22.
Necesitamos ser empujados contra la pared y tener nuestro pie apretado.
pared y tener nuestro pie apretado. Entonces sentiremos dolor al movernos y no nos atreveremos a hablar ociosamente. No es necesario aconsejarle que camine despacio a uno que se ha apretado un pie. Sólo con experiencias tan dolorosas como ésta seremos librados de nosotros mismos.
Entonces sentiremos dolor al movernos y no nos atreveremos a hablar ociosamente. No es necesario aconsejarle que camine despacio a uno que se ha apretado un pie. Sólo con experiencias tan dolorosas como ésta seremos librados de nosotros mismos.
Como autoridades delegadas no debemos expresar nuestras propias opiniones ni desear intervenir en los asuntos de los demás
Proverbios 21.27 RVR60
El sacrificio de los impíos es abominación; ¡Cuánto más ofreciéndolo con maldad!
Salmo 51.16 RVR60
Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto.
Hebreos 10.5–6 RVR60
Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
SAMUEL Y SAÚL
1º Samuel 15.22–23 RVR60
Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
1 Samuel 15.22-23
Hebreos 10.5–6 RVR60
Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
Oseas 14.2 RVR60
Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios.

3. Debe mantenerse en comunión constante con el Señor.

Los que son autoridades delegadas de Dios tienen que man- tenerse en estrecha comunión con él. No sólo debe haber comunicación sino también comunión.
Los que están cerca de Dios tienen un temor piadoso; saben 10 contaminador que es expresar descuidadamente sus propias opiniones.
Cuanto más cerca estamos del Señor, con tanta más claridad vemos nuestras propias faltas. Habiéndo- nos enfrentado a Dios, no nos atrevemos de allí en adelante a hablar con tanta firmeza. No tenemos confianza en la carne; comenzamos a tener miedo de errar.

No se puede aparentar tener temor de Dios; sólo poseen esta virtud los que siempre esperan en el Señor. Aunque había oído mucho, no fue hasta que llegó a la presencia de Salomón que la reina de Sabá se quedó asombrada. Pero tenemos ante nosotros a uno mayor que Salomón.

1º Reyes 10.1 RVR60
Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles.
1º Reyes 10.4–5 NTV
Cuando la reina de Saba se dio cuenta de lo sabio que era Salomón y vio el palacio que él había construido, quedó atónita. También estaba asombrada por la comida que se servía en las mesas del rey, por la forma en que estaban organizados sus funcionarios y la ropa espléndida que usaban, por los coperos y por las ofrendas quemadas que ofrecía Salomón en el templo del Señor.
Romanos 8.1–6 RVR60
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

JESUS Y EL CARACTER EN LA SIEMBRA

La autoridad ha sido establecida por Dios; por lo tanto, ninguna autoridad delegada necesita tratar de asegurar su autoridad. No insista en que otros le escuchen.
Si yerran, dé- jelos errar; si no se someten, déjelos ser insubordinados; si insisten en seguir su propio camino, deje que lo sigan. Una autoridad delegada no debe disputar con los hombres.

Por otra parte, si he sido establecido por Dios,

¿tengo que temer que los hombres no se sometan?

Todo aquel que rehúsa oírme, desobedece a Dios.

No es necesario que yo obligue a la gente a escuchar. Dios es mí apoyo; ¿por qué, pues, debo temer?

LOS QUE TIENEN SED DEL SEÑOR VENDRÁN
Aunque David fue ungido por Dios y designado como fu- turo rey, por largos años permaneció bajo la mano de Saúl.
Mateo 13.3 NTV
Contó muchas historias en forma de parábola como la siguiente: «¡Escuchen! Un agricultor salió a sembrar.
No me gusta oír que algunos maridos les dicen a sus esposas: "Yo soy la autoridad establecida de Dios; así que tienes que escucharme"; tampoco me complazco en oír que los ancianos de la iglesia les digan a los hermanos: "Yo soy la autoridad designada por Dios." Amado hermano, jamás trate de establecer su propia autoridad. Si Dios lo escoge, recíbalo con humildad;
si Dios no lo llama, ¿por qué tiene que luchar?
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