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Sermón sin título (2)

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Sermones y Bosquejos de Toda la Biblia 30. EL SACRIFICIO DE ABRAHAM (Génesis 22:1–14)

I. Vemos las obras de una gran fe en las acciones de Abraham.

1. No razonó; no consultó a nadie.

2. No vaciló bajo el peso abrumador de semejante demanda.

3. Fue pronto; se levantó temprano por la mañana.

4. Fue deliberado, preparando la madera de antemano.

5. Estaba plenamente resuelto; mandó a los siervos esperar aparte de modo que no le estorbaran. Esta es una porción muy provechosa. Veamos:

II. El sacrificio del padre. «Toma ahora tu hijo». Pensad en la preciosidad de este hijo. Todas las esperanzas y deseos y afectos del padre están concentrados en Él. Al ofrecer a su hijo, Abraham estaba entregando todo lo que tenía. No le quedaba nada absolutamente excepto su Dios. Empero, esto es suficiente para la fe. Dios entregó a su Hijo, aunque todos sus afectos y propósitos estaban puestos en Él. Nunca podremos entender la grandeza de su sacrificio hasta que hayamos entendido la grandeza de su amor a su amado Hijo. Como Abraham, al dar a su Hijo, dio su TODO.

III. La sumisión del hijo. Se dice significativamente que «fueron ambos juntos». En un sentido profundo y real esto fue cierto de Jesucristo y su Padre. Al hacer una expiación por el pecado, «fueron ambos juntos». «El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado» (Sal. 40:8). El propósito del Padre y del Hijo era uno. Como el Señor Jesucristo, Isaac se sometió:

1. A SER CARGADO. «Tomó Abraham la leña, y la puso sobre Isaac su hijo». ¡Qué carga a los ojos del padre! Era la cruz del sacrificio, símbolo de la muerte. ¡Qué cuadro del unigénito Hijo de Dios, con la carga de nuestra iniquidad puesta sobre Él, y puesta sobre Él también, por un Padre amante! «Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros» (Is. 53:6). También se sometió.

2. A SER ATADO. «Ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar». Como hombre joven, de veinticinco años de edad, podría haber resistido; pero Él, como nuestro Isaac, fue llevado como un cordero, y no abrió su boca. El amor y la devoción fueron las cuerdas que ligaron al Hijo de Dios al altar del sacrificio.

IV. Los requisitos del sacrificio. Isaac llevó la leña, mientras Él mismo iba a ser el holocausto; pero no dejemos de observar lo que estaba en las manos del padre.

1. EL FUEGO. «Abraham tomó en su mano el fuego». Hay algo terriblemente solemne en esto. «Nuestro Dios es fuego consumidor» (He. 12:29). «¿Quién morará con el fuego consumidor?» (Is. 33:14). ¿No sugiere esto el carácter santo, probador y consumidor de Dios al acercarse al altar de expiación?

2. EL CUCHILLO. «Tomó el fuego y el cuchillo». Si el fuego representa la santidad de Dios, entonces el cuchillo bien puede simbolizar la espada de la justicia. «Levántate, oh espada, contra el hombre compañero mío» (Zac. 13:7). El cuchillo estaba estremeciéndose en el aire cuando Jesús clamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Sal. 22:1). En estos días los hombres fácilmente olvidan que todo sacrificio a Dios tiene que ver con el divino cuchillo y fuego.

3. EL ALTAR. «Edificó Abraham un altar». Isaac no hizo el altar, éste fue preparado por el padre. Alma mía, pisa suavemente este terreno. Éste era trabajo solemne para Abraham. En la eternidad Dios en su propio corazón y entendimiento preparó el altar para Cristo. El era el Cordero inmolado desde la fundación del mundo.

4. LAS CUERDAS con que Isaac fue atado al altar, simbólicas de los clavos que fijaron a Cristo a la cruz. No fueron los clavos los que ligaron al Salvador, sino el amor. Era el amor del Padre al Hijo, el amor del Hijo al Padre y el amor de ambos al hombre: un cordón de tres dobleces que no se rompe.

V. La doctrina de la sustitución. «Tomó el carnero, y lo ofreció en lugar de su hijo» (Gn. 22:13). La escena en el monte de Moria, como simbólica de una escena mayor en el monte Calvario, apenas podría haber sido perfecta sin que el pensamiento de la sustitución fuese prominente. La figura ahora cambia. El carnero se convierte en el holocausto, y el hombre sumiso se va libre. Observas que este sacrificio fue provisto por Dios. Todavía tenemos a Jesús ante nosotros, no como el Hijo ahora, sino como el Sustituto de uno condenado a morir.

El hombre encontró una cruz para Cristo, pero fue Dios quien encontró EL RESCATE: «Jehová-jiréh». «No escatimó ni a su propio Hijo (como el de Abraham), sino que lo entregó por todos nosotros» (Ro. 8:32). «Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros» (1 Co. 5:7). Pregunta a Isaac, mientras mira hacia el carnero que arde en su lugar, si cree en la sustitución. «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29).

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