Faithlife Sermons

Descanse en paz

Sermon  •  Submitted
0 ratings
· 14 views
Notes
Transcript

Confié en Dios

Mateo 6.25–34 RVR60
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6.25-
En consecuencia con lo que acaba de decir, Jesús añade ahora algo de suma importancia para el creyente: Si hemos escogido servir a Dios, y ponemos en Él toda nuestra confianza, se sigue como una consecuencia natural que debemos desechar toda ansiedad acerca de las cosas necesarias para la vida.
A. Jesús nos invita a no sentir ansiedad ni preocupación acosante por las cosas necesarias, como el comer y el vestir: Por tanto, os digo: No os afanéis ansiosamente por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir (v. 25).
Por tanto, como consecuencia de lo que acabo de decir, os digo, como Dueño, Legislador, Salvador y Esposo de vuestras almas: No os afanéis … Pensar y ocuparse en las cosas necesarias para la vida, y trabajar para ganarse el sustento, es algo, no sólo legítimo, sino preceptuado por Dios.
Pero:

Prohibido Preocuparse

1. Lo que Jesús prohíbe es la ansiedad atormentadora, que perturba el gozo en el Señor, la paz del espíritu, el sueño reparador y el disfrute de las bendiciones que recibimos de Dios.
2. Tal ansiedad tiene como fondo una falta de fe. Dios ha prometido proveer a sus hijos de todo lo necesario para la vida, no de lo superfluo, de modo que podamos decir con David: Jehová es mi pastor; nada me faltará
Salmo 23.1 RVR60
Jehová es mi pastor; nada me faltará.
. No nos ha prometido banquetes, pero sí sustento. Estar ansioso acerca de ello equivale, pues, a dudar de la fidelidad de Dios a Sus promesas, o de la bondad y sabiduría de la divina providencia. Dice Pedro: Echando toda ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros (). La Palabra de Dios está llena de referencias a esta actitud de confianza filial que debe ser una característica de los creyentes.
No nos ha prometido banquetes, pero sí sustento. Estar ansioso acerca de ello equivale, pues, a dudar de la fidelidad de Dios a Sus promesas, o de la bondad y sabiduría de la divina providencia.
Dice Pedro: Echando toda ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros
1 Pedro 5.7 RVR60
echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
). La Palabra de Dios está llena de referencias a esta actitud de confianza filial que debe ser una característica de los creyentes.
La Palabra de Dios está llena de referencias a esta actitud de confianza filial que debe ser una característica de los creyentes.
3. No os afanéis por vuestra vida. Aun tratándose de esta vida terrenal, que es el máximo valor de las cosas temporales: «todo lo que el hombre tiene, lo dará por su vida»
Job 2.4 RVR60
Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.
). Sin embargo hemos de dejarla confiadamente en manos de nuestro Padre: En tu mano están mis tiempos (). ¡Están en buenas manos!
Sin embargo hemos de dejarla confiadamente en manos de nuestro Padre: En tu mano están mis tiempos
Salmo 31.15 RVR60
En tu mano están mis tiempos; Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores.
). ¡Están en buenas manos!
¡Están en buenas manos!
4. No os afanéis por el día de mañana (v. 34); en general, por el porvenir. ¡No estemos ansiosos por el futuro! Así como no debemos jactarnos del día de mañana
) tampoco debemos estar ansiosos por el día de mañana; ya sea dulce, ya sea amargo, lo que nos depare el porvenir, hemos de ponerlo en manos de Dios como un cheque en blanco, y rubricarlo con un Amén.
Santiago 4.13–16 RVR60
¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos;cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;
tampoco debemos estar ansiosos por el día de mañana; ya sea dulce, ya sea amargo, lo que nos depare el porvenir, hemos de ponerlo en manos de Dios como un cheque en blanco, y rubricarlo con un Amén.

La ansiedad y su remedio

La ansiedad y su remedio

Hay dos palabras griegas que comunican la idea de ansiedad. Una se traduce “turbarse”

ταράσσω. (imperf. ἐτάρασσον; fut. ταράξω; 1 aor. ἐτάραξα; 1 aor. pas. ἐταράχθην; 2 perf. τετάραχα; perf. pas. τετάραγμαι). Turbar, molestar, inquietar, alborotar, espantar, asustar, conmover, agitar.

Juan 14.1 RVR60
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
) y significa “ser sacudido o agitado”. La otra ( 3309) es “afanarse” y se encuentra en este párrafo. Significa “ser dividido”, o “partido”. La ansiedad por las cosas que uno necesita para sustentar la vida en el día de “mañana” puede literalmente dividirle en dos. Por un momento piensa: “Puedo confiar en Dios para proveer para mis necesidades.” Luego, duda de la provisión de Dios. Este es uno de los dilemas más frecuentes para muchos creyentes. La voluntad de Dios no es que sus hijos vivan en un estado de ansiedad. Este párrafo presenta el antídoto divino para evitar la ansiedad en los súbditos del reino. Primero, Jesús prohíbe la ansiedad, luego señala su causa, destaca cinco razones en contra de ella y termina declarando el principio general que debe guiar a los siervos del Rey.
y significa “ser sacudido o agitado”.
La otra es “afanarse” y se encuentra en este párrafo.

μεριμνάω. (fut. μεριμνήσω; 1 aor. ἐμερίμνησα; 1 aor. pas. ἐμεριμνήθην; perf. μεμερίμνηκα). Preocuparse, afanarse, interesarse, tener cuidado.

Significa “ser dividido”, o “partido”.
La ansiedad por las cosas que uno necesita para sustentar la vida en el día de “mañana” puede literalmente dividirle en dos.
Por un momento piensa: “Puedo confiar en Dios para proveer para mis necesidades.” Luego, duda de la provisión de Dios.
Este es uno de los dilemas más frecuentes para muchos creyentes. La voluntad de Dios no es que sus hijos vivan en un estado de ansiedad. Este párrafo presenta el antídoto divino para evitar la ansiedad en los súbditos del reino. Primero, Jesús prohíbe la ansiedad, luego señala su causa, destaca cinco razones en contra de ella y termina declarando el principio general que debe guiar a los siervos del Rey.
Por tanto os digo (v. 25) es una expresión que introduce un párrafo con el que concluye la línea de pensamiento anterior. Jesús emplea un imperativo del tiempo presente con el adverbio de negación. Esta construcción prohíbe la continuación de una acción ya en progreso. Dicen en efecto: No continuéis afanándoos (v. 25). En cambio, la prohibición del v. 34 emplea el mismo verbo, pero en tiempo pretérito indefinido. Quiere decir: No comencéis a afanaros por el día de mañana. Por estas dos prohibiciones, entendemos que no es la voluntad de Dios que ningún creyente experimente ansiedad por el sustento de la vida.
La causa de la ansiedad se encuentra en la expresión hombres de poca fe (v. 30). La “poca fe” era la causa del temor de los discípulos en la tempestad (8:26) y del temor de Pedro cuando se hundía en el agua sobre la cual acababa de caminar (14:31). La crisis económica, y la ansiedad resultante, es tema de conversación en casi todos los ámbitos. Sin embargo, Jesús indica que no hay “crisis económica” para el siervo de Dios, pero puede haber una “crisis de fe”.
En este párrafo encontramos cinco razones por las cuales el creyente no debe sentir ansiedad, o preocuparse sobremanera, por el sustento de la vida. Primero, la ansiedad es innecesaria. El Dios que creó las aves (mundo animal) del cielo se ocupa de proveer el sustento para su vida (v. 26). El que creó las plantas (mundo vegetal) provee para su sustento y hermosura. Jesús emplea un silogismo para grabar este mensaje en la mente de los discípulos: (1) Dios provee para aves y lirios; (2) el hombre vale mucho más que ellos (vv. 25b, 26b, 30b); (3) por lo tanto, Dios proveerá para los hombres. Segundo, la ansiedad no es fructífera, pues no produce resultados positivos. Por más que uno se esfuerce, no puede añadir a su estatura un codo (v. 27). Un codo es la distancia de la punta de los dedos al codo, o sea, aproximadamente medio metro. Algunos opinan que se refiere a añadir años a la vida. La ansiedad, en vez de prolongar la vida, suele acortarla. También, la ansiedad es incompatible con nuestra posición como hijos de Dios. Un “gentil”, o pagano, tiene mucha razón para sentir ansiedad en cuanto a la vida y el sustento para la vida (v. 32). La ansiedad es una característica propia del incrédulo. La ansiedad de parte de un súbdito del reino es indecorosa, deshonra a su Padre celestial, pues indicaría que su Dios no quiere o no puede proveer para sus necesidades. La ansiedad por las necesidades de mañana es inoportuna, pues carga hoy con las cargas que se deben guardar para mañana (v. 34). Produce una doble carga que aplasta. Jesús no quiere decir con esto que el creyente debe descuidar por completo las provisiones para su vida y su familia. Debe trabajar diligentemente y hacer planes para el futuro, sí; pero también debe reconocer que su Señor es el dueño del futuro. Provee alimento para las aves, pero no lo echa en el nido.
El versículo clave de este párrafo, y quizás del Sermón del monte, es el v. 33. Jesús subraya el principio que sirve para orientar la vida diaria y el servicio del súbdito del reino. La preocupación, o prioridad, número uno debe ser el “buscar el reino de Dios.” El mandato del Rey, la voluntad de Dios para todo súbdito del reino, es que busque el reino. Esta búsqueda debe ser continua, pues el imperativo está en tiempo presente, indicando acción repetida y continua. Debe ser una búsqueda celosa, pues el verbo en griego ( 2212) significa “desear con una pasión, perseguir con celo, procurar de corazón, o buscar con afán. La búsqueda debe ser concentrada en el reino de Dios. En contraste, los gentiles concentraban su búsqueda en las cosas de esta vida (v. 32). La búsqueda debe ser prioritaria, la tarea número uno en la vida del creyente. Después de hacer una lista de todas las prioridades, es necesario decidir cual es la número uno, y mantener el orden en todas las áreas de su vida.
Joya bíblica
Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (6:33).
Dios no nos da las cosas que caprichosamente le pedimos, sino las que verdaderamente necesitamos. Y cuando los hijos de Dios se ocupan primeramente del reino de Dios, él toma a su cargo todas nuestras necesidades materiales. Ocúpate de las cosas del Señor que él se ocupará de las tuyas.
La promesa del Rey (y todas estas cosas os serán añadidas, v. 33) es el antídoto para eliminar y evitar la ansiedad. Nuestra parte: someternos incondicionalmente al reinado de Cristo y buscar su voluntad. La parte de Dios: proveer todo lo que sea esencial para que nosotros cumplamos su voluntad. El siervo puede gozarse de provisiones abundantes, o soportar provisiones mínimas, pero serán en todo momento suficientes (ver ). No promete proveer “todas las cosas”, ni “todo lo que deseamos”, sino “todas estas cosas”. “Estas cosas” se refiere concretamente a las cosas recién mencionadas: comida y ropa. También es necesario observar oportunamente que debemos equilibrar esta promesa con la enseñanza de que el sacrificio, privación y aun la cruz también pertenecen al discipulado (10:34–39).
Una parábola moderna viene al caso: Se oyó en un huerto una conversación entre dos gorriones, descansando sobre una rama en un árbol alto. Mientras observaban a la gente que caminaba apurada y nerviosa por el huerto, uno dijo al otro:
—Eh, dime, ¿por qué piensas que la gente camina así, nerviosa y preocupada?
El otro le respondió:
—No lo sé con certeza, pero debe ser porque no tienen a un Padre Celestial que los cuida, como nosotros.[1]
[1] Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. . (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Mateo (1. ed., pp. 110–112). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.
B. Razones y argumentos con que Jesús fundamenta esta prohibición. Para mostrar cuánto interés tiene en esta materia, y cuánto le agrada el que los suyos tengan absoluta confianza en la providencia divina, Jesús respalda su mandato con las más poderosas razones.
Para librarnos de todo pensamiento de angustia en este asunto, Cristo nos sugiere los más consoladores pensamientos para que llenemos de ellos nuestra mente y nuestro corazón. Si nuestra razón pura no es suficiente para quitarnos la ansiedad, la fe viva es más que bastante para vencerla.
1. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (v. 25). Sí, claro que lo es; se trata de algo evidente para todos: la vida es más importante que el sustento.
La comida y el vestido están destinados para la vida, y el fin es más noble y excelente que los medios.
El manjar más exquisito y el más suntuoso vestido proceden de la tierra mientras que la vida procede del aliento de Dios
Génesis 2.7 RVR60
Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
). Esto nos sirve de estímulo para esperar de Dios que nos conceda el alimento y el vestido necesarios y así desprendernos de toda ansiedad acerca de ellos. Si Dios nos ha dado la vida y el cuerpo, ¿qué no podrá o no querrá darnos para mantenerlos y protegerlos? Si nosotros nos afanamos por Las cosas del alma y de la vida eterna, que valen mucho más que el cuerpo y la vida temporal, podemos dejar en manos de Dios el cuidado de proveernos alimento y vestido, que son de menor importancia. El que nos guarda de los males a los que estamos expuestos, nos proveerá de los bienes que necesitamos.
Esto nos sirve de estímulo para esperar de Dios que nos conceda el alimento y el vestido necesarios y así desprendernos de toda ansiedad acerca de ellos.
Si Dios nos ha dado la vida y el cuerpo, ¿qué no podrá o no querrá darnos para mantenerlos y protegerlos?
Si nosotros nos afanamos por Las cosas del alma y de la vida eterna, que valen mucho más que el cuerpo y la vida temporal, podemos dejar en manos de Dios el cuidado de proveernos alimento y vestido, que son de menor importancia.
El que nos guarda de los males a los que estamos expuestos, nos proveerá de los bienes que necesitamos.
2. Mirad las aves del cielo … Considerad los lirios del campo. Aquí tenemos un argumento sacado de la providencia que Dios tiene con las criaturas inferiores.
¡A qué bajo estado ha debido de caer el hombre, para que se le envíe a esta escuela de las aves del cielo para que le enseñen!
(A) Mirad a las aves y aprended de ellas a depender de Dios para su alimento (v. 26).
n Vuestro Padre celestial las alimenta (v. 26). Él conoce todas las aves silvestres de los montes mucho mejor que lo que tú conoces las aves domésticas de tu corral. Pero lo más digno de notarse en este punto es que dichas aves hallan alimento sin que ellas trabajen o se esfuercen por encontrarlo: No siembran, ni siegan ni recogen en graneros. Cada día, tan seguro como que el sol se levanta cada mañana, encuentran el sustento necesario, y todas ellas esperan en Dios, para que les de su comida a su tiempo (), y Él provee a todas abundantemente, pues Sus ojos están en todo lugar (). De aquí podemos sacar ánimo y consuelo abundante para acrecentar nuestra confianza en Dios: ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?—dice Jesús—. Sí es cierto; los herederos del Cielo valen mucho más que las aves del cielo; como seres más nobles y excelentes, pueden, mediante la fe, volar más alto que las aves. Dios es el Hacedor, el Dueño y el Sustentador común de aves y hombres; pero sólo de los suyos es Padre; nosotros somos sus hijos primogénitos (); ahora bien, quien alimenta a sus pájaros no dejará morir de hambre a sus hijos. Si las aves confían en la providencia de nuestro Padre, ¿no vamos a confiar nosotros en ella? Al depender de Dios, viven ellas sin preocupación por el mañana; por eso, disfrutan de una vida más alegre que ninguna otra criatura inferior, como lo muestran cantando en las ramas de los árboles. Si nosotros, por fe, estuviésemos tan confiados del mañana como ellas lo están, de seguro que cantaríamos tan alegremente como ellas lo hacen.
Vuestro Padre celestial las alimenta (v. 26). Él conoce todas las aves silvestres de los montes mucho mejor que lo que tú conoces las aves domésticas de tu corral.
Pero lo más digno de notarse en este punto es que dichas aves hallan alimento sin que ellas trabajen o se esfuercen por encontrarlo: No siembran, ni siegan ni recogen en graneros. Cada día, tan seguro como que el sol se levanta cada mañana, encuentran el sustento necesario, y todas ellas esperan en Dios, para que les de su comida a su tiempo
Salmo 104.27 RVR60
Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida a su tiempo.
), y Él provee a todas abundantemente, pues Sus ojos están en todo lugar (). De aquí podemos sacar ánimo y consuelo abundante para acrecentar nuestra confianza en Dios: ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?—dice Jesús—. Sí es cierto; los herederos del Cielo valen mucho más que las aves del cielo; como seres más nobles y excelentes, pueden, mediante la fe, volar más alto que las aves. Dios es el Hacedor, el Dueño y el Sustentador común de aves y hombres; pero sólo de los suyos es Padre; nosotros somos sus hijos primogénitos (); ahora bien, quien alimenta a sus pájaros no dejará morir de hambre a sus hijos. Si las aves confían en la providencia de nuestro Padre, ¿no vamos a confiar nosotros en ella? Al depender de Dios, viven ellas sin preocupación por el mañana; por eso, disfrutan de una vida más alegre que ninguna otra criatura inferior, como lo muestran cantando en las ramas de los árboles. Si nosotros, por fe, estuviésemos tan confiados del mañana como ellas lo están, de seguro que cantaríamos tan alegremente como ellas lo hacen.
y Él provee a todas abundantemente, pues Sus ojos están en todo lugar
Proverbios 15.3 RVR60
Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando a los malos y a los buenos.
). De aquí podemos sacar ánimo y consuelo abundante para acrecentar nuestra confianza en Dios: ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?—dice Jesús—. Sí es cierto; los herederos del Cielo valen mucho más que las aves del cielo; como seres más nobles y excelentes, pueden, mediante la fe, volar más alto que las aves. Dios es el Hacedor, el Dueño y el Sustentador común de aves y hombres; pero sólo de los suyos es Padre; nosotros somos sus hijos primogénitos (); ahora bien, quien alimenta a sus pájaros no dejará morir de hambre a sus hijos. Si las aves confían en la providencia de nuestro Padre, ¿no vamos a confiar nosotros en ella? Al depender de Dios, viven ellas sin preocupación por el mañana; por eso, disfrutan de una vida más alegre que ninguna otra criatura inferior, como lo muestran cantando en las ramas de los árboles. Si nosotros, por fe, estuviésemos tan confiados del mañana como ellas lo están, de seguro que cantaríamos tan alegremente como ellas lo hacen.
De aquí podemos sacar ánimo y consuelo abundante para acrecentar nuestra confianza en Dios: ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?—dice Jesús—. Sí es cierto; los herederos del Cielo valen mucho más que las aves del cielo; como seres más nobles y excelentes, pueden, mediante la fe, volar más alto que las aves.
Dios es el Hacedor, el Dueño y el Sustentador común de aves y hombres; pero sólo de los suyos es Padre; nosotros somos sus hijos primogénitos
Hebreos 12.23 RVR60
a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
); ahora bien, quien alimenta a sus pájaros no dejará morir de hambre a sus hijos. Si las aves confían en la providencia de nuestro Padre, ¿no vamos a confiar nosotros en ella? Al depender de Dios, viven ellas sin preocupación por el mañana; por eso, disfrutan de una vida más alegre que ninguna otra criatura inferior, como lo muestran cantando en las ramas de los árboles. Si nosotros, por fe, estuviésemos tan confiados del mañana como ellas lo están, de seguro que cantaríamos tan alegremente como ellas lo hacen.
ahora bien, quien alimenta a sus pájaros no dejará morir de hambre a sus hijos. Si las aves confían en la providencia de nuestro Padre, ¿no vamos a confiar nosotros en ella? Al depender de Dios, viven ellas sin preocupación por el mañana; por eso, disfrutan de una vida más alegre que ninguna otra criatura inferior, como lo muestran cantando en las ramas de los árboles. Si nosotros, por fe, estuviésemos tan confiados del mañana como ellas lo están, de seguro que cantaríamos tan alegremente como ellas lo hacen.
(B) Considerad los lirios del campo, y aprended a confiar en Dios acerca del vestido (v. 28). Esto es también parte de nuestra ansiedad: ¿Qué hemos de vestir? Esta pregunta recurre casi con tanta frecuencia como la del sustento diario. Considerad los lirios del campo; no os contentéis con mirarlos (cualquiera puede hacerlo para admirar su belleza), sino reflexionad sobre ellos; hay muy buenas cosas que aprender de lo que vemos todos los días, si nos paramos a meditar. ¡Los lirios son tan frágiles! Son la hierba del campo, que hoy es y mañana se seca y se echa en el horno.
Así el hombre es también frágil: Es cortado como la flor, como la hierba.
Job 14.2 RVR60
Sale como una flor y es cortado, Y huye como la sombra y no permanece.
; ; , ), aunque algunas de las cualidades del alma y de las prendas de un cuerpo hermoso sean como lirios y reciban mucha admiración, todavía son como la hierba. Esta hierba hoy es y mañana se echa al horno; dentro de poco, el lugar donde vivimos nos negará diciendo: Nunca te vi (). Tu nombre desaparecerá de la puerta del despacho, de la nómina de la empresa, del padrón del ayuntamiento; hasta tu recuerdo irá difuminándose paulatinamente en la memoria de los vivientes. ¿Para qué pensar sobre lo que nos pondremos mañana, pues quién sabe si mañana lo que nos pondrán (no lo que nos pondremos) será una mortaja? Consideremos cuán libres de ansiedad están los lirios: no se fatigan como los humanos para poder comprar vestidos, ni hilan para hacerse el vestido. No quiere decir que no hayamos de trabajar o desempeñar con esmero y sentido de la responsabilidad nuestro oficio o nuestra profesión en esta vida. El perezoso tienta a Dios en vez de confiar en Él. ¡Considera qué bellos y qué finos son los lirios; cómo crecen, y de dónde salen! La raíz del lirio está, en el invierno, escondida y soterrada, pero cuando vuelve la primavera, reaparece y se levanta en poco tiempo; esto ilustra la promesa de Dios a Israel, de que había de crecer como el lirio (). ¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido. Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera. La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido. Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
; , ), aunque algunas de las cualidades del alma y de las prendas de un cuerpo hermoso sean como lirios y reciban mucha admiración, todavía son como la hierba. Esta hierba hoy es y mañana se echa al horno; dentro de poco, el lugar donde vivimos nos negará diciendo: Nunca te vi (). Tu nombre desaparecerá de la puerta del despacho, de la nómina de la empresa, del padrón del ayuntamiento; hasta tu recuerdo irá difuminándose paulatinamente en la memoria de los vivientes. ¿Para qué pensar sobre lo que nos pondremos mañana, pues quién sabe si mañana lo que nos pondrán (no lo que nos pondremos) será una mortaja? Consideremos cuán libres de ansiedad están los lirios: no se fatigan como los humanos para poder comprar vestidos, ni hilan para hacerse el vestido. No quiere decir que no hayamos de trabajar o desempeñar con esmero y sentido de la responsabilidad nuestro oficio o nuestra profesión en esta vida. El perezoso tienta a Dios en vez de confiar en Él. ¡Considera qué bellos y qué finos son los lirios; cómo crecen, y de dónde salen! La raíz del lirio está, en el invierno, escondida y soterrada, pero cuando vuelve la primavera, reaparece y se levanta en poco tiempo; esto ilustra la promesa de Dios a Israel, de que había de crecer como el lirio (). ¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido. Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera. La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido. Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
Salmo 103.15 RVR60
El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo,
,), aunque algunas de las cualidades del alma y de las prendas de un cuerpo hermoso sean como lirios y reciban mucha admiración, todavía son como la hierba. Esta hierba hoy es y mañana se echa al horno; dentro de poco, el lugar donde vivimos nos negará diciendo: Nunca te vi (). Tu nombre desaparecerá de la puerta del despacho, de la nómina de la empresa, del padrón del ayuntamiento; hasta tu recuerdo irá difuminándose paulatinamente en la memoria de los vivientes. ¿Para qué pensar sobre lo que nos pondremos mañana, pues quién sabe si mañana lo que nos pondrán (no lo que nos pondremos) será una mortaja? Consideremos cuán libres de ansiedad están los lirios: no se fatigan como los humanos para poder comprar vestidos, ni hilan para hacerse el vestido. No quiere decir que no hayamos de trabajar o desempeñar con esmero y sentido de la responsabilidad nuestro oficio o nuestra profesión en esta vida. El perezoso tienta a Dios en vez de confiar en Él. ¡Considera qué bellos y qué finos son los lirios; cómo crecen, y de dónde salen! La raíz del lirio está, en el invierno, escondida y soterrada, pero cuando vuelve la primavera, reaparece y se levanta en poco tiempo; esto ilustra la promesa de Dios a Israel, de que había de crecer como el lirio (). ¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido. Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera. La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido. Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
Isaías 40.6 RVR60
Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
Isaías 40.8 RVR60
Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.
), aunque algunas de las cualidades del alma y de las prendas de un cuerpo hermoso sean como lirios y reciban mucha admiración, todavía son como la hierba. Esta hierba hoy es y mañana se echa al horno; dentro de poco, el lugar donde vivimos nos negará diciendo: Nunca te vi (). Tu nombre desaparecerá de la puerta del despacho, de la nómina de la empresa, del padrón del ayuntamiento; hasta tu recuerdo irá difuminándose paulatinamente en la memoria de los vivientes. ¿Para qué pensar sobre lo que nos pondremos mañana, pues quién sabe si mañana lo que nos pondrán (no lo que nos pondremos) será una mortaja? Consideremos cuán libres de ansiedad están los lirios: no se fatigan como los humanos para poder comprar vestidos, ni hilan para hacerse el vestido. No quiere decir que no hayamos de trabajar o desempeñar con esmero y sentido de la responsabilidad nuestro oficio o nuestra profesión en esta vida. El perezoso tienta a Dios en vez de confiar en Él. ¡Considera qué bellos y qué finos son los lirios; cómo crecen, y de dónde salen! La raíz del lirio está, en el invierno, escondida y soterrada, pero cuando vuelve la primavera, reaparece y se levanta en poco tiempo; esto ilustra la promesa de Dios a Israel, de que había de crecer como el lirio (). ¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido. Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera. La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido. Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
aunque algunas de las cualidades del alma y de las prendas de un cuerpo hermoso sean como lirios y reciban mucha admiración, todavía son como la hierba. Esta hierba hoy es y mañana se echa al horno; dentro de poco, el lugar donde vivimos nos negará diciendo: Nunca te vi
). Tu nombre desaparecerá de la puerta del despacho, de la nómina de la empresa, del padrón del ayuntamiento; hasta tu recuerdo irá difuminándose paulatinamente en la memoria de los vivientes. ¿Para qué pensar sobre lo que nos pondremos mañana, pues quién sabe si mañana lo que nos pondrán (no lo que nos pondremos) será una mortaja? Consideremos cuán libres de ansiedad están los lirios: no se fatigan como los humanos para poder comprar vestidos, ni hilan para hacerse el vestido. No quiere decir que no hayamos de trabajar o desempeñar con esmero y sentido de la responsabilidad nuestro oficio o nuestra profesión en esta vida. El perezoso tienta a Dios en vez de confiar en Él. ¡Considera qué bellos y qué finos son los lirios; cómo crecen, y de dónde salen! La raíz del lirio está, en el invierno, escondida y soterrada, pero cuando vuelve la primavera, reaparece y se levanta en poco tiempo; esto ilustra la promesa de Dios a Israel, de que había de crecer como el lirio (). ¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido. Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera. La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido. Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
Job 8.18 RVR60
Si le arrancaren de su lugar, Este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.
Tu nombre desaparecerá de la puerta del despacho, de la nómina de la empresa, del padrón del ayuntamiento; hasta tu recuerdo irá difuminándose paulatinamente en la memoria de los vivientes. ¿Para qué pensar sobre lo que nos pondremos mañana, pues quién sabe si mañana lo que nos pondrán (no lo que nos pondremos) será una mortaja?
Consideremos cuán libres de ansiedad están los lirios: no se fatigan como los humanos para poder comprar vestidos, ni hilan para hacerse el vestido.
No quiere decir que no hayamos de trabajar o desempeñar con esmero y sentido de la responsabilidad nuestro oficio o nuestra profesión en esta vida.
El perezoso tienta a Dios en vez de confiar en Él. ¡Considera qué bellos y qué finos son los lirios; cómo crecen, y de dónde salen! La raíz del lirio está, en el invierno, escondida y soterrada, pero cuando vuelve la primavera, reaparece y se levanta en poco tiempo; esto ilustra la promesa de Dios a Israel, de que había de crecer como el lirio
Oseas 14.5 RVR60
Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.
). ¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido. Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera. La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido. Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
¡Considera en qué se convierte en pocos días su tallo! Desde la oscuridad en que estuvo soterrado durante el invierno, llega a ser en pocas semanas una flor tan vistosa, que ni Salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. Por muy bien que un hombre se vista, se ha de quedar por debajo del esplendor de los lirios, y un parterre de tulipanes le dejará deslucido.
Ambicionemos, pues, la sabiduría de Salomón más bien que su gloria y esplendor, en lo que un solo lirio le supera.
La inteligencia y la gracia son perfecciones específicas del hombre, no la belleza del cuerpo, y mucho menos la elegancia y finura del vestido.
Aquí se nos dice también que Dios viste a la hierba del campo (v. 30). Todas las excelencias de las cosas creadas proceden de Dios. Él es quien ha dado al caballo su fuerza y al lirio su hermosura. ¡Cuán instructivo es todo esto para nosotros! (v. 30). En efecto, lo es:
Related Media
Related Sermons