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¿Esfuerzo Propio o Poder Espiritual?

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¿ESFUERZO PROPIO O PODER ESPIRITUAL?
Epílogo – Primera parte
(San )
INTRODUCCIÓN
La sección principal del Evangelio de Juan finalizó con el cierre del capítulo 20, con la declaración resumen del apóstol sobre su propósito al escribir. Su meta era que sus lectores supieran "que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, [tuvieran] vida en su nombre" (). El capítulo 21 es un epílogo que, junto con el prólogo (), encierra la parte principal del Evangelio.
Algunos argumentan que Juan no escribió este apéndice, insisten en que alguno de sus colaboradores cercanos lo añadió. Sin embargo, no hay evidencia de que alguna vez el Evangelio de Juan circulara sin el capítulo 21; todos los manuscritos existentes lo incluyen. El epílogo tampoco es superfluo; es una conclusión adecuada a este Evangelio inspirado y contiene respuestas a varias preguntas surgidas en la mente de los lectores.
Primera, responde la pregunta de quién cuidaría a los discípulos una vez que Jesús regresara al Padre y no estuviera más presente físicamente.
Segunda, cierra la historia de Pedro. Él había negado a Cristo en la noche de su arresto y no apareció por ninguna parte en la escena de la crucifixión. Aun después de ver la tumba vacía, no estaba seguro de qué había ocurrido. El epílogo revela que la negación y la duda de Pedro no fueron el final de su historia, relacionando su reconciliación con Jesús.
Tercera, trata el falso rumor de que el apóstol Juan no moriría antes del regreso del Señor.
Cuarta, explica por qué no incluyó Juan las "muchas otras señales" () de Jesús en su Evangelio.
Quinta, trata el asunto del futuro de los discípulos ahora que se quedarían sin su maestro. ¿Cómo los seguiría protegiendo del mundo?
Sexta, refuerza la verdad de que el discípulo amado es, en efecto, Juan.
Finalmente, "La presencia del epílogo parece requerirse por el prólogo, para preservar el equilibrio y la simetría de la estructura... De aquí que el prólogo y el epílogo enmarquen el Evangelio de tal modo que forman parte integral de la estructura teológica y literaria de toda la narrativa".
Los primeros catorce versículos del capítulo 21 responden la primera pregunta, que era la de más importancia en la mente de los discípulos. Por primera vez en más de tres años, descubrían que tenían que valerse por sí mismos, pues Jesús se había hecho cargo de todas sus necesidades mientras estuvo con ellos. El Señor dejó claro que continuaría haciéndolo. En esta ocasión demostró su compromiso mediante una ilustración viva. Pero antes de que los discípulos aprendieran la lección de que Cristo continuaría proveyendo para ellos, tenían primero que enfrentar su propia insuficiencia. Como resultado, el pasaje ilustra dos dependencias en contraste a partir de las cuales ellos podían escoger. Los discípulos podían depender de su antiguo trabajo y escoger la vida anterior a que Jesús los llamara, o podían continuar en el ministerio del evangelio, dependientes de su poder y provisión. Quienes pertenecen a Cristo enfrentan estas dos opciones: ¿Seguimos por nuestra cuenta o seguimos a Cristo? Aquí se da la respuesta.

I. LA DEBILIDAD Y FRACASO HUMANOS ()

La frase Después de esto hace referencia a un tiempo no especificado después de los acontecimientos registrados en el capítulo 20. Los discípulos habían salido de Jerusalén en dirección norte, hacia Galilea, como Jesús les había ordenado (, ; ; ). Al parecer, los once no viajaron juntos en un grupo, pues en el incidente solo participaron siete. La frase repetida "Jesús se manifestó... a los discípulos" hace énfasis en que después de la resurrección Él no era reconocible si no se revelaba () Y esto no es cierto solo físicamente, sino espiritualmente. Nadie, sin la dirección del Espíritu Santo puede llamar Señor a Jesús (), pues "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (). Era necesario que el Hijo del Hombre viniera "a buscar y a salvar lo que se había perdido" (), pues "no [ha habido] quien busque a Dios" (). Sin esa búsqueda, el evangelio sigue siendo locura (, ).
El Mar de Tiberias es el conocido lago de Galilea. La Biblia también lo llama Mar de Cineret (; ; ) y lago de Genesaret (). Cuando Juan escribió su Evangelio, el nombre común se había vuelto Mar de Tiberias. El nombre viene de la ciudad de Tiberias en su costa occidental, fundada por Herodes Antipas y llamada así en honor al emperador Tiberio ().
Los siete apóstoles que participaron en este incidente fueron Simón Pedro (aquí, como siempre, aparece el primero, lo cual indica su liderazgo general de los apóstoles), Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos (muy probablemente, Andrés y Felipe, quienes siempre tuvieron lazos cercanos con Pedro y los hijos de Zebedeo [, ] y quienes siempre aparecen en otras partes relacionados con los apóstoles mencionados en este pasaje).
La primera insinuación de que las cosas no estaban del todo bien es la ubicación de los discípulos. Ya no estaban en la montaña donde Jesús les había ordenado específicamente esperarle (); sino que habían descendido al lago. Al parecer, Simón Pedro se impacientó a la espera de la aparición del Señor e impulsivamente dijo: "Voy a pescar". Pedro era un hombre de acción, impulsivo, no era dado a quedarse quieto ocioso por mucho tiempo. No sugería él que iba a una pesca recreacional para pasar el tiempo; más bien, declaraba que regresaba a su antigua vida. Hay tres líneas de evidencia que respaldan usa conclusión. En Jesús había predicho que todos los discípulos lo abandonarían: "He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo". Algunas versiones dicen que "se irían a su propia casa" pero el texto griego solo dice "por su lado", lo cual comprende casa, propiedades, posesiones y los asuntos propios ( donde la misma frase griega se traduce "vuestros negocios"). Así, la predicción de Cristo implica más que el regreso a casa por parte de los discípulos. Segundo, el uso del artículo definido con el sustantivo traducido como barca sugiere una barca específica, probablemente perteneciente a uno de los discípulos (quizás al mismo Pedro). Por último, las preguntas del Señor a Pedro en el versículo 15: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?" se interpreta mejor cuando "éstos" se lee como referencia a las barcas, redes y las otras cosas asociadas con el negocio de la pesca. El Señor estaba llamando a Pedro a dejar su antigua forma de vida y a comprometerse completamente con el servicio a Él.
Siguiendo debidamente a Pedro en su regreso, el resto de los discípulos le dijeron: "Vamos nosotros también contigo". Con seguridad, sintiéndose inadecuados para ejecutar el ministerio espiritual en nombre del reino de Dios, tenían la certeza de que en la pesca podían tener éxito. Los siete fueron, entraron en una barca y comenzaron a pescar. Eran pescadores experimentados y sabían que la noche era mejor para el oficio en el lago de Galilea (), pero aquella noche no pescaron nada. Esta experiencia fallida de los discípulos en algo que sabían bien cómo hacer fue una lección del Señor sobre su incapacidad de volver a sus vidas anteriores. No hay nada malo con la pesca; era una profesión respetable. Pero el Señor no los había llamado para eso. Los escogió para ser pescadores de hombres () y, habiendo dejado las redes para seguirlo (; ), no había marcha atrás.
Después de una noche de pesca infructuosa, cuando ya iba amaneciendo, los discípulos estaban regresando a la playa, donde se presentó Jesús pues los esperaba. Como ya se anotó, nadie podía reconocer al Señor después de su resurrección, a menos que Él se revelara. Por lo tanto, los discípulos no sabían que era Jesús.
Con una reprensión suave para resaltar el fracaso de su expedición pesquera, Jesús les dijo: "Hijitos, ¿tenéis algo de comer?". Reconociendo que su intento por regresar a proveer para sus necesidades propias había fracasado, le respondieron: "No". No habían considerado suficientemente el plan de Jesús para sus vidas y la capacidad de Él para frustrar sus esfuerzos de manera sobrenatural. Es como si les hubiera dicho: "¡Hagan algo más y los veré fracasad!".
El fracaso de los discípulos en aquella noche larga determinó su incapacidad para entregarse con éxito a cualquier empresa aparte del servicio a su Señor. No solo estaban frente a frente con su incapacidad propia y la soberanía divina, también estaban a punto de presenciar una creación milagrosa con la cual se demostraría que Jesús seguiría proveyendo lo que necesitaban.

II. EL PODER Y EL ÉXITO DIVINOS ()

El Señor comenzó la segunda lección diciéndoles: "Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis". Sin duda, los discípulos estaban exhaustos y frustrados tras su expedición pesquera fallida y en principio no sabían quién les hablaba. Debieron de haberse sentido tentados a decir a este extraño atrevido que se ocupara de sus propios asuntos. Después de todo, eran pescadores experimentados; ¿quién les iba a decir qué hacer? ¿Creía él que los peces diferenciaban entre un lado de la barca y el otro?
Pero había autoridad en la voz y no permitía argumentación o duda, así que obedecieron la orden. Para su sorpresa, echaron la red, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Tal como Jesús había alejado a los peces de la barca durante toda la noche, ahora los redirigía al lado derecho de ésta. Como resultado, la red estaba tan llena que los siete no la podían sacar.
El paralelo entre esta situación que llevó a la recomisión de los discípulos (especialmente de Pedro) y su llamamiento original es sorprendente:
Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían ().
El discípulo a quien Jesús amaba () reconoció inmediatamente quién era el extraño y dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Solo Él tenía tal conocimiento y poder sobrenatural. Simón Pedro, impulsivo como siempre, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), probablemente solo usaba taparrabos en la época cálida de la primavera y se echó al mar. El deseo de Pedro por estar con Jesús era tan intenso que no pudo esperar a que la barca llegara a la orilla. Juan, característicamente era más rápido para percibir; Pedro era más rápido para actuar.
Mientras tanto, los otros discípulos, en ausencia de la impulsividad de Pedro, fueron con la barca hasta la orilla, pues no distaban de tierra sino como noventa metros. Llegaron arrastrando la red de peces porque no pudieron sacarla.
Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Mostrando su amor compasivo por los discípulos cansados y con hambre, Jesús les preparó un desayuno, tal vez creando con un milagro el pez, como lo había hecho antes (6:11-13). Ya les había dicho: "Yo estoy entre vosotros como el que sirve" () y les había lavado los pies en ejemplo de servicio humilde Un. 13:1-15). Ahora el Señor resucitado mostraba que, satisfaciéndoles sus necesidades, aún serviría a los discípulos que le eran fieles. Aquí había una ilustración práctica de las palabras de Jesús en el aposento alto:
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré ().
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido ().
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé (; ).
Cuando todos los discípulos llegaron a la orilla, Jesús les dijo: "Traed de los peces que acabáis de pescar". El pez y el pan que el Señor había preparado servirían para ir comiendo algo mientras cocinaban algunos de los peces en la red.
En respuesta, subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra. El hecho de que pudiera sacar la red llena de grandes peces hasta la orilla muestra que era una persona de fuerza física considerable. Se han ofrecido muchas explicaciones para el supuesto significado oculto del número de peces en la red: ciento cincuenta y tres. Sin embargo, la explicación obvia y simple es que ese fue el número real de peces en la red. Esta es otra indicación de que Juan fue testigo ocular de los eventos por él registrados (). A la pregunta de por qué se contaron los peces, el comentarista D. A. Carson responde y cito:
No sorprende que alguien los haya contado, ya fuera para dividirlos entre los pescadores en preparación para la venta o porque uno de los hombres estaba tan anonadado por el tamaño de la pesca que dijo algo así como: "¿Pueden creerlo? ¡Me pregunto cuántos pescados hay!" fin de la cita.
Para su sorpresa, aun siendo tantos, la red no se rompió. Una vez más, este es el tipo de detalles que un testigo ocular notaría, especialmente un pescador como Juan. Es mayor evidencia de la provisión del Señor para ellos que les diera muchos más pescados de los que podían comer en una sola comida. Los discípulos podían haber preservado y comido los pescados durantes los días siguientes o venderlos y vivir de lo recaudado.
La invitación del Señor fue un llamamiento a la comunión total: "Venid, comed". Sin embargo, sintiéndose culpables por haber desobedecido al intentar regresar a su antiguo oficio y sobrecogidos por la presencia sobrenatural de su Maestro resucitado, seguramente estaban incómodos, dubitativos e inseguros. Pero ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Tú, quién eres?". Omitieron la pregunta sabiendo que solo podía ser el Señor.
Evidentemente, los discípulos estaban demasiado abrumados como para aceptar la invitación del Señor. Como anfitrión misericordioso, Jesús, tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado para comenzar a comer. Juan no da detalles de lo ocurrido durante la merienda; él retorna la narración en el versículo 15 con el relato de la restauración de Jesús a Pedro. El apóstol concluyó este relato anotando que ésta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos; esto es, la tercera vez registrada en el Evangelio de Juan (, ).
Tal como la desobediencia de los discípulos produjo fracaso, su obediencia trajo un éxito abrumador. La pesca milagrosa y la comida que Él les dio demostraron a los discípulos que Jesús aún podía hacerse cargo de sus necesidades. Esta historia también recuerda a todos los creyentes que la obediencia siempre trae bendición (; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ).
CONCLUSIÓN
La ocasión en que ocurrió este acontecimiento histórico y su sentido principal fue vencer el miedo al fracaso y la debilidad de los discípulos que les estaba haciendo volver a sus viejos caminos. Lo que el Señor hizo aquí fue tan determinante para siempre en la mente de los apóstoles que aceptaron el llamamiento a servir al Señor Jesucristo por el resto de sus vidas.
Como siempre, el Señor usó a personas débiles y pecadoras para avanzar su reino porque no hay otra clase de personas (; ; ; ).
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